“Me aterroriza llegar a casa con ‘el bicho’ encima, no por mí, sino por quien me espera allí”

Raúl es policía, está casado y tiene tres niños. Su historia es la de muchos, la de quienes trabajan en primera línea contra el coronavirus y tras una dura jornada llegan a casa, con su familia, con miedo

Raúl Machío, policía de Almendralejo, relata su día a día en una carta abierta / Facebook/Foto: La Razón

En los catorce años que Raúl Machío lleva vistiendo el uniforme de Policía nunca ha tenido miedo de salir a la calle. Pero eso ha cambiado: "Ahora me aterroriza llegar a casa con ‘el bicho’ encima, no por mí, sino por quien me espera en casa, indefensos y cumpliendo con su confinamiento día tras día por muy difícil que sea”.

En una carta abierta, este agente de Almendralejo, condecorado con la Cruz al Mérito con distintivo blanco, cuenta cómo es su día a día en esta lucha. Aunque terminó enfermería en 2003 y realizó el máster en PRL en 2005, ejerció muy poco como enfermero. En 2007 ingresó en la Policía, pero si por él fuera, al terminar su turno se iría al hospital a ayudar.

“Nunca he sentido la impotencia que siento ahora al ver cómo compañeros y amigos caen con esta mierda, con la que no sabemos ni cómo luchar", relata Raúl. Su voz y sus palabras son las de todos aquellos que día tras día se enfrentan a esta pandemia sin las armas necesarias para combatirla. Sin saber cómo aliviar el dolor de los más afectados, de los más indefensos.

Y cuando finaliza la jornada llega el momento de volver a casa. Y lo que antes era el mejor momento del día ahora se torna incluso angustioso. “Llego a casa y me desnudo por completo en el patio antes de entrar, y aun así, cuando mi familia se me acerca vuelvo a sentir ese miedo de y si...”. El miedo a poder contagiar a su familia es inevitable.

“Las pesadillas por la noche pasarán”

Raúl reconoce en su carta haber llorado muchas veces en su vida y enfrentarse a situaciones muy difíciles, pero “hoy por hoy esta situación puede que sea de las peores”, señala. Sin embargo, también tiene claro que esa situación no podrá con él ni ninguno de sus compañeros.

“Las pesadillas por la noche pasarán, el estrés continuo pasará, incluso la sensación de impotencia por no poder hacer más pasará, y el bicho... claro que lo superaremos”, asegura este agente. Y lo único que espera es que este aprendizaje se quede en la sociedad para siempre.