La trastienda

Algo pasa en la trastienda del secesionismo. Algo pasa si resurge la xenofobia y se desempolva la acusación de «botiflers» para atacar a todo aquel que se declara en contra de la Vía Catalana. No dejan de ser síntomas de nerviosismo. Quizás por eso, el 37 por ciento de participación es para ERC suficiente en una hipotética consulta porque fue «la participación del referéndum sobre la Constitución europea». Precario argumento o tirita antes de la herida.

La vuelta de vacaciones ha sido explosiva. ERC le come terreno a CiU. CiU se va a la derecha más troglodita y la ANC tiene un protagonismo desmedido que deja a ERC y CiU en papel comparsa. Por eso, Josep Rull y Oriol Junqueras han empezado fuerte. Demasiado.

No señor Rull, no. La Vía Catalana es independentista, pura y simplemente. Decir que en ella tienen cabida todos los demócratas es un desesperado intento de evitar el fracaso. Sólo pretende ser un efecto llamada a los partidarios del derecho a decidir que no son secesionistas para que hagan de eslabones de una cadena separatista. Hasta Pere Navarro se ha dado cuenta. Los socialistas no estarán. Los que vayan se retratarán.

No señor Junqueras, no. Una Cataluña independiente no es el paraíso terrenal. La independencia no aumentará los ingresos milagrosamente, ni el paro bajará, ni crecerá la esperanza de vida. Tampoco se bajará el IVA como afirmó ayer en el programa «Hora L» de la Ser. O está mal informado o ha mentido. El IVA , por desgracia, se mantendrá o subirá. No bajará, so pena que la nueva Cataluña no sea un estado de Europa. No señor Rull, no. Decir que la España subsidiada vive a costa de la Cataluña productiva es todo un ejercicio de xenofobia. Mirar a Europa no es mirar a la Liga Norte. Bossi estaría orgulloso de este cartel sectario. Quizás Millet es el líder de la Cataluña productiva o quizás el proyecto de las ITV es motivo de elogio. No señor Junqueras, no. Los federalistas y defensores de la unidad existen en Cataluña. Le guste o no, hay discrepantes con el independentismo. Y son catalanes. Es muy gratuito acusarles de venderse a España. Estar en contra de la independencia es legítimo. Es de una miopía aplastante reducir democracia y patriotismo al independentismo. Más allá de su mundo, hay vida. Y a tenor de los nervios en la trastienda nacionalista, más de la que creían.