El Papa pide el «fin del exterminio» en Siria

Francisco compartió su Mensaje de Pascua con miles de fieles e hizo un repaso a los conflictos activos. «Que la luz de Cristo ilumine las conciencias de políticos y militares».

El Papa Francisco saluda antes de la bendición "Urbi et Orbi"
El Papa Francisco saluda antes de la bendición "Urbi et Orbi"

Francisco compartió su Mensaje de Pascua con miles de fieles e hizo un repaso a los conflictos activos. «Que la luz de Cristo ilumine las conciencias de políticos y militares».

En el Mensaje de Pascua de este año, el Papa Francisco pidió el cese del conflicto en Siria, invocó la paz para Tierra Santa y pidió solucionar la situación de Venezuela. Desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, Francisco ofreció, como cada Domingo de Resurrección, el Mensaje de Pascua e impartió la Bendición «Urbi et Orbi» («a la Ciudad y al Mundo»).

Ante miles de personas, hizo un pequeño repaso a conflictos actuales activos en algunas partes del mundo y subrayó que «la muerte, la soledad y el miedo ya no son la última palabra». «Hay una palabra que va más allá y que sólo Dios puede pronunciar: es la palabra de la Resurrección». «Jesús, el grano de trigo sembrado por Dios en los surcos de la tierra, murió víctima del pecado del mundo, permaneció dos días en el sepulcro; pero en su muerte estaba presente toda la potencia del amor de Dios, que se liberó y se manifestó el tercer día, y que hoy celebramos: la Pascua de Cristo Señor», aseguró.

Recordó, a continuación, que los cristianos «creemos y sabemos que la resurrección de Cristo es la verdadera esperanza del mundo». «También hoy esta fuerza produce fruto en los surcos de nuestra historia, marcada por tantas injusticias y violencias. Trae frutos de esperanza y dignidad donde hay miseria y exclusión, donde hay hambre y falta trabajo, a los prófugos y refugiados –tantas veces rechazados por la cultura actual del descarte–, a las víctimas del narcotráfico, de la trata de personas y de las distintas formas de esclavitud de nuestro tiempo». Fue entonces, cuando, con rostro serio, el Papa pidió paz «para el mundo», comenzando por «la amada y martirizada Siria, cuya población está extenuada por una guerra que no tiene fin».

«Que la luz de Cristo resucitado ilumine en esta Pascua las conciencias de todos los responsables políticos y militares para que se ponga fin inmediatamente al exterminio que se está llevando a cabo, se respete el derecho humanitario y se proceda a facilitar el acceso a las ayudas que estos hermanos y hermanas nuestras necesitan urgentemente», rezó. Sobre Tierra Santa, «que en estos días también está siendo golpeada por conflictos abiertos que no respetan a los indefensos», así como «para Yemen y para todo el Oriente Próximo», rezó con el fin de que «el diálogo y el respeto mutuo prevalezcan sobre las divisiones y la violencia». También mencionó a África al recordar a cuantos «anhelan una vida más digna», sobre todo a los «que sufren por el hambre, por conflictos endémicos y por terrorismo». Respecto a Sudán del Sur y a «la atormentada» República Democrática del Congo pidió que se abran «los corazones al diálogo y a la comprensión mutua». «No olvidemos a las víctimas de ese conflicto, especialmente a los niños. Que nunca falte la solidaridad para las numerosas personas obligadas a abandonar sus tierras», pidió.

El conflicto en Corea, un tema del que ya ha dicho en otras ocasiones que le preocupa mucho, le suscitó pedir «frutos de diálogo». Lo mismo solicitó para Ucrania antes de recordar la situación de Venezuela: «suplicamos frutos de consolación para el pueblo venezolano, el cual –como han escrito sus pastores– vive en una especie de ''tierra extranjera'' en su propio país». «Para que, por la fuerza de la resurrección del Señor Jesús, encuentre la vía justa, pacífica y humana para salir cuanto antes de la crisis política y humanitaria que lo oprime, y no falten la acogida y asistencia a cuantos entre sus hijos están obligados a abandonar su patria», dijo sobre el país de América.

Antes de salir al balcón, el Papa presidió la misa del Domingo de Resurrección, e improvisando su discurso y en referencia a la resurrección de Jesús señaló que «los anuncios de Dios son siempre sorpresas». «Y la sorpresa –continuó– es eso que te conmueve el corazón, que te toca allí donde no te lo esperas».