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Mear fuera del tiesto

Durante demasiados minutos del agradable amistoso en Saint-Denis, España no podía meterla y Francia no sabía sacarla. La pelota circulaba de un lado a otro sin que los hispanos, que la poseían, fueran capaces de alojarla a espaldas de Lloris y sin que los compañeros de éste acertaran apenas a cruzar del medio campo porque estaban avasallados. Luego intervino el videoarbitraje (VAR) para colocar los goles en la casilla adecuada y premiar los méritos de cada quien. El triunfo sonrió a los españoles y Lopetegui, ocho partidos ya al frente de la Roja, conserva la virginidad (dos empates y seis victorias le avalan).

Y a continuación, a lomos de la efervescencia de un triunfo tan prestigioso como ilusionante (0-2 en París), que merecía detenerse en análisis comparativos, en el destacado compromiso de cada uno de sus integrantes, en la posesión habitual sin necesidad de dormir a las ovejas, en la irrupción de Aspas y Deulofeu o en lo bien que pinta este equipo, Gerard Piqué sacó los pies de las alforjas y, sin perder la sonrisa, se explayó. Prolongó de tal manera su intervención pospartido que con su verborrea arruinó el momento de solazarse en lo vivido y en lo conveniente que es dotar al fútbol de herramientas que lo hagan más justo.

Piqué defiende la aplicación de nuevas tecnologías, pero el 6-1 al PSG que no se lo toquen. Y se atreve, y ahí es donde pecó de lenguaraz, a criticar los valores del Madrid porque, asevera, acomoda en su zona noble a quien ha imputado a Messi y a Neymar, en delitos sobradamente probados, y a quien ha dejado en agua de cerrajas las sospechas que recaen sobre Cristiano. Aludir sin pruebas al poderío del palco del Bernabéu o traer a colación el negocio del 3% en el del Camp Nou es mear fuera del tiesto. Resulta más fácil meter la pata que la pelota.