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Las mujeres que van a misa tienen mejor salud

Un estudio realizado en EE UU muestra que tienen un riesgo de mortalidad un 33% inferior

  • La investigación muestra que las mujeres presentan menores ratios de ansiedad, depresión y estrés
    La investigación muestra que las mujeres presentan menores ratios de ansiedad, depresión y estrés

Tiempo de lectura 4 min.

16 de mayo de 2016. 23:10h

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18/5/2016

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El estudio del que hoy les voy a informar ha sido realizado en Estados Unidos. No es extraño: la mayoría de los trabajos publicados sobre esta área de investigación proceden de ese país. Allí parece que la ciencia siente menos complejos a la hora de estudiar los efectos de las creencias religiosas sobre la salud. Efectos, por cierto, a todas luces positivos.

Varios investigadores de Boston han publicado en la prestigiosa publicación «JAMA Internal Medicine» su último estudio, en el que demuestran que la asistencia regular a servicios religiosos está relacionada con un menor riesgo de mortalidad por un amplio número de enfermedades, entre ellas la enfermedad cardiovascular y el cáncer, al menos entre mujeres.

Los autores han utilizado datos del «Nurses’ Health Study», donde se examinan las costumbres religiosas de 75.000 mujeres desde 1992 y la evolución de su salud. De todas las mujeres estudiadas, 14.158 acudían a algún servicio religioso más de una vez a la semana, 30.401 una vez a la semana, 12.103 menos de una vez a la semana y 17.872 no acudían nunca. La mayoría de las participantes se declararon católicas o protestantes.

El resultado epidemiológico arrojó que las mujeres que practicaban actos religiosos tendían a presentar menos riesgo de depresión, y tenían menores ratios de ansiedad y estrés.

Pero, una vez analizada la mortalidad en los 16 años de estudio, apareció otro dato más extraño: las mujeres que más acudían a los servicios religiosos presentaban un riesgo de mortalidad un 33 por ciento inferior comparadas con aquellas que nunca acudían a ellos. Cuando la asistencia era de una vez a la semana, el riesgo era un 26 por ciento mejor y, cuando se acudía menos de una vez a la semana, aún así los datos eran un 13 por ciento más favorables que los del grupo de no creyentes.

Por enfermedades, la mayor asistencia a la iglesia ofrece un 27 por ciento menos de probabilidad de morir de enfermedad del corazón y un 21 por ciento menos en el caso del cáncer.

Algunas de las razones que se apuntan como posibles causas de estas disparidades son las diferencias en el grado de apoyo social, en el uso de sustancias adictivas y en el ánimo optimista de unos grupos y otros.

Es muy importante reseñar que el estudio tiene sus evidentes limitaciones. La mayoría de las mujeres religiosas del grupo eran cristianas de raza blanca; no se analizan mujeres de otras religiones y culturas. Y todas las participantes pertenecían al «Nurses’ Health Study», es decir, eran enfermeras de una extracción sociocultural similar.

Pero los datos coinciden con otros muchos estudios realizados sobre la incidencia de las creencias religiosas en el estado de salud física y mental. En 2005, un estudio realizado sobre datos de salud pública en el área de San Francisco demostró que, entre adultos de avanzada edad, la religión parecía proteger contra la aparición de depresión y ansiedad, sobre todo entre los que presentaban un peor estado de salud.

Ya en 2013, una investigación de Harvard encontró que, en los casos de depresión severa, el tratamiento hacía mejor efecto entre los pacientes religiosos. ¿Por qué? Aún no está clara la razón. Es evidente que las redes sociales que se establecen fuera del hogar cuando se pertenece a un grupo religioso facilitan el apoyo en caso de enfermedad. Y también es sabido que la práctica de la meditación, la oración y otras actividades íntimas repercute en áreas del cerebro muy relacionadas con el control de las emociones... La literatura al respecto es amplia. Pero los datos aún son poco concluyentes.

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