Presupuestos de Trump

La Razón
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En los presupuestos se contemplan de sobra los planes de gobierno. Los de Trump no constituyen ninguna excepción. Primero, se percibe su deseo de reducir el gasto y el déficit. Lobbies como los ambientalistas, abortistas, feministas se van a encontrar con que tienen que recurrir más a patrocinadores privados – lo que está muy bien– si desean seguir disfrutando de sus privilegios. Segundo, resulta obvio que Trump desea adelgazar una administración que, en comparación con la española casi resulta ridícula, pero a que, de todas maneras, le sobra grasa. Tercero, a pesar de los recortes, Trump ha decidido incrementar gastos innecesarios como los militares y la vigilancia de fronteras. Diga lo que diga Trump, el muro con México ya comenzó a levantarse en 1993 y Clinton, Bush y Obama incrementaron sin cesar los gastos del control de fronteras. Desde hace ya varios años, el número de mexicanos que regresa a su país es superior al de los que entran y más del ochenta por cien de los inmigrantes ilegales potenciales son detenidos por la policía mexicana. Dado que, en su inmensa mayoría, los indocumentados no pasan por la frontera de México, la medida es injustificadamente innecesaria y costosa. Aún es peor lo relativo a los gastos de defensa. Por ejemplo, Estados Unidos tiene más portaaviones que todo el resto del globo sumado y una marina de guerra muy superior a las seis armadas siguientes juntas que, por añadidura, salvo en un caso son aliadas. Por si fuera poco, su arsenal nuclear continua estando a la cabeza y, unido al de sus aliados de la NATO, es aplastantemente superior al de cualquier posible adversario. De hecho, si Trump ha decidido incrementar el gasto militar se debe simplemente al deseo de satisfacer a uno de los lobbies más poderosos, aquel al que persona tan poco sospechosa como el general Eisenhower denominó el «complejo militar-industrial». Ese lobby actúa de acuerdo a principios verdaderamente socialistas ya que sus facturas –billones de dólares al año– las paga el estado con el dinero, por supuesto, de los ciudadanos. Tan sólo mantener cercada a Rusia le permite embolsarse una cantidad superior al PIB de la mayoría de las naciones europeas. Seguramente, Trump ha recortado más que justificadamente ciertas partidas, pero también ha incrementado otras absolutamente innecesarias y para beneficio exclusivo de algunos lobbies. Hillary Clinton no habría actuado de otra manera.