Las cortinas de humo de Sánchez

La Razón
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Durante mucho tiempo, la Gaceta de Madrid comenzaba su primera página con un Parte Oficial y una frase, por ejemplo, que decía “S. M. la Reina (Q. D. G.), Regente del Reino, y su Augusta Real Familia continúan en esta Corte sin novedad en su importante salud”. Este ejercicio, que podría parecer cansino, creo que debería de ser recuperado y poner algo así como “El presidente del Gobierno y su Familia continúan en el palacio de La Moncloa sin ninguna novedad en su importante salud política” que podría ser de inserción obligatoria en el BOE y voluntaria en los diarios. He de reconocer que he intentado encajar una referencia a los ministros, que están muy felices en unos departamentos que jamás soñaron con ocupar, pero no he encontrado todavía una fórmula que tenga una redacción decimonónica digna de sus augustas personas.

Estos tiempos navideños nos tienen que servir para regocijarnos del bien ajeno y hay que reconocer que Pedro Sánchez es un político tenaz, fuerte y con ideas claras que ha conseguido el sueño de alcanzar La Moncloa que en su caso parecía más difícil que yo consiguiera culminar un ocho mil. Todos los que me conocen saben de mi desinterés por el deporte y desde luego creo que conseguiría alcanzar los cien metros en unas condiciones lamentables. Por ello, creo que intentará culminar dos navidades monclovitas que merecerían, sin lugar a dudas, una de esas películas americanas que se pueden ver estos días donde el relato es una montaña rusa de éxitos y fracasos para culminar con un final feliz dulzón y previsible.

El sueño de Sánchez ha sido la pesadilla del centro derecha, aunque sigue lleno de sobresaltos en su importante salud política. La moción de censura que algunos pensaron ingenuamente que sería instrumental se ha convertido en definitiva y el inquilino tiene vocación de permanecer como el anuncio de las pilas de Duracel (no es un contenido patrocinado y no acepto ningún presente por ello). Sánchez es un auténtico fenómeno político que parece “nacido para La Moncloa” y desde luego camina con el paso firme de quien se siente elegido para un destino glorioso y deslumbrante. Me gustan sus cortinas de humo y sobre todo la ingenuidad de los periodistas cuando compramos fervorosamente sus juegos malabares pensando que responden a una confidencia de colega sin entender que el engaño es algo consustancial a la política.

No sé cuándo convocará las elecciones, aunque con permiso de Iván Redondo y las encuestas sigo convencido que como más pronto será en octubre, pero me decanto por marzo de 2020 y eso es así porque no puede alargarlo más o ser vitalicio. Es el gobierno bonito, progre y sensible socialmente, una bendición de Dios a los españoles, que no entiendo porque no lo acogemos reconfortados por tener un timonel sin igual en la Galaxia conocida y desconocida. El condicionar la aprobación del proyecto de ley de Presupuestos Generales del Estado para 2019 es una hábil maniobra para forzar a la variopinta y excéntrica “coalición” de la moción de censura a que se someta a la voluntad del excelso presidente.

Lo único importante es la “salud política” del Gobierno bonito y no hay que descartar que el tenaz presidente consiga su objetivo. Los de Podemos y PNV están entregados a la causa y parecen sus fieles escuderos, aunque por supuesto pasando por caja. Como es lógico, es algo que no me escandaliza, todo tiene su precio. El único escollo es la tropa independentista que es lo que más se parece al desordenado ejército de Pancho Villa. En este caso hay que superar el lío en que se ha metido Sánchez celebrando este viernes un consejo de ministros en Barcelona, aunque está convencido de que pase lo que pase es bueno para él. La política española se ha convertido en un auténtico culebrón.