Cataluña

Los tres tenores del PSOE

Ninguno de los tres candidatos a liderar el PSOE, Pedro Sánchez, Eduardo Madina y José Antonio Pérez-Tapias, ofrecen hasta ahora grandes novedades. A juzgar por sus manifestaciones los tres presentan un programa parecido, que sólo se distingue por leves matices. Sólo Pérez-Tapias, fiel a su inscripción en Izquierda Socialista, se diferencia levemente de la tendencia socialdemócrata dominante. Ninguno de los tres se atreve a abordar, por ejemplo, una verdadera política religiosa. Siguen instalados en el laicismo, que considera a la religión un asunto privado sin proyección pública. O sea, un planteamiento trasnochado y falso. Según parece, a juzgar por sus declaraciones, una de las grandes preocupaciones de los españoles es la denuncia de los Acuerdos con la Santa Sede. ¡Válgame Dios! En la calle no se habla de otra cosa. Lo mismo ocurre con la forma de gobierno. Está visto que para llevar la escarapela de izquierdas ya no es necesario venerar a Don Carlos Marx. Basta con decir que uno tiene sentimientos republicanos, sin explicar, por supuesto, de qué tipo de República son esos viejos sentimientos, tan anticuados y tan contradictorios después de haber gobernado tantos años en una Monarquía parlamentaria con evidente comodidad y más o menos acierto. Mal asunto en política: los sentimientos prevalecen sobre las ideas.

Por lo demás, otra de las coincidencias esenciales de «los tres tenores» socialistas es la necesidad de reformar la Constitución en clave federal. Por más vueltas que le da uno, no acierta a ver la diferencia esencial entre el actual régimen autonómico y un régimen federal. ¿Tenemos que federarnos a estas alturas? No queda claro de qué federalismo hablamos. Eso sí, hay que poner énfasis en la España como «nación de naciones» y de hacer más hincapié en la diversidad nacional que en la unidad, la justicia, la libertad, la igualdad y, por supuesto, la solidaridad entre las regiones. Se trata, por lo visto, de encontrarle un hueco a Cataluña, forzando las costuras de la Constitución, para que se sienta cómoda, al menos durante unos años, dentro del conjunto y, de paso, superar la tremenda crisis en que se ha metido el socialismo en esa región de España por la degradación de sus siglas originales de «obrero» y «español».

Todo, menos nacionalista. ¿Una confederación de hecho? ¡Quién sabe! En esto los tres siguen fielmente el catecismo establecido en Granada por el partido, sin aportar ninguna novedad, ningún detalle llamativo, abierto a la esperanza. Esa tercera vía entre la situación actual y la independencia habrá que explotarla probablemente hasta ver adónde conduce, pero hay riesgo de que no convenza ni a los unos ni a los otros, ni conduzca a ninguna parte.

A «los tres tenores», siendo consecuentes, les sale de dentro, sin aportar razones, la derogación de la reciente reforma laboral, y a los tres les gustaría blindar en la Constitución una serie de políticas sociales, con especial atención a la Educación pública y la Sanidad, etcétera. Nada que no estemos acostumbrado a oír cada día en los rifirrafes parlamentarios. Pérez-Tapias, partidario decidido de gobiernos de izquierda, es el único que se sale del camino trillado: pactaría con el diablo antes que con el Partido Popular, lo que evidentemente dificulta cualquier posibilidad de grandes pactos, necesarios para reformar la vida pública, a partir de septiembre, y salir del actual atolladero. En conjunto, ninguno de los tres aspirantes mejora hasta ahora la copia original de Alfredo Pérez Rubalcaba, el químico. Para este viaje no necesitábamos alforjas.