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Los protones que salvaron a Iván

Tras 24 operaciones, aún le quedaba un 5% de tumor. Viajó a EE UU para tratarse y algunos doctores hablan de curación.

  • Iván ha superado 24 operaciones
    Iván ha superado 24 operaciones

Tiempo de lectura 4 min.

15 de febrero de 2018. 14:38h

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Belén V. Conquero 14/2/2018

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La mirada de Iván ya no es la misma. Acaba de cumplir ocho años y, aunque su tamaño no va acorde con su edad, nunca ha estado tan bien. «Algunos médicos nos hablan de curación», pero su padre Marcos es más cauto, le aterra pronunciar la palabra «curación», «¿Y si en unos años nos da un susto?». No quiere lanzar las campanas al vuelo, sobre todo porque a Iván aún le queda un largo camino para hablar de recuperación total. Eso sí, ha superado lo imposible. «No conozco a ningún niño con glioblastoma –el más agresivo y letal entre niños y adultos– que lo haya conseguido».

Es único, como también lo son sus padres que, cuando les dijeron en 2012 que a su hijo sólo le quedaban dos días de vida, no quisieron creérselo. «Sabíamos que quería luchar». Lo tenían muy claro y por eso no dudaron en buscar, por todos los rincones del mundo, las alternativas que podían ofrecerle. Marcos es incapaz de enumerar la cantidad de neurocirujanos con los que contactó. Buscaba, desesperado, un diagnóstico que le permitiera alargar la vida de su hijo, disfrutar de más ratos con él. El cáncer sigue siendo la principal causa de muerte por enfermedad entre la población infantil.

El afán de supervivencia de este «pelón» le ha llevado a superar 24 operaciones. En muchas de ellas tuvo un papel clave José Hinojosa, neurocirujano del Hospital Quirón Pozuelo. La última, de marzo de 2016, «le dejó sólo un 5% del tumor», recuerda su madre Patricia. Ese pedacito de células malignas no dejaban descansar a sus padres ni al Cuerpo Nacional de Policía al que pertenecen y que no dudaron en movilizarse para intentar ayudar al pequeño. Los dos son inspectores y pilotos.

Las muestras y el historial médico de Iván han viajado por todo el mundo, «desde Grecia hasta Londres y Estados Unidos», recuerda Marcos. Siempre en busca de esa terapia o de ese doctor que podía darles esperanza. Así fue como, tras contactar con un médico de Houston (Texas, Estados Unidos), decidieron viajar allí con el pequeño. «Se portaron de maravilla con nosotros». En esa pequeña excursión es en la que se dieron cuenta de que en Norteamérica su hijo tenía muchas más posibilidades de mejorar. Allí, concretamente en Oklahoma, en la zona más interior del país, Marcos encontró la solución para que esa mínima porción de tumor maligno pudiera desaparecer del cerebelo de su hijo. La Clínica Procure es de los pocos centros del mundo donde utilizan los protones –una partícula subatómica– para erradicar el cáncer definitivamente. Este tratamiento es un tipo de radiación mucho menos invasiva que la radioterapia común. Gracias a la ayuda de una doctora española que les prescribió el tratamiento, a los padres de Iván se les abrió una nueva puerta, otra oportunidad para su hijo. Sólo les quedaba un escollo por superar: el dinero. Para las, entre 30 y 34 sesiones, que tenía que recibir necesitaban unos 95.000 euros. Y es que, por primera vez, veían la posibilidad de la curación y no querían perder la oportunidad.

Antes de decantarse por esta fórmula, Marcos –muy activo en redes y foros– se puso en contacto con los padres de otros niños que hubieran pasado por la misma situación. «Uno con los que chateé era el padre de Ashya King –el menor que salió de un hospital británico en busca de un tratamiento mejor en Málaga. Poco después se trató con protones en Praga– y me dijo que su hijo estaba muy bien». Estas respuestas tan positivas fueron las que ayudaron a la pareja a decantarse por los protones como la mejor solución para su pequeño y, gracias a la colaboración de diferentes personas gracias a la campaña que inició LA RAZÓN el 28 de mayo de 2016 cogieron sus maletas y se trasladaron a la Norteamérica profunda. «Desde el primer momento nos sentimos muy arropados. No nos faltó de nada y nos dimos cuenta de que el trato humano allí era excepcional». Sus días, aunque monótonos, no se les hicieron largos.

Durante las dos primeras semanas de su estancia allí, al pequeño sólo le preparaban para las dos horas diarias en las que recibiría la carga de protones. «Le hicieron moldes del tumor para poder atacarlo mejor». En ese momento fue cuando se dieron cuenta de que, en apenas unos meses, por su agresividad, la enfermedad se había vuelto a extender. Cada día, al entrar por la puerta, ya les estaban esperando para su terapia diaria. «Nos emocionaba ver cómo venían a por él y se lo llevaban en brazos. Tenía un perro terapeuta que se ocupaba de él. Se llamaba Indie y no le soltaba». Para ellos, su estancia allí fue como un sueño. Al salir del centro médico, les tenían preparadas actividades de todo tipo. Y llegó el momento de volver a casa, el 4 de agosto.

El regreso fue duro, «habíamos vivido en una pompa», y tuvieron que empezar a buscar un centro para seguir con la rehabilitación de Iván que, ya sin tumor, aún tiene que recuperar muchas de las habilidades motrices que el tumor le ha arrebatado. Eso sí, los médicos están impactados con la importante mejoría del pequeño. «El tumor de Iván era muy complejo y, gracias a la protonterapia, está mucho mejor», explica Hinojosa que, aún hoy, le sigue tratando. Aunque al nombrar su apellido Iván se pone nervioso. «Lo relaciona con las operaciones», explica su madre.

Ahora le queda un largo camino en la Fundación Bobath. Es el único caso de tumor cerebral del centro y, poco a poco, va recuperando su andar. Eso sí, su padre tiene clara una cosa: «Si veo que no avanza en un tiempo razonable, voy a volver a buscar otras alternativas. He aprendido mucho estos últimos años». ¿Quién sabe dónde?

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