Roy Cohn, el abogado que moldeó al Trump que conocemos

HBO España emite un documental sobre su controvertida figura

Ni un guión firmado por el Billy Wilder más sarcástico o Francis Ford Coppola podría mejorar la crueles paradojas que vivió Roy Cohn. Ya se sabe que en Estados Unidos el sistema judicial ensalza a los abogados más histriónicos y con el verbo más fácil en los juicios. Roy Cohn era uno de ellos.

Polémico, furibundo anticomunista y homófobo falleció en agosto de 1986 a causa del Sida. En el memorial que homenajea a los fallecidos se dice de él: “Matón, cobarde, víctima”, tres palabras que resumen su trayectoria vital.

Cohn siempre fue un hombre ambicioso. Su primer peldaño para alcanzar la fama y la reputación de un hombre implacable sucedió a principios de los años 50 cuando, en calidad de fiscal del departamento de Justicia de Estados Unidos ejerció la acusación sobre Julius y Ethel Rosenberg, acusados de espionaje al facilitar a la URSS los secretos de la bomba atómica. Finalmente, en 1953, fueron ejecutados en la silla eléctrica.La paranoia de la Guerra Fría se cobraba dos víctimas. Nunca se demostró que esto fuese cierto. Al termino del juicio, Cohn declaró: “Si alguna vez la pena de muerte fue justa fue ese día”.

El documental se inicia con un vídeo de una de sus nietas mientras un hijo de Rosenberg, Michael Meeropol, le explica quiénes fueron sus abuelos. Meeropol afirma en la producción: “Era brillante, polémico y un loco al margen de la ley”.

Su trabajo llamó la atención del director del FBI, Hoover, que le recomendó al senador Joseph McCarthy que le contratase como su principal abogado durante el Subcomité Permanente de investigaciones del Estado, más conocido como “la caza de brujas”. El objetivo era acusar a todos los sospechosos de ser comunistas y, por lo tanto, antiamericanos. Se convirtió en una celebridad por la agresividad que mostraba en los interrogatorios pero, sin embargo, todo se torció. Cohn era homosexual en un círculo en el que McCarthy señalaba que “los homosexuales y los judíos son una mancha roja”. El joven abogado cumplía los dos requisitos, pero lo que acabó con él fue una estratagema que le salió mal. Colocó a su amante G. David Schine como consultor de McCarthy. Cuando Schine fue reclutado por el Ejército de EE UU movió todas sus influencias, que eran muchas, y se dice que amenazó con destruir al Ejército si no se cumplían sus demandas. Quien fue destruído fue él. McCarthy y Cohn acusaron de que el Ejército estaba reteniendo a Schine como “rehén” en un intento de silenciar las investigaciones de McCarthy sobre los comunistas en el Ejército. Durante las audiencias, se presentó una fotografía de Schine, y Joseph N. Welch, el abogado del ejército en las audiencias, acusó a Cohn de manipular la imagen.

Parecía el principio del fin, pero el abogado -aparte de organizar fiestas privadas con chicos jóvenes y guapos, dignos de posar en un calendario- se dedicó a coquetear profesionalmente con representantes demócratas y repúblicanos. Lo solía hacer en “El Morocco” de Nueva York, frecuentado por políticos y artistas. En ese momento era el lugar más liberal y exquisito de la ciudad.

Un nuevo golpe de suerte: en 1971 conoció a Donald Trump, que necesitaba un letrado tan vibrante como él para defenderle de las acusaciones del Departamento de Justicia. Curiosamente, como dice el propio Cohn en el documental: “A Trump no le gustaba la política”.

No abandonó su faceta de “bon vivant”. Celebró uno de sus cumpleaños en Studio 54. Entre sus invitados estaba Andy Warhol. La discoteca era conocida porque permitía a sus invitados deshinbirse sexualmente y, además, la exclusiva planta de arriba era un paraíso para los gays. Así lo afirma el cineasta John Waters, que en la producción analiza la vida íntima de Cohn y el dramaturgo Tony Kushner, que le convirtió en uno de los personajes de “Angels of America”. En la obra de teatro interpretó a un Cohn enfermo de Sida, Nathan Lane. En la adaptación televisiva, que se puede ver en HBO España, el papel lo encarnó Al Pacino.

En 1984 le diagnosticaron la pandemia. Insistió hasta el final de sus días de que padecía cáncer de hígado. Falleció en 1986 a causa de complicaciones relacionadas con el Sida.