«Aunque nos haya tocado, comeremos cocido»

Leganés / 356 MILLONES de euros

Alfonso (en el centro) trabajaba en una agencia de viajes hasta hace tan sólo un año cuando lo despidieron.
Alfonso (en el centro) trabajaba en una agencia de viajes hasta hace tan sólo un año cuando lo despidieron.

MADRID- No siempre la suerte llega a quien más lo necesita, sin embargo, parece que este año ha decidido ponerse del lado de los más desfavorecidos y ha regado de millones localidades obreras como la de Leganés (Madrid), especialmente castigada por el desempleo. «Tenemos unos 19.000 parados, estamos un punto por encima de la tasa de la comunidad de Madrid y al venderse tantos décimos aquí, unas 800 personas han podido resultar agraciadas. Es una bendición», aseguraba ayer a la puerta de la administración número ocho, Jesús Gómez, alcalde del municipio,que se alegra por sus vecinos porque «a mí no me ha tocado nada». Era uno de los últimos en llegar a la plaza de San Salvador donde se arremolinaban los vecinos desde las 11 de la mañana. «Vi en televisión que el Gordo terminaba en 46 y me emocioné al ver que por lo menos tenía dos números con esa terminación, pero al escucharlo de nuevo me di cuenta de que había vendido el Gordo», relata emocionada Marisa Ron, dueña del establecimiento en el que ya cuelga el cartel: «Aquí se ha vendido el Gordo». No recuerda si vendió todos los números, pero sabe que no ha dado ninguna participación, «se han vendido en ventanilla, décimo a décimo». Mientras Marisa descorcha una botella de cava que ha comprado del bar La Giaconda –con sus dueños ha tenido algún que otro rifirrafe y por eso Federico Salas, el propietario, no le ha comprado ningún décimo: «Esperemos que nos pague la botella», bromea–, algunos agraciados empiezan a asomar. Un niño rubito entra por la puerta: «¡Marisa, que le ha tocado a mi abuela!», grita emocionado. La Prensa se abalanza sobre él: «¿Cuántos décimos tiene?, ¿cómo os habéis enterado?, ¿dónde está tu abuela?». Está desbordado. Pero pronto aparece Luci y releva al pequeño. Su hermano Julián pasó hace dos semanas por Leganés y compró cinco décimos. Tres se los llevó al País Vasco, donde vive, y los otros dos los repartió con su familia. Sus sobrinos Ainhoa y Raúl aún no se lo creen: «Iremos cargados de regalos a visitarle por Reyes». Cerca de ellos, Pilar se oculta detrás de unas gafas oscuras. No es que quiera mantener su anonimato, sino que la emoción la mantiene con la lágrima permanentemente en el ojo. «Nos ha tocado», no para de repetir. Está junto a sus hijos, Eduardo, de 15 años, no sabe qué decir. Sus dos padres están en paro y tienen muchos huecos que tapar: «Acaban de cambiar el ascensor de la comunidad y no hemos podido pagarlo aún. Para eso irá el dinero». Pili, como la conocen sus vecinas, estaba preparando cocido cuando escuchó su número. «Y ahora, ¿qué vais a comer?, le preguntamos. «No vamos a cambiar el menú, aunque nos haya tocado comeremos cocido», dice orgullosa. Entre el júbilo y alguna que otra botella de cava –que también riega a la Prensa– aparece Pedro, sale cargado con una bolsa azul. Pone Lotería Nacional. «¿Llevará el dinero del premio?», comenta un vecino. Nos asegura que no: «Sólo llevo los décimos devueltos», explica mientras sale con prisas. Elvira, otra jubilada del municipio llega a la administración. En cuanto dice que tiene un décimo, los vecinos la felicitan y las "alcachofas"se arremolinan. «Sólo tengo un décimo», dice entrecortada. Su familia evita que hable con los medios: «No digas nada más», le insisten. Y es que ya saben que si la envidia es mala, los bancos no pierden ripio para buscar nuevos clientes.

El padre de familia, en el paro desde hace un año

Alfonso trabajaba en una agencia de viajes hasta hace tan sólo un año cuando lo despidieron. Hace unas semanas compró un par de décimos «del primer número que tuviera» y ahora celebra con su hijo Diego y su familia su buena suerte: «Cuando lo veía por la tele pensaba que era una invención y, ahora, aquí estoy. Me ha tocado a mí».

El tío Julián que se llevó al País Vasco un buen pellizco

Julián pasó de visita por Leganés hace unas semanas. Compró cinco décimos del Gordo. Tres se los llevó al País Vasco y los otros dos se los dejó a su hermana. Ayer se convirtió en el «tío Gordo» porque ha llenado de dinero a su familia: «Nos va a pagar la hipoteca a todos», afirma emocionada su sobrina Ainhoa.

Los jubilados que se darán un gran viaje

La peña de jubilados El Carro está de buena suerte. Los nueve jubilados que la forman tienen dos décimos del Gordo: «Ayudaremos a los hijos y nos iremos de viaje, pero esta vez, no iremos con el Imserso».