Salvando a Europa en Málaga

La Razón
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No existe equivalencia francesa a la expresión «pato cojo» (lame duck) con la que los anglosajones definen al presidente sin posibilidad de reelección en los últimos meses de su mandato. Será porque los vecinos del Norte, según describe ya Julio César en su «De bello Gallico», no son tradicionalmente amables con los ánades, a los que torturan para elaborar el exquisito foie gras. Sería más bien, o sea, un «canard gavé» (cebado) y presto para el descuartizamiento este François Hollande que ayer copresidió en Málaga la cumbre bilateral junto a Mariano Rajoy. En tiempos menos turbulentos, algún guasón del séquito presidencial habría bromeado sobre si Picasso, el más famoso pintor parisino, nació junto al Mediterráneo porque no le alcanzó la suerte para ver la luz en Montmartre. Pero nadie tiene hoy, y perdonarán la sonoridad de la expresión castiza, el coño para farolillos, así que más les vale a los electos, el que se va y el que nunca se irá, el coordinar una agenda para salvaguardarnos de los dos grandes problemas compartidos a ambos lados de los Pirineos: la yihad y el populismo. Si durante el quinquenio de Hollande, su país ha sido martirizado por los terroristas, el inicio del mandato de Rajoy se pospuso de 2004 a 2011 por culpa de los mismos malnacidos, quizás ataviados con distinto turbante. Y si el uno será eyectado del Elíseo por el empuje del voto ultra en torno a Marine Iglesias, el otro estuvo en trance de salir de La Moncloa debido al sufragio rencoroso aglutinado por Pablo Le Pen. Y aunque algunos se resistan a creerlo, ni el PSF y ni el PP son las peores cosas que pueden pasarnos... ni mucho menos encontraremos la solución a nuestros problemas en las recetas facilonas de los sacamuelas. Sólo Europa será capaz de salvar a Europa de sí misma.