Negocio y religión

La empresa Blasphemia T-Shirts, cuyo mero nombre trata sin disimulo de epatar a los burgueses, no ha debido retirar del mercado las camisetas con la efigie de La Macarena a causa de una mal entendida protección de la libertad religiosa. Nuestra legislación, liberal cuando los poderes políticos no se ven afectados, ampara la libérrima expresión incluso de regüeldos así de desagradables (vendían prendas impresas con un pastiche erótico soft de la imagen), pero defiende a ultranza la propiedad privada, que es lo que han invocado los abogados de la hermandad para solicitar el secuestro y, finalmente, lograrlo. «Católico» significa universal, de acuerdo, y Jesús echó a latigazos a los mercaderes del templo pero la Oficina Española de Patentes y Marcas no entiende de doctrinas ni evangelios: la reproducción con fines comerciales de la fabulosa (¡¡divina!!) escultura atribuida a La Roldana corresponde exclusivamente a la cofradía, que se ha apresurado a recordar que los beneficios de la tienda que regenta en su Basílica engrosan la bolsa de caridad mediante la que se sufraga una impresionante obra asistencial. Sobraba la aclaración a efectos legales, aunque no propagandísticos. La Señora no es de todos, al menos en su derivación industrial. La mejor forma de conjurar al provocador es atacándole al bolsillo, sin darse por ofendido pero con la rotunda calma de los contables. Los fieles saben perfectamente, o al menos creen, que la Virgen nada les niega pero los listillos no tienen por qué enriquecerse a costa de las devociones ajenas y de su propio mal gusto.