Salud

El parásito de la malaria se esconde en el bazo, no en la sangre

Científicos del Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol (IGTP) y del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) han decubierto el origen de la infección, lo que representa un cambio de paradigma.

Los mosquitos hembra del género Anopheles son los que trasmiten la malaria.
Los mosquitos hembra del género Anopheles son los que trasmiten la malaria.

El bazo, que hasta ahora se creía que era el responsable de eliminar los parásitos de malaria de la sangre, es en realidad el órgano que actúa como “reservorio y vivero” del parásito Plasmodium vivax, uno de los causantes de la malaria. Esta es la principal conclusión de una investigación realizada por científicos del Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol (IGTP) y del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), que representa un cambio de paradigma para la biología de este microrganismo. El estudio explica que el parásito de la malaria Plasmodium vivax, la más común fuera del continente africano, se une al bazo mediante la expresión de proteínas llamadas variantes, de forma que queda oculto en el órgano. De este modo, puede tener una forma hepática latente responsable de las recaídas clínicas, que llevan a infecciones crónicas asintomáticas, un descubrimiento que proporcionará a los científicos nuevas vías para diseñar estrategias alternativas de control.

La mayoría de casos de malaria los causan los parásitos unicelulares Plasmodium falciparum y Plasmodium vivax, que entran en la sangre por picaduras de mosquitos. El primero suele ser más grave y virulento, mientras que el segundo presenta una forma latente en el hígado, lo que provoca cuadros clínicos reincidentes.

Hasta el momento, se creía que la enfermedad se produce cuando hay un nivel bajo de “P. vivax” circulando en sangre porque ha invadido los reticulocitos (glóbulos rojos inmaduro), que se encuentran principalmente en la médula ósea, y que los parásitos se destruyen en el bazo. En cambio, en una carta publicada en el New England Journal of Medicine, los investigadores han dado con una nueva explicación tras lograr describir una “biomasa” que no se había detectado hasta el momento de “P. falciparum” y “P. vivax” en el bazo.

Tras estudiar a personas infectadas con ambos parásitos, los científicos han comprobado que, al contrario de lo que se pensaba, hay un número mucho mayor de parásitos en el bazo que en la sangre, sobre todo de “P. vivax”, lo que les ha permitido concluir que la malaria crónica vivax es una infección del bazo, no de la sangre.

El hallazgo explica así el bajo número de parásitos circulantes en la malaria causada por Plasmodium vivax y permitirá ayudar a descubrir nuevas dianas de vacunas, así como nuevos marcadores de exposición.

En otro artículo, publicado en la revista “PLOS Medicine”, el mismo equipo ha apuntado, después de examinar las distintas etapas del reticulocito y las diferentes fases de “P. vivax” en el bazo, que el parásito se ha adaptado para sobrevivir y puede incluso replicarse en este órgano. “Estos resultados cambian totalmente la comprensión de la biología del parásito y el papel del bazo, es rompedor”, ha señalado la investigadora Carmen Fernández Becerra, quien ha explicado que, “con el paso de los años, cada vez era más difícil de justificar lo que estaba establecido sobre los roles del hígado y el bazo en P. vivax”.

En 2019, se estima que hubo 229 millones de casos de malaria en todo el mundo, que mataron a unas 409.000 personas, dos tercios de las cuales eran niños pequeños.