Trágico efecto llamada

El conductor kamikaze apareció de nuevo en nuestras autovías. Esta vez a lo largo de 30 kilómetros por la comarca de La Font de la Figuera. Cuando continúa de actualidad el caso del incomprensible indulto y no se han apagado los ecos del que mató a una persona en Valencia, cobra protagonismo un nuevo suceso, aunque esta vez sin víctimas mortales. Habrá más.

No me sorprendería que estos kamikazes vayan a proliferar en nuestras carreteras, como consecuencia del efecto mimético de la publicidad que les damos. Siempre hay descerebrados dispuestos a emular las «gestas» de sus homólogos, descerebrados por supuesto. De ahí que tenga sentido aquel periodismo que recomendaba controlar la publicación de esos delitos con trágico efecto llamada –violaciones, suicidios, conducción temeraria ...- cuya propagación, además, va acompañada de puro morbo, especialmente en programas de televisión.

Si a ello añadimos la benevolencia exhibida por el Gobierno a la hora de aprobar la medida de gracia, nadie podrá contener a esta clase de perturbados. Si la pena a cumplir son diez meses de cárcel, frenarlos no será cosa fácil. Así es la vida.