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«¡Que me diga dónde está Yéremi!»

La madre del menor desaparecido hace nueve años acudió a la sala donde juzgan a «El Rubio» por agredir sexualmente a otro menor que le reconoció como el autor de los hechos: «Sí, fue él»

  • La madre de Yéremi no pudo contener las lágrimas durante el juicio contra "El Rubio"
    La madre de Yéremi no pudo contener las lágrimas durante el juicio contra "El Rubio"
  • Antonio O.B., "El Rubio"
    Antonio O.B., "El Rubio"
  • «¡Que me diga dónde está Yéremi!»
Las Palmas de Gran Canaria.

Tiempo de lectura 4 min.

08 de noviembre de 2016. 01:21h

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Las Palmas de Gran Canaria. 7/11/2016

Antonio Ojeda, «El Rubio», se ha sentado en el banquillo este lunes para ser juzgado por el presunto abuso a otro menor también de Vecindario (Gran Canaria). Aunque no se trata de Yéremi Vargas, la familia del pequeño quiso estar presente para ver si así lo presionaban a revelar la verdad sobre su paradero. «Estoy aquí para que me vea, para que sienta la presión y diga de una vez dónde está mi hijo y se pueda acabar todo esto», afirmó Ithaisa Suárez antes de entrar a la sala de vistas. Aunque las investigaciones continúan y aún no hay fecha para un posible juicio por el caso de Yéremi, ella quiso estar presente como si se tratara de la antesala del juicio de su propio hijo. Sentada en la última fila junto a su madre guardó la calma, salvo en el momento en que «El Rubio» apareció custodiado por los policías. En ese instante no lo pudo evitar y rompió a llorar. Previamente el juez había pedido a los asistentes, ya que se trataba de una audiencia pública, guardar las formas y evitar increpar o lanzar comentarios al acusado. Se dirigió especialmente a ella, a quien dijo entender, pero le pidió mantener tranquilidad para evitar verse obligado a desalojar la sala. En medio del dolor, y de las lágrimas, la madre de Yéremi no se movió del juicio en ningún momento siguiendo atentamente las declaraciones de Ojeda y los testigos. Ella sigue creyendo con certeza absoluta que es el responsable de la desaparición de su hijo y sólo pide justicia para él.

Por esa justicia está rindiendo cuentas al Rubio por el caso de José, un menor de 13 años que lo señala como el que lo violó en julio de 2012. Por ese delito le piden 13 años de cárcel. Al describir los cargos, Antonio Ojeda se apresuró a decir: «Esto que me acaban de decir yo no lo he cometido». A preguntas de su abogada relata que él fue por iniciativa propia a la Guardia Civil a denunciar que le estaban acusando en el barrio de algo que no hizo. «Yo fui a poner en conocimiento que había una señora y un niño que me estaban acusando».

Ojeda cuenta que a la choza llegó el niño con su abuela y lo encararon. «Al niño le preguntaban ‘‘¿es él?’’, y el niño decía ‘‘no, no abuela, es más abajo’’. Ella decía que me iba a caer el peso de la ley, y por eso yo cogí y fui a la Guardia Civil y puse una denuncia a esa señora», narró «El Rubio». Fue el único momento en el que habló, porque durante el resto de la sesión se mantuvo tranquilo e inexpresivo. Vestido con un pantalón de chándal y una sudadera, mantenía la mirada fija hacia el frente, sin ni siquiera mirar a ninguno de los testigos.

El momento más delicado se produjo cuando José, el menor, intervino a través de una videoconferencia desde otra sala. Hoy tiene 13 años, pero cuando tuvieron lugar los hechos contaba con tan sólo 9. Empezó recordando que ese día estaba jugando en las canchas de fútbol y que un hombre se le acercó y le ofreció una bicicleta si se iba con él. «Me dijo que tenía muchas y me cogió fuerte por el brazo y me llevó a una cabaña verde en un sitio de piedras por la carretera. No recuerdo bien dónde estaba sentado él, pero sí me sentó encima de él». Según el testimonio del menor, el procesado cerró la puerta, le bajó los pantalones y lo violó. Señaló que cuando terminó de abusar de él le dijo que se fuera y se marchó corriendo. No se lo dijo a su madre en ese momento «por miedo a que me echaran la bronca por alejarme del parque». El menor relató ayer al tribunal que, días más tarde, en el parque situado junto a su casa, narró lo sucedido a unos amigos y a los padres de éstos, que fueron quienes alertaron a su familia. Ayer el juez lo puso frente a la pantalla para que dijera si lo reconocía: «Sí, fue él», contestó el menor.

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