¿Quién quiere matar a Stephen Hawking?

Jennifer Contonio, obsesionada con el científico desde hace años, fue detenida en Tenerife, durante el festival Starmus. La familia del físico alertó a la Policía de su presencia

Stephen Hawking observa la actuación de la banda Anathema, durante el festival Starmus
Stephen Hawking observa la actuación de la banda Anathema, durante el festival Starmus

Jennifer Contonio, obsesionada con el científico desde hace años, fue detenida en Tenerife, durante el festival Starmus. La familia del físico alertó a la Policía de su presencia

Le había perseguido por todo el mundo en sus ya contadas comparecencias. En las redes sociales daba muestras de su devoción pero también de su odio. Había llegado a mandarle mails personales. Y, en el último de ellos, cruzó la raya: «Estoy cerca de ti y voy a matarte». Fuentes cercanas a la investigación confirmaron a LA RAZÓN que Jennifer Contonio, ciudadana estadounidense de 36 años y residente en Noruega, fue detenida el pasado jueves en Arona (Tenerife), localidad en la que se celebra el festival Starmus, cita en la que el célebre astrofísico Stephen Hawking era el invitado de honor y en la que comparte cartel con más de 10 premios Nobel. Según adelantó «La Opinión de Tenerife», la voz de alerta la dio Lucy, hija del científico, que cuenta con acceso a las cuentas de correo electrónico y de redes sociales de Hawking. Contonio, a través de su cuenta en Twitter @Spacebunny8 –traducido en español, «Conejito espacial»–, había dejado constancia de que, el pasado martes, acudía a Tenerife expresamente para ver al científico. Pero su presencia no fue lo único que alertó a la familia: Contonio había lanzado más de un centenar de mensajes amenazantes. Como detalla la Policía Nacional, sus mails especificaban «planes para acabar con su vida durante la conferencia» y, por los datos con los que contaban las autoridades, era muy probable que se encontrara en el recinto. Entre sus pertenencias, se han hallado anotaciones y documentos sobre el domicilio y el lugar de trabajo de Hawking, residente en Cambridge. Los agentes sospechan que puede sufrir problemas psiquiátricos.

El pasado miércoles, un día antes de la detención, Contonio escribió no menos de 40 tuits en los que ofrecía su particular crónica de la conferencia que Hawking ofreció aquel día, a las 15:00 horas, en el recinto Pirámide de Arona, donde tienen lugar las principales ponencias. Entre otras cosas, decía que su charla, titulada «Mi breve historia», era un «desastre», le echaba en cara su «ego» y que mientras el resto de científicos ofrecían ponencias «normales», él tenía que estar allí «con música rock y luces». También le acusaba de «plagiarme».

Con todo, no es lo más sospechoso que se podía encontrar en la cuenta de @Spacebunny8, que fue cerrada ayer pocas horas de confirmarse la detención. En uno de los mensajes insultaba al científico y presumía de haberle escrito infinidad de veces , y de forma diaria, a lo largo de este año. De hecho, compartía una captura de pantalla con uno de ellos, en el que escribía «no te quiere» y la frase: «Necesitaba a alguien que jugara a mi juego de niños». Durante ese miércoles, también escribió que «él tenía tantas ganas de que no viniera que hubo una huelga en el aeropuerto y fuego en el avión. #stephenhawking me tiene mucho miedo». En otro de sus mensajes comentaba que «los hombres me matan con abuso emocional... no dándome sexo... buceando dentro de la perversión. Yo era muy hermosa. Ahora parezco más enferma que unos ojos negros y oscuros». Curiosamente, apenas unos meses antes, la tuitera compartía un buen número de fotografías de juventud de Hawking, en los que elogiaba su físico y su inteligencia.

Estos mensajes, que evidenciaban que la presunta acosadora se encontraba en el auditorio, hicieron que la hija de Hawking avisara a los asistentes de su padre, un numeroso equipo que acompaña en todos sus desplazamientos al científico, de 74 años y aquejado de esclerosis lateral amiotrófica (ELA). A su vez, éstos avisaron a la Policía Nacional, que inició un operativo para dar con Contonio y estableció un dispositivo con el fin de proteger al científico. Por ello, dos agentes le escoltaron en el auditorio de Arona. Finalmente, Contonio fue detenida el jueves en el Hotel H10 Conquistador, donde denegaron hacer comentarios. En su habitación dieron con utensilios esotéricos y sospechan que puede estar relacionada con el integrismo religioso. De hecho, no se descarta que pusiera en marcha sus planes después de que Hawking reconociera su ateísmo.

En su declaración al Juzgado de Instrucción número 2 de Arona, Contonio se declaró culpable de un delito de amenazas, pero reiteró que «le amaba» y que jamás le dañaría. Finalmente, fue condenada en un juicio rápido a cuatro meses de cárcel, pero la condena quedó suspendida al no contar con antecedentes. Con todo, se le prohíbe acercarse al científico a una distancia inferior a 500 metros e intentar comunicarse con él en los próximos ocho meses.

Fuentes de la organización confirmaron a este diario que la acusada no se había registrado al evento como periodista. Y es que es posible acudir al Starmus como oyente, con precios que oscilan entre los 500 y los 800 euros. Por otro lado, y tal como estaba previsto, Hawking participó en la noche de ayer en la fiesta de clausura del festival, celebrada en el Auditorio de Tenerife.

«Le he escrito 25 veces al día en un año»

Jennifer Contonio no se «cortaba» a la hora de expresar sus opiniones sobre Hawking en su perfil de Twitter, @Spacebunny8. Hace apenas unos meses, mostraba imágenes del científico y decía: «Stephen es el tío más guapo del mundo (desmayo)... y también el más listo (desmayo otra vez)». Después de irse de su ciudad, la localidad noruega de Flora, y ya en Tenerife con motivo del festival Starmus, presumía de haberle escrito «25 mails diarios en un año» y le llamaba «sucio cabrón» (abajo, a la izquierda). Sus constantes alusiones a Hawking eran bien conocidas en internet. En algunos foros no daban crédito a la noticia conocida ayer. Y es que muchos usuarios pensaban que Jennifer se limitaba a «parodiar» el cliché de un fanático obsesionado con un famoso.