Violencia de género

Una ex que le defendía, otra que vive marcada

Morate, tras su detención
Morate, tras su detenciónlarazon

Apenas unas horas después de que se localizaran los cadáveres de Marina y Laura el pasado miércoles, la propia familia Morate-Garcés no sólo mostró su solidaridad con las familias de las jóvenes; también se sumaron a la repulsa generalizada por los crímenes de los que está acusado. «Mente perturbada», «demente», «ojalá te localicen y te encierren indefinidamente...». Su distancia con sus familiares ya parecía insalvable desde que fuera condenado por retener, agredir y amenazar con mostrar imágenes sexuales de una ex novia anterior. Una joven que, según ha podido saber LA RAZÓN, continúa viviendo en Cuenca y que no ha superado lo ocurrido. «Está enclaustrada en su casa. Prácticamente no sale», comentan en la zona. De hecho está muy protegida, y ha hecho todo lo posible para que, durante estos días, ningún medio pueda localizarla.

Con todo, parece que con otras relaciones anteriores la situación no fue tan traumática. En Palomera, otra ex pareja, que trabajaba en el bar que regenta la abuela de Morate –la familia tiene varios negocios en esta pequeña localidad de menos de 200 personas–, le defendía a capa y espada de los ataques que sufría por parte de los vecinos de Cuenca. Y es que la agresión que le costó la pena de prisión no había sido perdonada. «Le defendía siempre a muerte», añaden en la localidad. Sólo el triste desenlace de la desaparición de ambas jóvenes y la posterior detención del presunto asesino en Rumanía han dado paso a una unanimidad: como decían sus propios allegados, detrás de Morate se escondía una «abominación».