Historia

Nicolás de Lafora

Cuando en el siglo XVIII se complicó el cuadro político internacional y americano y se polarizaron en el Nuevo Mundo los intereses de las grandes potencias europeas, resultó imprescindible adecuarse a los tiempos, acometer reformas y el orden fundacional ser cambiado

La Razón
La RazónLa Razón

El sentido político de Hernán Cortés impuso como costumbre tener en cuenta el valor creativo de las altas culturas de México, estableciendo un conjunto de valores de organización de Estado, dejando establecido que quienes hubiesen llevado a cabo un «hecho conquistador» cambiasen las armas por instrumentos de trabajo, convirtiéndose en pobladores y si posible fuese en empresarios. Esto explica la línea histórica de la expansión hacia el norte durante el virreinato, que llevó sucesivamente a la creación de «provincias», que fueron recibiendo denominaciones como escalones de un ascenso hacia el norte con nombres de regiones españolas o denominaciones indígenas: Nueva Galicia, Coahuila, Sonora, Nueva Vizcaya, Nuevo León, Texas, Nuevo Santander, hasta alcanzar la línea más septentrional, en la que se tropezó con pueblos indígenas nómadas que no sólo ofrecieron resistencia sino que obligaron a la creación de una línea defensiva de presidios, así como el levantamiento de ciudades como Zacatecas, que fue, con otras, de fuerte sentido colonizador empresarial o bien de evangelización de órdenes religiosas, como los franciscanos o los jesuitas.

Por otra parte, cuando en el siglo XVIII se complicó el cuadro político internacional y americano y se polarizaron en el Nuevo Mundo los intereses de las grandes potencias europeas, resultó imprescindible adecuarse a los tiempos, acometer reformas y el orden fundacional ser cambiado mediante ellas a un estricto sistema de seguridad. Hago mención en este sentido al reformismo borbónico, que alcanzó su máximo en el año 1776. La primera manifestación en este sentir fue el envío a Nueva España de un distinguido militar, don Juan de Villalba y Angulo, con el cargo de Comandante General de las Armas y la misión de presentar un informe que permitiese acometer la reorganización del ejército del virreinato. El entonces virrey, don Joaquín de Monserrat, marqués de Cruillas, había emprendido por su cuenta una reorganización del ejército y de las defensas de México, Cuba y Veracruz, dejándolo en situación de resguardo. Era inevitable que el cumplimiento de los objetivos por parte de Villalba y el virrey produjese discusión e incluso choque. Cuando Villalba pidió información acerca de las fuerzas militares en servicio en los fuertes extendidos en la línea defensiva de las Provincias Internas, el Virrey demoró la entrega de datos cuatro meses, lo que provoca la protesta de Villalba al Ministro de Marina e Indias, Arriaga, originando la apertura de un expediente y una imputación administrativa al marqués de Cruillas y el nombramiento de una comisión informativa al mariscal de campo marqués de Rubí, que había acompañado a Villalba en el cumplimiento de su misión.

Simultáneamente, había llegado a Nueva España un grupo de siete ingenieros militares al mando del Teniente Coronel Miguel del Corral, e integrado por seis capitanes, entre los cuales se encontraba Nicolás de Lafora, que había ingresado en 1746 en el Ejército español, arma de Infantería, donde obtuvo el empleo de Subteniente. Pasó posteriormente como delineante al Cuerpo de Ingenieros e intervino en las guerras de Italia, África y Portugal libradas por entonces, ascendiendo a Capitán. En el mes de agosto de 1764 partió para México. Aquí tomó parte en la expedición presidida por el marqués de Rubí, pasando revista de los fuertes defensivos de la frontera norte del virreinato de Nueva España.

El resultado del viaje fue importante. El 27 de julio de 1771 se reunía en la capital virreinal una Junta de Guerra y Hacienda para levantar acta del resultado de la reorganización de la línea defensiva de los «presidios» del norte, que se produjo no sin discusión de autoría. Lafora participó en un mapa de la línea defensiva, sobre el cual se confeccionó en Madrid el Reglamento de Presidios Internos. Lafora realizó en México una serie de trabajos profesionales, en especial de contención de las aguas de la laguna de Texcoco, que amenazaban inundar la capital virreinal; levantó un plano de la ciudad y dirigió la nivelación y empedrado de las calles. Regresó a España en 1770 y cuatro años después pasó de nuevo a América desempeñando hasta 1791 los corregimientos de Oaxaca y Antequera, en el virreinato de Nueva España.

Pero lo más importante relativo a este ingeniero militar es la «Relación del viaje a la Revista de los Presidios Internos situados en la frontera de la parte de la América septentrional perteneciente al Rey». De enorme interés por los datos técnicos que encierra, la enorme longitud del itinerario recorrido y las atinadas ideas estratégicas que encierra, dedicaremos a la obra un espacio consagrado especialmente.