Salud

La falta de profesionales y de inversiones hunde la Sanidad pública

Un informe de la UE y de la OCDE muestra cómo estas deficiencias suponen «una amenaza», agravada por datos preocupantes en diversas áreas

Varios profesionales sanitarios de los servicios de Urgencias y Emergencias con carteles, durante una concentración para pedir la creación de su especialidad, en la entrada del Hospital Infanta Leonor, a 27 de mayo de 2021, en Madrid (España).
Varios profesionales sanitarios de los servicios de Urgencias y Emergencias con carteles, durante una concentración para pedir la creación de su especialidad, en la entrada del Hospital Infanta Leonor, a 27 de mayo de 2021, en Madrid (España).Marta Fernández JaraEuropa Press

El informe «State of Health in the EU», realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el European Observatory on Health Systems and Policies, en cooperación con la Comisión Europea, aporta datos precisos sobre la mala situación de la sanidad española. En primer lugar, en 2021, tanto el número de graduados en medicina (14,2 por cada 100.000 habitantes) como en enfermería (23 por cada 100.000 habitantes) se encontraban por debajo de las medias de la UE (de 17,5 por cada 100.000 habitantes en el caso de los graduados en medicina y de 44,3 por cada 100.000 habitantes en el caso de los graduados en enfermería). Conforme la población envejece y la carga de las enfermedades crónicas sigue aumentando, «la escasez de personal supone una amenaza, especialmente de enfermeros y especialistas a escala nacional y de médicos generales y pediatras en las zonas remotas del país», señala textualmente el informe. La proporción de contratos de empleo temporal ha contribuido a las dificultades para cubrir los puestos de trabajo en el sistema sanitario. En el SNS, el uso de contratos temporales aumentó del 28,5 % en 2012 al 41,9 % en 2020. En un intento por revertir esta tendencia, en julio de 2022 el Gobierno tomó medidas para reducir el empleo temporal en el SNS mediante un proceso que se tradujo en la contratación de 80.000 profesionales sanitarios. Este proceso también aporta un nuevo marco legal que establece límites para el trabajo temporal mediante la modificación del Estatuto Marco del personal estatutario de los servicios de salud.

La falta de fondos es evidente ya que el gasto en sanidad, de 2.771 euros per cápita, es inferior a la media de la UE y para un sistema sanitario con cobertura sanitaria universal. El gasto público es la principal fuente de financiación, pero los niveles de pagos directos (21 %) son superiores a la media de la Unión (15 %). El sistema está descentralizado y las autoridades sanitarias autonómicas son competentes en lo que respecta a la planificación operativa, la asignación de recursos y las decisiones de adquisición y prestación de servicios.

El gasto de España en sanidad en 2021 alcanzó los 2.771 euros, cerca de un tercio por debajo de la media de la UE, de 4.028 euros. El porcentaje de financiación pública destinado a sanidad asciende al 71,6 %, muy inferior a la media de la UE del 81,1 %. Los pagos directos en sanidad representaron más de una quinta parte del gasto sanitario total (21,0 %), lo cual se encuentra por encima de la medida de la UE del 14,5 % en 2021.

Un problema que se agravó durante la pandemia fue el de las necesidades médicas no atendidas, sobre todo las referidas a la odontología: en 2022 el 4,6 % de la población española declaró haber renunciado a este tipo de atención (la media de la UE es del 3,4 %). La tasa era mucho más alta en las personas pertenecientes a rentas más bajas (10,5 %) que en las de renta más alta (0,8 %).

La diferencia entre la atención sanitaria por comunidades autónomas se mantiene. En 2020 la distribución de camas de hospital por regiones no era uniforme ya que oscilaba de 2,2 a 3,8 camas por cada 1.000 habitantes en Andalucía y Cataluña, respectivamente. Existen diferencias similares en cuanto a los equipos médicos: en las comunidades con la cifra más alta hay el doble de unidades de formación de imágenes por resonancia magnética que en las que presentan la cifra más baja, y la diferencia es siete veces mayor en el caso de los equipos de hemodiálisis.

Elnúmero de camas de hospital en España era relativamente bajo (3,0 por cada 1.000 habitantes en hospitales del Sistema Nacional de Salud) en comparación con la media de la UE (4,9 por cada 1.000 habitantes), y se ha mantenido sin cambios desde 2012. La disminución de las altas hospitalarias en 2020 en comparación con el año anterior (de 11.421 por cada 100.000 habitantes en 2019 a 9.794 por cada 100.000 habitantes en 2020) se produjo a la vez que la disminución de las tasas de ocupación, que pasaron del 76 % en 2019 al 68 % en 2020. Estas reducciones de los niveles de actividad de los hospitales reflejan el hecho de que, durante la primera ola de la pandemia, se pospusieron o cancelaron la mayoría de los procedimientos quirúrgicos programados en España (excepto el tratamiento del cáncer) y, en términos generales, la población decidió posponer sus visitas al hospital. Tanto las hospitalizaciones como las tasas de ocupación aumentaron de nuevo en 2021, pero no alcanzaron los niveles previos a la covid.

