Técnica del golpe

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Hace años aquel escritor italiano especialmente agudo que se llamaba Curzio Malaparte escribió una obra dedicada a describir la técnica del golpe de estado. Malaparte mencionaba casos clásicos protagonizados por Bonaparte, Trotsky o Mussolini. Tiempo después, quien esto escribe ahora se acercó al tema en un libro titulado «La estrategia de la conspiración». Sin embargo, ambos aportes se han quedado atrasados. Las revoluciones de colores en el este de Europa y las primaveras árabes han constituido formas más sofisticadas de golpe de estado. Piénsese en el caso ucraniano. Con el respaldo de entidades extranjeras en las que tenían un papel relevante personajes como Soros y McCain, los nacionalistas ucranianos se lanzaron a las calles, derribaron al gobierno elegido e, inmediatamente, tras ser reconocidos mediática y diplomáticamente, consolidaron su golpe presentándolo como fruto de la voluntad popular. Con escasas variaciones locales, hemos asistido a esa misma metodología en Egipto o Libia y lo mismo puede decirse de Siria. Minorías entrenadas y dispuestas a liquidar el ordenamiento jurídico, bien provistas de ayuda exterior, levantan la bandera de un supuesto respaldo popular, son presentados favorablemente en medios extranjeros y resultan bendecidos por países a los que agrada el golpe. Resumo toda esta secuencia porque ese mismo tipo de golpe de estado es el que ahora se está forjando en Cataluña. El reciente documento de trece páginas debido a la Assemblea Nacional Catalana (ANC) reproduce de manera exacta esa línea golpista. Primero, el parlamento catalán proclamaría unilateralmente la independencia. Después los nacionalistas tomarían la calle para dar la sensación de contar con un absoluto respaldo popular. A continuación, valiéndose de Diplocat y de las embajadas catalanas en el extranjero, los nacionalistas obtendrían el reconocimiento de algunos estados. Para cuando el gobierno quisiera reaccionar, varias naciones estarían aplaudiendo la «primavera catalana». No voy a repetir lo que digo desde hace décadas y es que semejante dislate lo han ido alimentando los gobiernos con sus capitulaciones ante el nacionalismo. Lo importante a estas alturas es si el ejecutivo va a yugular totalmente ese golpe antes de que se inicie o si, por el contrario, Montoro se dedicará a seguir exprimiendo a los españoles para canalizar el dinero arrancado de sus bolsillos hacia nacionalistas sediciosos.