Ni acuse de recibo

Eduardo Madina sabe lo que se siente cuando una bala entra como un hierro candente en el cuerpo. Y conoce el estupor de la mezcla entre la rabia, la humillación, la sangre, el dolor y la incomprensión. Con toda seguridad, Eduardo Madina no recibió de sus compatriotas la comprensión que merecía su tragedia. Somos así de egoístas. Lamentamos, pero mientras no padecemos una situación igual, no le concedemos a la herida ajena la importancia justa y adecuada.

He recibido una carta. Emocionante y demoledora. No hay odio ni ligereza en su texto. Es la carta de un abogado, prudente y medida. Habla de su abuelo. Con la emoción que un buen nieto guarda para siempre hacia su abuelo, aún más cuando fue víctima de la brutalidad y consecuente con sus ideas. Me ha autorizado a dar su nombre. Y lo hago con orgullo, gratitud y honor. La carta, dirigida a la Secretaría del Director de LA RAZÓN dice así: «Muy Sres. Míos: Tal y como hemos conversado telefónicamente les hago llegar el presente correo electrónico, con la petición de que se lo remitan a don Alfonso Ussía junto al archivo anexo. Muchas gracias por anticipado. Un saludo. Rodrigo Álvarez de León Cano». Y el sello de su despacho de abogados.

«Un relato y una pregunta». Así principia el texto. «Estimado señor Ussía: Comencemos con el relato. Recientemente pude leer en el diario La Razón un artículo suyo,donde realizaba una semblanza de don Eduardo Madina Muñoz. Al hilo de ese artículo quiero hacerle llegar por la presente una historia personal, que en mi familia vivimos hace años con el señor Madina. Que sirva la presente para rememorar la figura de mi abuelo, un hombre absolutamente excepcional.

Mi abuelo nació en junio de 1918, y a pesar de crecer en Madrid, pasó todos sus veranos en Asturias, donde sus padres tenían una casa familiar –la cual hoy todavía se conserva–. Allí le sorprendió la Guerra Civil, siendo un joven de apenas dieciocho años.

Luchó en el bando nacional, y en el puente que cruza la ría del Nalón –en la margen de San Esteban de Pravia–, le alcanzó en un gemelo una bala del fuego enemigo. Según contaba él, por encender un cigarro. La mala suerte quiso que el médico que estaba de guardia esa noche en el puesto de Luarca fuera un ginecólogo, quien al ver la herida y la juventud del enfermo, cortó por lo sano la hemorragia, amputando la pierna de mi abuelo y dejándolo con un pequeño muñón que lo acompañaría toda su vida.

De los relatos anteriormente descritos, queda suficientemente acreditado que mi abuelo fue una persona de convicciones conservadoras y de centro-derecha, estando bastante alejado de posiciones políticas más ''progresistas'' o de izquierdas.

Esa distancia política no le impidió en absoluto, y como es lógico, acercarse y solidarizarse con don Eduardo Madina el día que conoció la noticia del terrible atentado, el cual le causó a don Eduardo Madina graves lesiones, entre ellas, la amputación de su pierna izquierda a la altura de la rodilla.

Ante ese hecho, mi abuelo se sentó en su escritorio y redactó una larga carta dirigida a don Eduardo, en la que le expresaba sus condolencias, pero a la vez le animaba a seguir hacia delante como había hecho él muchos años atrás. Le contó, por supuesto, su historia personal y se puso de ejemplo para evidenciar que a pesar de la tortura que había sufrido, él también podría tener una vida llena de éxitos. (Mi abuelo tuvo una mujer extraordinaria –mi abuela–, cinco hijos fantásticos –mis tíos y mi padre–, y una carrera profesional brillante).

Asimismo le envió un cheque, en forma de ayuda directa, y no sólo emocional, pues mi abuelo era consciente de que en los meses siguientes a la amputación, el señor Madina iba a tener que afrontar una serie de gastos relativamente elevados. Mi abuelo quiso, de esta manera, contribuir a que esa carga fuera, en la medida de lo posible, menos pesada para el señor Madina.

Y ahora, señor Ussía, le formulo la pregunta: ¿Sabe qué reacción obtuvo mi abuelo por parte del señor Madina ante su actuación? NINGUNA. Ni una llamada, ni una carta, ni un telegrama... La más pura y absoluta NADA.

No fue capaz de agradecer el escrito, ni sus ánimos, ni sus palabras. Huelga decir que no agradeció tampoco la ayuda económica. No fue capaz de agradecer las molestias de quien, totalmente desconocido y ajeno a él, se tomó por su persona. Ésta es la calidad humana del que se postula al cargo de secretario general del PSOE y que pretende tener un peso relevante en la política española.

Los hechos descritos anteriormente sucedieron tal y como han sido narrados, por lo que le autorizo por la presente y de forma expresa a publicar esta carta en su diario, si usted lo considera oportuno.

Será, por lo menos, un reconocimiento hacia mi abuelo, y compensará el agradecimiento que nunca obtuvo del señor Madina, que por otra parte, mi abuelo nunca buscó.

En Madrid a 30 de junio de 2014. Firmado. Rodrigo Álvarez de León Cano».

Por la transcripción.