Durante la pandemia, el porcentaje de pacientes en lista de espera que aguardaron más de tres meses hasta ser intervenidos aumentó considerablemente para varios procedimientos. Por ejemplo, el porcentaje de pacientes que esperaron una artroplastia de cadera durante más de tres meses aumentó del 38,2% en 2019 al 67,7% en 2020. En 2021 cayó al 45,1%, para luego volver a aumentar al 49,3% en 2022, todavía por encima de los niveles previos a la pandemia. Pueden observarse tendencias similares para los pacientes que esperaban más de tres meses para los procedimientos de artroplastia de rodilla y cataratas. En general, el número de pacientes en lista de espera para una cirugía se ha disparado en España desde que Pedro Sánchez se convirtió por primera vez en presidente del Gobierno. Como recogió en su día este periódico, en junio de 2018, hasta 584.018 enfermos de todo tipo de dolencias aguardaban pasar por el quirófano en alguno de los hospitales de nuestra geografía después de que el especialista les prescribiera la intervención. Cuatro años después, con las cifras oficiales disponibles a junio de 2022 nuestro país ya registraba 742.518 enfermos en esa situación. Pues bien, a junio de 2023 el Ministerio de Sanidad confirmó que la cifra alcanzaba los 819.964 enfermos.

Aún colea la nefasta actuación del Gobierno durante la pandemia, en datos de este «State of Health in the EU». La covid fue la principal impulsora de la mortalidad en España durante 2020: provocó casi 75.000 defunciones, es decir, alrededor del 15,2% de las muertes, porcentaje que ocupa el segundo puesto en la UE, solo por detrás de Bélgica. La mayoría de estas muertes (el 52 %) se produjeron entre personas de 85 años o más (la media de la UE era del 43 %).

El indicador más amplio de exceso de mortalidad –definido como un número de muertes por todas las causas superior al que cabría esperar normalmente atendiendo al de años anteriores– sugiere que el exceso de mortalidad en 2020, 2021 y 2022 fue de media un 12,2 % más alto en España que en los cinco años anteriores (2015-2019). Este porcentaje está por debajo de la media del 12,6 % de la UE.

En España, después de alcanzar su máximo en 2020, el exceso de mortalidad descendió de forma significativa en 2021, pero volvió a aumentar en 2022, y se producía mientras el número de muertes confirmadas por covid en términos interanuales disminuía entre 2020 y 2022.

Esta evolución inesperada puede explicarse, en parte, por el elevado número de fallecimientos por la grave ola de calor que afectó al país en el verano de 2022.

Problemas en aumento

El consumo de alcohol en adultos en España se elevó entre 2010 y 2021 y actualmente es más alto que en muchos países de la UE y se sitúa ligeramente por encima de la media de la Unión. Sin embargo, solo en torno a un 6% de los adultos declararon un consumo excesivo en 2019, el tercer porcentaje más bajo de todos los países de la Unión. Uno de cada 4 jóvenes (24 %) de 15 años declaró haberse embriagado más de una vez en su vida.

El sobrepeso y la obesidad en los adolescentes es otro de los problemas cada vez mayores en España. Según los datos declarados en relación con 2019, el 15,4 % de los adultos españoles eran obesos (la media de la UE es del 16%). Los datos del país acerca del sobrepeso y la obesidad en jóvenes de 15 años aumentaron del 15,5% en 2009-2010 al 18,6% en 2021-2022, pero siguieron siendo inferiores a la media de la UE del 21,2 %. Las encuestas muestra tendencias descendentes, así que los datos son contradictorios. A pesar de que los niños españoles declaran hacer más actividad física, la proporción de ellos que tienen sobrepeso o son obesos (23,3 %) es superior a la de las niñas (14 %) de 15 años.

Los hábitos alimentarios no saludables pueden explicar parcialmente esta tendencia, ya que en 2022 los adolescentes declararon un consumo reducido de frutas y verduras. Otra de las rémoras enquistadas para el estado de salud de los españoles.

Problemas de salud mental

Los costes directos e indirectos de las enfermedades mentales son considerables, ya que se estima que en 2015 suponían el 4,2% del PIB español. Y es que una de cada seis personas en España tenía un trastorno de salud mental en 2019, lo cual sitúa al país entre los seis primeros de la UE. Al igual que en muchos países de nuestro entorno, los trastornos de salud mental más comunes en España son la depresión y la ansiedad; en 2021 España era el segundo mayor consumidor de ansiolíticos.

El porcentaje de personas que declara sufrir depresión en España es del 6% en comparación con la media del 5% de la UE. Las personas con renta más baja y las mujeres tienen mayor probabilidad de sufrir depresión. En España, el 9,5% de las mujeres pertenecientes a las rentas más bajas declaran tener síntomas depresivos crónicos, en comparación con el 4,8% de las mujeres pertenecientes a rentas más altas. Además, los datos de una encuesta realizada durante la pandemia en 2020 y 2021 también confirmaron que sigue existiendo una mayor prevalencia de problemas de salud mental entre las personas de renta más baja en general. El porcentaje de adultos españoles que se encuentra en riesgo de sufrir depresión es mucho mayor entre los que declaran atravesar dificultades económicas (64%) que entre los que no declaran encontrarse en tales dificultades (38%). Y otro dato: el 18% de las personas que declararon necesidades médicas no atendidas en España eran de salud mental.