El cierre perimetral de una extensa comunidad autónoma, un remedio inútil y costoso

Los expertos advierten de que confinar áreas extensas solo sirve para proteger a territorios vecinos con menos incidencia. Perimetrar por áreas de salud sí funciona para frenar contagios: en Madrid se redujeron un 50%

Una mujer fuma en el balcón de su vivienda, ubicada en un popular barrio de Barcelona
Una mujer fuma en el balcón de su vivienda, ubicada en un popular barrio de BarcelonaEmilio MorenattiAP

La epidemia de coronavirus está totalmente disparada en España. La incidencia acumulada en 14 días se ha duplicado en tan solo dos semanas: de 260 casos por 100.000 habitantes a los 468 actuales y, pese a los intentos desesperados de los gobiernos regionales para aplacar los contagios, la curva sigue subiendo. Ya son once comunidades, y Ceuta y Melilla, las que han cerrado sus fronteras. Las últimas en decidirlo fueron el miércoles Castilla-la Mancha, Castilla y León, Valencia y Andalucía, de cara al puente de Todos los Santos, y ayer Cantabria, Cataluña y la Comunitat Valenciana.

En España se gobierna a golpe de prueba y error porque del SARS-CoV-2 todavía se desconoce mucho de cómo se comporta. Una de las pocas certezas que se tienen es que, como pasa con el resto de los virus respiratorios, la única forma de reducir los contagios es limitando la movilidad. Por eso cada vez más autonomías están levantando sus murallas. Y, claro, cada una lo hace a su manera. Navarra, Cantabria, Castilla-la Mancha y Castilla y León han optado por un confinamiento perimetral autonómico, de forma que nadie puede entrar ni salir de la comunidad, pero sus ciudadanos sí pueden moverse dentro de ella. Así, un toledano, por ejemplo, podrá viajar durante este puente a Cuenca, pese a que la incidencia acumulada en 14 días en esta provincia es solo de 350 casos por 100.000 habitantes y en Toledo llega a los 500.

Algo más ha afinado Andalucía. Su presidente, Juanma Moreno, además, de prohibir las entradas y salidas a la comunidad, ha decidido cerrar a nivel municipal Sevilla, Granada y Jaén, las provincias con mayor incidencia. El confinamiento perimetral autonómico y municipal también funciona en Asturias (con el cierre de Avilés, Gijón y Oviedo), País Vasco, La Rioja (con el cierre de Logroño y Arnedo al menos durante un mes), Aragón (con las tres capitales de provincias confinadas) y Murcia. Cataluña ha optado por un confinamiento a la turca, es decir, encerrar a la población por municipios, pero solo los fines de semana, tal y como se aplica en el país de Erdogan.

¿Y qué pasa con Madrid? Su presidenta, Isabel Díaz Ayuso, tiene una apuesta clara, porque ya le funcionó con anterioridad. Está dispuesta a cerrar la región de cara a los dos puentes, el de los Santos y la Almudena, pero su estrategia pasa por confinamientos más quirúrgicos: confinar solo aquellas áreas de salud con mayor incidencia de forma que la actividad económica, tan resentida, no se paralice en todo el territorio. Los resultados obtenidos en septiembre avalan su decisión.

El día 21 de septiembre el gobierno regional decretó el cierre de 37 áreas sanitarias. Entonces, la incidencia acumulada a 14 días era de 746 casos por 100.000 habitantes y en tres semanas se redujo hasta los 540. Los contagios bajaron un 50% y, además, la movilidad hacia la capital cayó un 4%. Pese a los buenos resultados, el Gobierno de Pedro Sánchez impuso el Estado de Alarma y echó por tierra la política de Ayuso.

El 10 de octubre se cerraron 10 municipios y Madrid ciudad y la incidencia siguió bajando, pero no al mismo ritmo. A 27 de octubre se situaba en 432. Ahora que ha finalizado el Estado de Alarma, la comunidad de Madrid ha vuelto a aquellos confinamientos por áreas básicas de salud: en total 32 de 12 municipios distintos. Una medida aplaudida en los hospitales madrileños.

«Cuando en septiembre se decidió el cierre de las áreas sanitarias, se vio claramente un descenso de casos y hospitalizaciones, en las UCI siempre tarda algo más en verse, pero llegaron los resultados en dos semanas», afirma un intensivista de un gran hospital de la comunidad. Para este sanitario, los confinamientos perimetrales extensos «no tienen sentido, porque se limitan las entradas, pero sus habitantes pueden seguir moviéndose». En su opinión, la mejor estrategia es «confinar aquellas áreas más densamente pobladas con gran tasa de contagios. Hay que aislar a los enfermos, no a toda la población».

Navarra, mal ejemplo

En Navarra, por ejemplo, con un confinamiento únicamente autonómico, la incidencia continúa creciendo: el 22 de octubre, cuando entró en vigor, era de 1.000 casos; ahora es de 1.159. En Aragón pasa lo mismo. El 21 de octubre la tasa de contagios era de 542 casos por 100.000 habitantes y ahora está en 984 a nivel regional. En Teruel, aunque también está cerrada a nivel municipal, la incidencia no decrece y ya supera los 1.700 casos.

En opinión de José María Martín Moreno, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia, «no se pueden generar hipótesis porque faltan estudios». «Hay que estudiar la frecuencia y distribución de los contagios, a quién le ocurre y dónde para poder determinar una estrategia», añade. Moreno duda de la eficacia de los confinamientos perimetrales a nivel regional porque «siguen permitiendo que la gente se mueva, lo único que evitas es que entren cepas nuevas de gente del exterior». Cree que puede ser una buena medida para proteger a comunidades vecinas con menos incidencia, pero «lo que verdaderamente funciona es hacer una buena inversión en atención primaria, en rastreadores para estudiar el origen de los brotes, y en test para que los resultados sean óptimos y lleguen en 24 horas». Moreno no es partidario de un cierre como el de marzo porque «aunque escondas la cabeza el virus seguirá existiendo y habrá que sacarla en algún momento». «Solo sirve para dejar maniobra al sistema sanitario», apostilla.

Por su parte, Joan Carles March, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública, considera que «se están buscando las fórmulas, pero todavía no hay ninguna perfecta». Aún así, March se muestra más partidario de cerrar la ciudad entera que por áreas de salud: «La gente no sabe muy bien a cuál pertenece. Además, a nivel operativo es más complicado y a la población hay que trasladarles ideas claras».