Remonta la Casa Real

Después de meses aciagos de conducta inapropiada, rumores y secretos íntimos –y muy intensos emocionalmente–, parecería que remonta la Casa Real. Es lo que se percibe al tomarle el pulso a la calle, que es el mejor barómetro del que disponemos para pulsar los pensares y sentires de los españoles.

La cuestión es: ¿A qué se debe? Tal vez a la entereza del Rey, que es capaz de apechar con lo que venga y nadie sabe cómo se las arregla para salir siempre airoso. Es, Don Juan Carlos, hombre de casta. A su manera, pero único. Se dejaría la vida por España. Pocos lo dudan. A la Reina, ciertamente. Ejemplo de como servir y ser útil, día tras día así se hunda el suelo bajo sus pies. Su fino olfato para estar donde hay que estar, en tiempo y forma, no pasa desapercibido a los españoles.

La verdad es que no lo tienen fácil en esa Casa. ¿Culpa de otros o tal vez suya? Es sólo una pregunta que el amable lector sabrá responderse. Pero importa lo que importa. Y, lo que cuenta ahora, es que han cogido el toro por los cuernos.

Y luego está la discreción, la cercanía, el trabajo abnegado, ininterrumpido de los Príncipes de Asturias, que son siempre un soplo de aire fresco; modelo de lo que se espera de las reales personas. Todo un patrón de buen hacer, Don Felipe y Doña Letizia. Nadie endereza los caminos como ellos.

Todo esto, sin olvidar la mano izquierda del jefe de la Casa. Rafael Spottorno sabe estar a lo que hay que estar, sin que apenas se le vea. Buena hoja de ruta.

Repunta la imagen de la Casa Real, pero pocas bromas. No queda ya lugar para traspiés. Lo saben, sobre todo, los Príncipes de Asturias que así lo han advertido, juntos y por separado. Comienza a no estar la Corona en el ojo del huracán. Falta nos hacia.