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Feminismo antiespecista: cuando aparearse, comer huevos o beber leche es machista

La nueva corriente animalista Defiende no solo que humanos y otros animales seamos iguales, sino que hay que proteger a las hembras de la explotación humana y de los machos de sus especies.

  • Desde Almas Veganas desataron la polémica al afirmar que separan a las gallinas de los gallos para que «no las violen»
    Desde Almas Veganas desataron la polémica al afirmar que separan a las gallinas de los gallos para que «no las violen»
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

01 de septiembre de 2019. 11:20h

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Belén Tobalina Madrid. 31/8/2019

El feminismo antiespecista o el feminismo animalista ha vuelto a ser el centro de la polémica después de que, desde el santuario animal Almas Veganas, afirmasen que «hay que separar a los gallos de las gallinas para evitar que las violen». Sus reinvindicaciones no se limitan a la industria del huevo y reclaman que todos los animales (incluidos los humanos) deberían tener los mismos derechos. De hecho, les otorgan la categoría de «personas». Tal es así que aseguran que «utilizar animales es una actitud fascista porque discriminamos por especie». Un término, «fascista», que tienen muy presente. Este periódico se puso en contacto con ellas y declinaron la opción de abordar este asunto, ya que «sois unes (no es un error) fascistas y no nos interesa hablar para vuestro medio. No lo decimos por ti, sino para el medio en el que trabajas», añadieron. Por cierto, que también son anticapitalistas, aunque contestaron a canales de televisión privados.

Pero, ¿han inventado algo? No. El feminismo antiespecista no se trata de una corriente nueva. Eso sí, se trata un movimiento que cada vez tiene una mayor fuerza, pese al escepticismo de muchos. El antiespecismo (como el Frente de Liberación Animal que en agosto liberó a 40 gallinas que tenían unos okupas en Vitoria) es el rechazo a que los demás animales sean discriminados por motivo de su especie. Léase, todos somos iguales. Y el feminismo antiespecista considera que hay que luchar por las hembras explotadas del reino animal y que se proteja por ende a las hembras de todas las especies. Dicho de otro modo, que una mujer (o un hombre) feminista debería ser vegano y, por ende, no tomar lácteos ni huevos, entre otras cosas. Pero la protección a la que se refieren no es solo del ser humano, sino también de los machos de cada especie.

Traidoras de género

La organización PETA pidió tiempo atrás, tal y como recogió la Prensa en su día, que se dejara de comer huevos dado que se trataba de una «forma de explotar a las hembras» y llegó a calificar a las mujeres que comían huevos como «traidoras a su propio género» y «antifeministas». Reivindicando por tanto la consigna del movimiento: una feminista ha de ser antiespecista. La senadora mexicana Jesusa Rodríguez publicó en su cuenta de Twitter que en el Día de la Mujer no fueran olvidadas «las hembras de todas las especies». «Las vacas, las puercas, las burras, todas las hembras somos iguales y tenemos que tener igual respecto e iguales derechos»y que la «lucha feminista si no es antiespecista no lo es». Una corriente que muchos consideran una forma de encorsetar a la mujer y al hombre feministas. Y dentro de esto, también las hay que separan al hombre con acciones en las que solo pueden acudir mujeres. O que se refieren a la supremacía del hombre blanco. Así, la asociación Libertad Animal Navarra defiende que «debemos comprometernos con cuestiones críticas sobre nuestras dietas», así como «descolonizar nuestras mentes y cuerpos del patriarcado de la supremacía blanca».

Pero, ¿tiene base científica esta corriente? Preguntamos a Juan José Badiola, ex presidente del Colegio General de Colegios de Veterinarios de España. Empezamos primero con lo de los gallos «violadores». Tras expresar su «máximo respecto por todas las opiniones», explica que «no sé si las gallinas sentirán que son violadas cuando son montadas por el gallo, pero cuando no quieren ser fecundadas se apartan, algo que pasa en la mayoría de las especies, y el gallo va a por una que no se aleje». Otro ejemplo son las ovejas. Si han acompañado a pastores sabrán que se montan y mucho sin que éste medie. Otro caso totalmente distinto sería cuando se necesita la mano del hombre por medio (el «mamporrero»).

«Hemos avanzado mucho en el conocimiento del comportamiento animal, de la etología, en luchar contra el trato indebido, el maltrato y el salvajismo. La sociedad española ha avanzado mucho en este sentido, pero decir que somos iguales no está fundamentado científicamente. Desde el punto de vista veterinario no tiene sentido afirmar que somos iguales, somos especies distintas. Son seres vivos, con el sistema nervioso desarrollado, de hecho fisiológica y anatómicamente somos muy parecidos, aunque nos diferencia la capacidad de entendimiento». Aun así, muchos lo creen, el problema es que lejos de enganchar a más personas pueden producir el efecto contrario o peor aún: «Este tipo de afirmaciones suelen restar en vez de sumar. Los extremos pueden producir una respuesta contraria de la que se persigue. Y decir que separan a los gallos de las gallinas para evitar que las violen no beneficia en absoluto a la lucha contra el maltrato y las agresiones a mujeres».

Desde el mundo animalista, hablamos con una asociación desde la que nos piden no ser citados, ya que al final «discutimos entre nosotros y no hacemos lo que tenemos que hacer», aclaran. «Aunque muchas de las reivindicaciones son justas, con el lenguaje que emplean el mensaje importante no llega». Y es que sí, las gallinas no tienen 300 huevos de forma natural ni las vacas dan leche si no fuera porque han parido y esta leche sería para la cría, pero de ahí al otro extremo...

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