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Perros en residencias para rescatar los recuerdos olvidados

La entidad «CuranDog» presta servicios en centros de la tercera edad con estos animales.

  • La asociación «CuranDog» utiliza las Intervenciones Asistidas por Animales para tratar con colectivos de todo tipo
    La asociación «CuranDog» utiliza las Intervenciones Asistidas por Animales para tratar con colectivos de todo tipo / gOfUNDME - NANA CHAI

Tiempo de lectura 4 min.

28 de julio de 2018. 02:20h

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Víctor Gil.  28/7/2018

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Todos queremos llegar a la vejez. Pero en el momento que alcanzamos una edad avanzada, es cuando nos percatamos de todas las penurias por las que debe pasar la tercera edad. Días como el que se celebró el pasado 26 de julio en homenaje a todos los abuelos del mundo, refrescan la memoria de muchos nietos, incluso hijos, que parecen olvidar todo el trabajo y sacrificio que llevan a sus espaldas los más mayores de la familia. Datos del INE del 2018 fijan que la tasa de dependencia en la población mayor de 64 años es del 30%. Casi 300.000 personas ancianas viven en residencias o reciben cuidados y terapias en centros de día. La pirámide demográfica española vislumbra un futuro con muchos más ancianos que jóvenes.

Mientras tanto, la situación dentro de ciertas residencias y centros sigue siendo austera. Entre otros problemas, los educadores destacan que es necesario que la innovación llegue a las terapias practicadas en ellos, que se debería ofrecer más atención a las familias y, como más importante, que el número de profesionales se adecue correctamente al número de pacientes. Según Louis Hernández, educador y voluntario en centros de día: «Que el ratio cuidador/anciano sea 4/20 o 5/30 es algo tremendo. Las personas, a estas edades, suelen ser apáticas, pueden estar en riesgo de exclusión y se necesita mantenerlas motivadas para conseguir los objetivos que plantean los terapeutas». Para conseguir que esto sea realidad, las terapias alternativas se presentan como una práctica muy útil: «Hace unos días, durante una sesión, una de las abuelas no quería seguir con su ejercicio de pintura, pero al ponerle un poco de música, solo por seguir el ritmo, continuó con su actividad», cuenta Hernández.

En este escenario, nuestros amigos perrunos vuelven a aparecer para ayudar. El trabajo de «CuranDog», entidad dedicada a hacer Intervenciones Asistidas con Animales (IAA), se adapta a una gran variedad de colectivos, desde intervenciones con niños y mayores con TEA hasta terapias dedicadas a personas con parálisis cerebral, pasando por proyectos dirigidos a personas de la tercera edad. Rocío Calle y Laura de Nicolás son las dos valientes que se lanzaron a crear esta asociación. Su motivación profesional como psicólogas sanitarias les ha llevado a diseñar un programa destinado a los mayores que tiene como nombre «Dejando Huella». Calle nos explica porqué decidieron llamarlo así: «Le pusimos ese nombre porque reflejaba muy bien los beneficios que los perros pueden producir en personas que presentan enfermedades como Alzheimer o deterioro cognitivo. Esta terapia con perros favorece el recuerdo, la reminiscencia y funciones ejecutivas».

Según las psicólogas sanitarias, la sola presencia de Lía, Nala y Tela, las voluntarias perrunas de «CuranDog», transforma el ambiente de una forma muy positiva y enternecedora. «Cuando las perritas entran en la sala hacen aflorar muchas emociones. Los pacientes que han tenido perros a lo largo de su vida, les recuerdan, nos hablan de cómo eran y cuentan experiencias que han vivido con ellos. A nuestros perros de terapia les dan muchas muestras de afecto y cariño a través de besos, abrazos o el uso del lenguaje verbal», afirma De Nicolás.

El desarrollo de las terapias varía según cuál sea el grupo y sus condiciones. Pero hay una estructura básica que se repite en la mayoría de los casos. Laura y Rocío explican el procedimiento a LA RAZÓN: «Las sesiones comienzan con la presentación, los pacientes saludan al perro e intentamos que identifiquen y recuerden el nombre del que ha ido ese día a la sesión. Después, realizamos el cuerpo de las actividades, todos participamos en juegos tradicionales adaptados para el perro, ejercicios de psicomotricidad, actividades de estimulación sensorial...etc. Tras mucha diversión, finalizamos la sesión con la despedida, a través del cepillado del perro y una caricia, beso o abrazo».

Hay que destacar que el trabajo profesional y terapéutico viene de mano de las profesionales a cargo de la sesión, las cuáles tienen formación universitaria. «Lo más importante para desarrollar este tipo de intervenciones es la planificación y la capacidad de adaptación que se requiere para poder llevarlas a cabo», advierte Calle. Esta búsqueda por el mejor servicio arroja resultados muy positivos: «Encontramos un alto nivel de motivación por parte de los pacientes, lo que favorece la consecución de los objetivos previamente establecidos», comenta De Nicolás.

Sin duda alguna, el trabajo que desarrollan las profesionales de «CuranDog» demuestra, nuevamente, la validez de los perros para ayudar a los humanos.

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