Salud

Cuatro de cada diez niños con covid persistente no pueden ir a clase con regularidad

La fatiga, en niveles de alto a moderado, está presente en el 98% de ellos.

La fatiga les impide ir a clase de manera regular, a actividades extraescolares, y les conduce al fracaso escolar.
La fatiga les impide ir a clase de manera regular, a actividades extraescolares, y les conduce al fracaso escolar.Cristina BejaranoLa Razón

Cansancio, dolores musculares y articulares, niebla mental, cefaleas y mialgias, problemas respiratorios, digestivos y psicológicos, alteraciones del sueño y falta de concentración son, entre otros, los principales síntomas que padecen los niños con covid persistente.

Aunque son muy parecidos a los que presenta la población adulta, en su caso son muy incapacitantes, ya que entre los 9 y los 17 años la vida está repleta de actividad.

“Lo que sí es claramente una diferencia respecto a los adultos es que es una edad clave para muchas cosas, y esta enfermedad interfiere mucho en su desarrollo. Son niños que están sufriendo, que pueden tener problemas en su aprendizaje escolar y en su desarrollo”, explica María Méndez, jefa del servicio de pediatría del Hospital Germans Trias i Pujol, de Badalona, pionero en la creación de una unidad especializada en covid persistente pediátrica.

“Las limitaciones que les supone el cuadro que padecen-mayormente, la fatiga, que está presente en el 98% de los casos que estamos viendo- impide ir a clase en el horario completo a un 43%, el 90% tienen que dejar de asistir a las actividades extraescolares, y, lo peor, es que ni ellos ni sus padres saben qué les pasa”.

Este servicio se puso en marcha a mediados de diciembre del año pasado, y, hoy por hoy, atienden a 90 pacientes de entre 5 y 17 años. La media de edad de los chicos y chicas es de 13 años.

La evidencia científica respecto a la enfermedad es todavía bastante limitada. “Aún tenemos muchas dudas y una de ellas es cuál es la incidencia real en este grupo de edad. La gran mayoría de niños que atendemos han tenido una infección inicial muy leve, incluso algunos han pasado la enfermedad de manera asintomática, por lo que no sabemos el número total de niños afectados”, explica Méndez, impulsora de la Unidad.

Actualmente, se empieza a identificar esta patología con mayor frecuencia que en la primera ola, “pero, quizá, el motivo sea que anteriormente no se reparó en ella”, aclara.

La Organización Mundial de la Salud no reconoció el covid persistente como enfermedad hasta el pasado mes de septiembre, por lo que los estudios al respecto aún son limitados.

Sin embargo, a pesar de la falta de evidencia científica, sí sabe entre el 10 y el 20% de los que han pasado la infección presentan síntomas más allá de los seis meses.

La Unidad del Hospital Germans Trias está integrada por profesionales del servicio de pediatría y por especialistas en enfermedades infecciosas, neurología, neumología y cardiología, así como profesionales de psiquiatría, psicología, rehabilitación, radiología y de la educación.

El equipo cuenta también con profesionales del área de neuropsicología del Instituto Guttmann, que se encargan de la rehabilitación neurocognitiva.

“La rehabilitación cognitiva es muy importante, porque los niños que tienen la llamada ‘niebla mental’, que les genera distracciones y problemas de concentración, tienen muchas dificultades para seguir bien las clases”, señala la especialista. Lo que suelen ver los psicólogos y psiquiatras que les atienden es una ansiedad secundaria al hecho de encontrarse mal y dejar de hacer su vida normal. Y aun así, solo son el 30% el que lo refiere. “Realmente, tienen muchísima fortaleza para llevar la situación. Que solo tres de cada diez presenten ansiedad es un porcentaje bajo si se tiene en cuenta como les cambia la vida”, añade.

En cuanto al funcionamiento de este servicio, de entrada se hace una primera visita a los pacientes, donde se realiza una valoración de la afectación en los diferentes aparatos y sistemas. Después, se les hace una entrevista y una exploración física, un test de medición de la fuerza y el equilibrio, así como un cuestionario de fatiga y otro de afectación cognitiva.

Afectación emocional

Además, también se hace un cuestionario de salud emocional para determinar si hay alguna consecuencia en el ámbito psicológico. “Es habitual que haya afectaciones a escala emocional.

No sólo ocurre en los niños, sino que cualquier persona que se encuentra mal y que no puede hacer su vida normal durante un periodo de tiempo más o menos prolongado puede ver deteriorada su salud mental.

Gestionar esto con ellos es mucho más difícil que con un adulto”, sostiene la especialista. Una vez realizada esta primera valoración, se realizan las diferentes exploraciones complementarias necesarias y se establece un plan terapéutico que puede incluir tratamiento rehabilitador y médico. “Como no hay tratamientos específicos para la enfermedad, lo que hacemos es un tratamiento sintomatológico que permite mejorar los síntomas y facilitar que los pacientes puedan volver a hacer sus actividades habituales. Cada uno de ellos es personalizado, en función de los sistemas a los que haya afectado la enfermedad”, explica Méndez.

Una opinión que comparten desde la Sociedad Valenciana de Pediatría, aunque señalan que se están realizando ensayos clínicos al respecto para identificar la mejor opción terapéutica. Por el momento, “la rehabilitación física y mental, que ha demostrado ser eficaz en el tratamiento de los adultos, puede ser extrapolable a los niños y adolescentes a través de programas individualizados según sus necesidades” defiende Manuel Oltra, pediatra y jefe de sección de Patología Infecciosa del Hospital la Fe de Valencia.

La recomendación de los profesionales sanitarios a las familias es que consulten con su pediatra en el caso de tener la sospecha de posible covid persistente. El pediatra puede orientarles en el manejo paliativo o sintomático de la enfermedad, recomendar pautas de actuación frente a las conductas más estresantes y ofrecer alternativas. Por otro lado, los educadores y los colegios también tienen un papel clave a la hora de ayudar a estos niños y adolescentes a no caer en el fracaso escolar.

“Deben estar muy vigilantes, porque las respuestas son muy variables dependiendo de los colegios. Algunos están muy sensibilizados y hacen todo lo que pueden por apoyarles, facilitándoles las cosas si no pueden asistir a clase regularmente, pero otros muestran una actitud demasiado rígida, que les perjudica”, concluye Méndez.