Música

¿Cómo conseguir un “orgasmo de piel”?

Algunas personas pueden sentir efectos similares a los del orgasmo solo escuchando música

Orgasmo de piel
Orgasmo de piel Dreamstime

La música es capaz de producirnos sensaciones increíbles y puede llegar a cambiar nuestro estado de ánimo. ¿Quién no se ha puesto música melancólica cuando ha estado triste o, al contrario, su estado de animo le animaba a escuchar música más alegre? Sea como sea, todos utilizamos la música para despejarnos, para emocionarnos o simplemente para hacer más amenos nuestros caminos a la universidad, al trabajo...

Aparte de todos estos beneficios, hoy vamos a hablar de uno no tan conocido y que seguramente te sorprenderá. Porque sí, escuchar música puede provocar que una persona llegue al clímax y experimente la misma sensación que se produce cuando se alcanza un orgasmo en el final de una relación sexual. A esto se le llama orgasmo de piel.

Lo primero que debemos saber es que realmente este fenómeno puede ocurrirle a cualquier persona y en cualquier lugar. Puede que estés en un concierto, en tu cuarto con los cascos o en una ópera, para lograr el orgasmo solo necesitas música. Es probable que alguna vez hayas sentido un cosquilleo o un escalofrío que haya recorrido tu cuerpo al escuchar la melodía de una canción. Pues bien, algunas personas lo experimentan con tal fuerza que pueden llegar al orgasmo solo escuchando música.

En 1991, un estudio llevado a cabo por músicos profesionales revelo que muchos de sus voluntarios experimentaron sudores, excitación sexual y temblores al escuchar su canción favorita. No es algo puramente científico, desde hace siglos numerosas culturas reconocen abiertamente las similitudes entre estas sensaciones y las que produce el orgasmo en un coito.

Muchos de los que son capaces de sentir esta sensación también son capaces de determinar que parte de la canción es la que más altera sus sentidos. Normalmente, cambios repentinos en la canción o una melodía secundaria que choca con la principal suelen ser las que provocan reacciones más fuertes. A partir de de estas reacciones, los científicos pudieron escanear el cerebro para determinar qué partes de éste se activaban.

Los resultados arrojados establecieron la forma en la que parece ser que el cerebro reacciona ante nuestras expectativas. Las canciones lentas, por así decirlo, aquellas que mantienen un ritmo estable, no suelen captar nuestra atención y, mucho menos, producir el orgasmo de piel. Lo mismo ocurre si la canción rompe continuamente y apenas podemos seguirla. Por tanto, solo se alcanza el placer con la armonía que juega en el límite entre lo familiar y lo desconocido. Explicado de otra forma, cuando una canción tontea con el cambio de ritmos a nuestro cerebro le pilla “desprevenido” porque no cumple con lo que esperábamos que fuese a pasar. Ahí en la incertidumbre es donde se produce una reacción de escalofrío en nuestro sistema nervioso central, ante el temor de lo inesperado. Como si de una montaña rusa se tratase, el cuerpo responde con un pulso más acelerado, disnea o rojez en la cara.

Una sensación similar a la que producen las drogas y el sexo, y que también explica el por qué las atracciones de adrenalina como las mencionadas montañas rusas o deportes de riesgo gustan tanto. Además, lejos de que escuchar repetidamente esa misma canción eliminase el efecto sorpresa, lo cierto es que el escalofrío se mantiene cuando eres sabedor de que va a ocurrir. Por otro lado, cuando tenemos un tema especial no solo nos gusta por su melodía, sino que tratamos de identificar al autor y en que circunstancias escribió esa canción, para poder disfrutarla al máximo.

Definitivamente, la música tiene muchas capacidades, a las que habrá que sumar el orgasmo de piel. ¿Puede ser que la explicación al origen de la música esté aquí? Quien sabe, lo que sí sabemos es que sin música no tendríamos banda sonora para los momentos más importantes de la vida.