Malos tiempos para el sueño

Dormir es un placer, según para quien. Para una mayoría, es posible; para otros, puede ser un infierno o un trámite. Los españoles sobrellevamos una calidad de sueño de andar por casa, empeorada por el confinamiento y el calor

La calidad del sueño es un parámetro tangible que describe una actividad en absoluto irrelevante. De un buen o mal descanso, suficiente o irregular, depende el rendimiento social y laboral de cada uno de nosotros y, por tanto, la aportación a aspectos ponderables de la vida que hacen que una comunidad, un país, funcione o no. Gracias a la compañía Fitbit, podemos evaluar nuestro descanso en función de factores como su duración, ritmo cardíaco en reposo y el tiempo dormido en cada fase y calibrarlo respecto a otros países. Es la parte de ese todo que regula las constantes vitales de un colectivo y su pulsión diaria para explicar al menos en parte nuestro rendimiento, predisposición, ánimo y compromiso. Repasar los efectos de un sueño suficiente y placentero nos ilustra de su relevancia: optimiza la memoria y la creatividad, incide en un estado general saludable o mejora, por ejemplo, el peso y el índice de la masa corporal. Que el dormir es el cimiento de una salud óptima está fuera de toda duda. Es una verdad global. En estos tiempos de pandemia, más todavía, y resulta relevante mensurar cómo afecta a esas horas críticas de nuestro día a día situaciones extraordinarias como el confinamiento o las olas de calor, por ejemplo. ¿Hemos dormido mejor los españoles bajo el yugo amenazante del coronavirus en estos meses inacabables? Distintos estudios han dado ya respuesta a ese comportamiento durante el enclaustramiento. Y sí, hemos abrazado a morfeo de manera más persistente, entre 15 y 30 minutos más que la media anterior al encierro, pero esa prórroga no ha redundado en un descanso de mayor calidad, sino todo lo contrario. Hemos retrocedido en este momento esencial para la salud y el bienestar. Antes del coronavirus, España era el octavo país del planeta en calidad de sueño, con una puntuación por encima levemente de la media mundial. Está por ver cómo han retrocedido los demás, pero el contagio tampoco nos ayudó en este aspecto de nuestra cotidianidad. Y como guinda de ese pastel amargo, llegaron las olas de calor africano.