Perder en la prórroga

El Sr. Torra ha roto con el gobierno y el PNV está perdiendo la paciencia. A partir de ahí, todo son quinielas sobre lo que va a suceder en el futuro inmediato de la política española.

Algunas personas del entorno más cercano al presidente le aconsejan que convoque elecciones anticipadas. Piensan que la minoría gubernamental no podrá salir bien parada de las confrontaciones con el Partido Popular, cuyo líder parece haberse librado de los problemas judiciales, con el Sr. Rivera, que necesita hacerse valer como el líder del centro derecha y los nacionalismos que están dispuestos a tirar del torno en el potro de tortura hasta descoyuntar a las instituciones del Estado.

Por otro lado, hay quien tiene acceso al oído de presidente y que, bien porque creen que lo tiene peor la oposición que el Partido Socialista para fortalecer su imagen en los próximos meses o bien porque no quieren poner en riesgo el nombramiento que les ha caído como agua de mayo con el cambio de gobierno, le aconsejan dar imagen de estabilidad y aguantar en el poder.

Tampoco hay que despreciar la influencia que pueda ejercer algún socio como el Sr. Iglesias, que con tal de no ir a unas elecciones en las que se hundiría, está dispuesto a aprobar cualquier cosa que le ponga delante el gobierno. El Sr. Sánchez conoce esa debilidad podemista a la perfección y ha preferido tenerlos paralizados brindándole apoyo incondicional antes que darles jaque mate en las urnas.

En ese escenario, cualquier movimiento del Sr. Sánchez es susceptible de interpretación. Por ejemplo, la llegada de Ivan Redondo a la calle Ferraz, que ha levantado los rumores de que le ha situado en el cuartel general socialista para preparar las elecciones que serán convocadas en breve.

Sin embargo, a veces las cosas son más sencillas. Más allá de que sea incómodo para muchos dirigentes que venga a dar instrucciones quien en otro momento ha sido látigo de flagelación al PSOE, la realidad es que el presidente confía en el Sr. Redondo más que en ningún afiliado al PSOE y quiere tenerlo allí.

La mayoría de los presidentes de gobierno han perdido una o varias elecciones, lo inédito, al menos hasta el pasado mes de junio, es que un presidente lo sea y que nunca haya ganado unos comicios.

Desde esa perspectiva, convocando elecciones, el Sr. Sánchez no tiene nada que ganar y en las elecciones que ha protagonizado solo ha conocido la experiencia de la derrota. Ya es presidente del Gobierno, ha conocido las mieles del poder y ha sometido a todos los dirigentes del Partido Socialista, anticipar las elecciones es un riesgo añadido con la volatilidad electoral que vive España.

Perder las elecciones sería su desaparición para siempre de la política, porque esta vez no habría retorno.

Tampoco es una mala noticia en términos electorales la pérdida del apoyo de los independentistas, incluso podría ser visto como un acto de fortaleza frente a posibles cesiones a los nacionalismos.

El coste vendría por la debilidad parlamentaria que tendría el gobierno, que sería especialmente evidente ante la imposibilidad de aprobar los Presupuestos Generales del Estado para el año próximo. La otra opción sería prorrogar los Presupuestos un año más. El inconveniente de esta medida es que se trata de unas cuentas que fueron elaboradas por un gobierno del Partido Popular.

Claro que todo es una cuestión de coste de oportunidad y el presidente estará valorando que tiene mayor coste para él, si prorrogar la política diseñada por el PP o perder la presidencia. Aunque también hay partidos que se pierden en la prórroga.