Res corrupta

Que a corrupción política es hoy una de los problemas que más preocupan a la sociedad española nadie lo pone en duda, pero a esta realidad le sobreviene otra de la que no se habla, y es que una gran parte de la sociedad española ejerce la corrupción y por ello en su interior la acaba justificando. No debemos olvidar que quienes se corrompen, quienes faltan a sus compromisos y responsabilidad, quienes incumplen la Ley, la moral y los mínimos éticos, son las personas y no las instituciones, y por ello, no podemos confundir las responsabilidades personales con la legitimación de nuestras instituciones. Hoy se proponen muchas medidas para eliminar la corrupción como tumor, pero muy pocas son de prevención general para evitar la enfermedad; estas son mucho más eficaces y hacen innecesarias las segundas. Existen prácticas corruptas en nuestros responsables públicos, sin que llegue a ser sistémica; pero poco se habla de la gran corrupción nacional, fraude a la seguridad social de empresas y trabajadores –fingir una enfermedad lo es–, del fraude fiscal, fraude a las compañías de seguros, etc. Toda una suerte de picaresca que surge, por ejemplo, cuando se miente para obtener una subvención de la beca comedor para un hijo. Corromper desde un punto de vista semántico es trastocar la esencia de una cosa, echar a perder, destruir, arruinar, dañar, pudrir, y por ello corrupto es toda aquello que ha perdido su razón natural, y se manifiesta de forma degenerada o descompuesta, y esto sólo se puede predicar de las personas. Ante este estado de la cuestión, hay que distinguir acto corrupto que supone una contradicción con la norma, con las prácticas corruptas, que sin llegar a constituir un delito, suponen una auténtica trasgresión del normal discurrir de las cosas. Comencemos a educar a nuestros menores contra la corrupción.