Luces en la oscuridad

La Razón
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En la oscuridad, las palabras pesan doble. El pensamiento de Elias Canetti es tan real como el acoso. Y no me refiero únicamente a las denuncias de acoso como tales, sino al gran problema del acoso– sexual o no–, que todos podemos llegar a sufrir por el simple hecho de ser o de estar. Por eso hay que proyectar luz en esa oscuridad, porque a oscuras el delincuente tiene un aliado perfecto para el delito que se convierte en una bestia para la víctima. En un mundo tan global como el nuestro, la ola de solidaridad se contagia a la velocidad de la luz, y el estornudo casual se convierte en pandemia mundial en cuestión de segundos, de minutos, de horas. Un hashtag en Twitter y el contagio es real e inmediato. No utilizo la palabra «contagio» como algo peyorativo, sino como meramente ilustrativo. Unos atentados terroristas parieron el #JeSuis como otros idearon el #TodosSomos o el #PrayFor. El acoso es también un tipo de terror.

Hace unos días , el escándalo salpicó a Hollywood y hace unas horas lo hizo al Parlamento Europeo. Igual de execrables ambos casos. Pero el acoso siempre ha estado ahí. No ha nacido ahora gracias a estas recientes denuncias. Si quieren decir que revelando esta situación le dan visibilidad, a mí me vale. Pero el acoso existe desde que existe el poder, que suele congregarse en lugares como la Eurocámara o como los despachos de productores como Harvey Weinstein. Es una pena que sólo parezca que se sufre cuando les toca a ellos. Pero si, de verdad, es así como se tomarán en serio la lucha contra el acoso, bienvenido sea. Los acosados de todo el mundo durante tanto tiempo, se lo agradecerán.