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El Papa critica a los «herodes» que no ven más allá de su dinero

Invita a «despertar» y seguir la estrella de Jesús y dejar atrás la luz de la riqueza y del poder

  • Francisco, durante la misa por la Solemnidad de la Epifanía del Señor.
    Francisco, durante la misa por la Solemnidad de la Epifanía del Señor. / Ap
Ciudad del Vaticano.

Tiempo de lectura 4 min.

07 de enero de 2017. 02:43h

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Álvaro de Juana Ciudad del Vaticano. 6/1/2017

Aunque la Navidad termina oficialmente para la Iglesia tras la fiesta del «Bautismo del Señor», que se celebra mañana, el Papa Francisco dio ayer el último repaso al significado de la Navidad y en concreto al simbolismo de los Reyes Magos, cuyo sentido real está muy alejado del comercial que se le da en la actualidad, según recordó el Pontífice.

Sus majestades de Oriente «expresan el retrato del hombre creyente, del hombre que tiene nostalgia de Dios; del que añora su casa, la patria celeste. Reflejan la imagen de todos los hombres que en su vida no han dejado que se les anestesie el corazón», explicó el Papa Francisco en la homilía durante la misa de la Epifanía que celebró en la basílica vaticana.

En su opinión, la «nostalgia» juega un papel fundamental en este relato, puesto que «la nostalgia de Dios nos saca de nuestros encierros deterministas, esos que nos llevan a pensar que nada puede cambiar».

Otro de los símbolos de estos días es el de la estrella que precisamente guió a Melchor, Gaspar y Baltasar hasta el portal de Belén. «Estos hombres vieron una estrella que les puso en movimiento» y «los magos no se pusieron en camino porque hubieran visto la estrella, sino que vieron la estrella porque se habían puesto en camino», explicó el Santo Padre a los fieles presentes.

Lo importante es que «tenían el corazón abierto al horizonte y lograron ver lo que el cielo les mostraba porque había en ellos una inquietud que los empujaba: estaban abiertos a una novedad», recordó.

E invitando a hacer lo mismo, Jorge Mario Bergoglio «aterrizó» la Palabra: «En los Reyes Magos, como en otros creyentes, surgió la nostalgia de Dios. Esa santa nostalgia de Dios brota en el corazón creyente, pues sabe que el Evangelio no es un acontecimiento del pasado sino del presente. La santa nostalgia de Dios nos permite tener los ojos abiertos frente a todos los intentos reductivos y empobrecedores de la vida».

Así, «el creyente nostálgico busca a Dios, empujado por su fe, en los lugares más recónditos de la historia, porque sabe en su corazón que allí lo espera su Señor», y va a los sitios no evangelizados para poder encontrarse con Cristo, no con una postura de superioridad, sino «como un mendicante que no puede ignorar los ojos de aquel para el cual la Buena Nueva es todavía un terreno a explorar», afirmó en relación con la labor evangelizadora de la Iglesia.

En contraposición con la figura de los tres hombres de Oriente, se encuentra el Rey Herodes, a quien Francisco tildó de «tirano» y recordó que le fue imposible ver al Niño recién nacido como lo que era y no como una amenaza. Porque el que fuera Rey de Judea estuvo sumido en el «desconcierto de quien está sentado sobre su riqueza sin lograr ver más allá». En definitiva, «un desconcierto que brota del corazón de quien quiere controlar todo y a todos. Es el desconcierto del que está inmerso en la cultura del ganar cueste lo que cueste; en esa cultura que sólo tiene espacio para los ‘‘vencedores’’ y al precio que sea», criticó.

Sus siguientes palabras invitaron a imitar el ejemplo de los Reyes Magos, es decir, a «descubrir que Dios ha querido nacer allí donde no lo esperamos, donde quizá no lo queremos. O donde tantas veces lo negamos. Descubrir que en la mirada de Dios hay espacio para los heridos, los cansados, los maltratados y abandonados: que su fuerza y su poder se llama misericordia. Qué lejos se encuentra, para algunos, Jerusalén de Belén», sentenció.

Después de la misa, el Papa Francisco apareció en la plaza de San Pedro para el ángelus e invitó a alejarse de «las luces deslumbrantes del dinero y del éxito, que lo prometen todo rápido: son seductoras, pero con su intensidad nos ciegan y nos hacen pasar del sueño de gloria a la oscuridad más profunda».

El Pontífice habló de la verdadera luz que es «estable y amable» y que «no caduca» y por ello Francisco hizo hincapié en la necesidad de elegir bien qué camino seguir: «También en nuestra vida hay varias estrellas, luces que brillan y que nos orientan. De nosotros depende decidir cuál seguimos», sentenció el Santo Padre.

El regalo de Francisco

El Papa no pudo llevar camellos, como él mismo dijo bromeando, pero sí obsequió a los 35.000 fieles presentes con un libro de oración titulado «Icono de misericordia». La obra contiene imágenes de la vida de Jesús acompañadas por el fragmento del Evangelio al que hace referencia, así como un comentario del Papa y una oración. «El regalo de Dios es Jesús, misericordia del Padre». Y «por ello, para recordar este regalo de Dios, os entrego este regalo que distribuirán los pobres, los sintecho y los refugiados, junto con voluntarios y religiosos», dijo antes de dar otra noticia: todos ellos disfrutarían de un pequeño almuerzo ofrecido por el Vaticano.

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