Rivera no debe avalar un pacto de perdedores

Albert Rivera lidera una fuerza emergente que, de acuerdo con todas las encuestas de intención de voto de cara a las elecciones del 20-D, será determinante para la gobernabilidad de España en una época que se intuye decisiva en nuestra reciente historia democrática. Sería ideal que los ciudadanos conocieran qué hará entonces con sus diputados, pero él, con la calculadora electoral que aconseja prudencia, elude cualquier comentario que le pueda coger los dedos. En una entrevista con LA RAZÓN, Albert Rivera dice que «no formará parte del programa de gobierno ni de Sánchez ni de Rajoy», que no cree «en los tripartitos», que no se compromete a que gobierne la lista más votada y que no llegará a acuerdos con los separatistas que quieren romper España. Sobre esto último, entendemos que, obviamente, incluye a Podemos. De todo lo anterior sólo podemos deducir que Ciudadanos esconde sus cartas y que puede tomar cualquier camino, lo que no es tranquilizador. El tacticismo electoral tendrá sus ventajas a corto plazo, pero España se juega demasiado como para que podamos compartir, o comprender, sus cautelas. Que no se comprometa siquiera a no refrendar ni alentar un pacto de perdedores es inquietante. Los españoles merecen saber qué votan y para qué. Es lo mínimo.