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Mano dura del Papa Francisco contra los abusos en la Iglesia

Recluye y aparta del cardenalato al que fuera arzobispo de Washington, Theodore McCarrick. Es el castigo más duro impuesto hasta el momento desde el Vaticano

  • El Papa Francisco recibió en 2015 al cardenal emérito Thedore McCarrick en la Catadral de San Mateo Apóstol, en Washington
    El Papa Francisco recibió en 2015 al cardenal emérito Thedore McCarrick en la Catadral de San Mateo Apóstol, en Washington
Ciudad del Vaticano.

Tiempo de lectura 4 min.

28 de julio de 2018. 22:45h

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Álvaro de Juana.  Ciudad del Vaticano. 28/7/2018

Cuando Francisco asumió el papado sabía que tendría que implementar algunas medidas de suma importancia para el futuro de la Iglesia, entre las que se encontraba una lucha más férrea contra los abusos. En poco más de cinco años de Pontificado se ha tenido que enfrentar a varios escándalos en este sentido y ante el último no le ha temblado la mano. No ha dudado en expulsar del cardenalato a uno de los purpurados más emblemáticos, acusado de abusar de un menor hace 50 años: el que fuera arzobispo de Washington y Nueva York, Theodore McCarrick.

Aunque él se ha declarado inocente, desde hace años son varios los rumores acerca de conductas extrañas en este sentido y el caso en cuestión se refiere a los años en los que McCarrick era sacerdote de la diócesis de Nueva York.

El pasado 20 de junio fue esta archidiócesis la que informó de que la investigación sobre el presunto abuso sexual ha concluido que la acusación es «creíble y sostenible». Después de esto, el Papa Francisco no ha querido dejar pasar más tiempo y el Vaticano comunicó ayer mismo que el Pontífice ha apartado del cardenalato a McCarrick y deberá recluirse para seguir una vida de penitencia y oración.

«En la tarde de ayer el Santo Padre recibió la carta con la que el cardenal Theodore McCarrick, arzobispo emérito de Washington, ha presentado la renuncia como miembro de Colegio Cardenalicio», decía el comunicado de la Santa Sede. El Pontífice «ha dispuesto su suspensión del ejercicio de cualquier ministerio público, junto a la obligación de permanecer en una casa que le será indicada, para una vida de oración y de penitencia, hasta cuando las acusaciones a él dirigidas sean aclaradas por el proceso canónico normal».

El actual arzobispo de Nueva York, el Cardenal Timothy Dolan, ha explicado que la investión incluyó la participación de un equipo forense independiente. Por su parte, McCarrick ha querido dejar claro que ha que ha colaborado en todo momento con la investigación y afirmó que aceptaría cualquier decisión del Vaticano sobre su persona.

El que fuera uno de los cardenales más importantes durante el Pontificado de Juan Pablo II, nació en Nueva York en 1930 y fue ordenado sacerdote por el cardenal Francis Spellman en 1958. Recibió el nombramiento como obispo auxiliar de su diócesis natal en 1977.

En 1981 fue trasladado a Metuchen y en 1986 nombrado arzobispo de Newmark. Juan Pablo II le nombró obispo de Washington el 21 de noviembre de 2000 y poco después fue nombrado cardenal. Finalmente, dejó la diócesis en 2006, un año después del Cónclave en el que resultó elegido Benedicto XVI y en el que pudo votar puesto que era cardenal elector. Hace poco, McCarrick quiso dar su versión de los hechos, y en una declaración por escrito afirmó que «aunque el informe me involucre y a pesar de haber declarado mi inocencia, consideré esencial que las acusaciones fueran referidas a la policía, cuidadosamente investigadas por una agencia independiente y entregadas al comité de revisión de la archidiócesis de Nueva York».

«Mi tristeza se ha vuelto más profunda cuando fui informado de que las acusaciones habían sido consideradas creíbles y motivadas. En obediencia, acepto la decisión de la Santa Sede de no ejercer más ningún ministerio público», dijo en referencia a la medida que ya le había comunicado el Vaticano el pasado 20 de junio.

De momento, según ha comunicado el mismo Timothy Dolan, es el único caso del que la archidiócesis de Nueva York ha tenido conocimiento. Por su parte, el actual arzobispo de Newark, Joseph Tobin, ha asegurado que nunca ha recibido una acusación contra McCarrick y ha declarado que «la crisis de abusos en nuestra Iglesia ha sido devastadora». Por su parte, el Obispo de Metuchen, James F. Checchio, explicó a su vez que el acusado «está apelando este asunto a través del proceso canónico» y que, si bien no recibió nunca acusaciones sobre abusos en su diócesis, sí conoció tres denuncias contra sobre «inconductas sexuales con adultos».

El de McCarrick se une a otros dos casos de obispos obligados a dejar el cardenalato: el francés Louis Billot y el escocés Keith O’Brien. El primero renunció hace 91 años, en 1927, al no estar de acuerdo con Pío XI en alguna cuestión política.

Parecido es, sin embargo, el caso del cardenal O’Brien fallecido el paso mes de marzo, quien poco antes del Cónclave de 2013, presentó su renuncia al cardenalato después de haber sido acusado y haber admitido él mismo haber abusado de tres sacerdotes y un ex seminarista durante los años 80 y 90. Su renuncia le imposibilitó participar en el Cónclave, pero a diferencia de McCarrick no perdió el título cardenalicio. Una muestra de que el Vaticano sigue dando pasos de tolerancia cero en el caso de abusos.

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