Cumbre de Perera y De Justo en la traca final de Arles

Miguel Ángel corta dos trofeos, al igual que Ferrera y Emilio una de cada toro, en una tarde importante

Toros en Arlés
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Nada más comenzar el festejo Antonio Ferrera ya lo puso del revés. Cambió el lugar donde de manera habitual se pica al toro para hacerlo en la contraquerencia de este ruedo ovalado que obliga a integrar de nuevo qué papel juega cada uno. A Perera y De justo les pilló desubicados y tardaron en encontrar el lugar. La suerte de varas fue muy emocionante. El Jandilla tenía fiereza y así acudió al peto. Levantó al caballo y le dio un par de vueltas mientras Antonio Prieto lograba amarrarse ahí arriba. A Emilio justo después se la atribuyó uno de esos quites de precisión quirúrgica cuando el toro apretó a un banderillero. Tuvo mejores principios que finales el toro, que no se cansó de embestir en la muleta de Ferrera, esforzado y por fuera.

Faena inquietante

Dos trofeos se llevó del cuarto de una faena inquietante. El toro apretó en el peto y con la altura de agujas que tenía le costó humillar en la muleta. Ya se puso a la gente de su parte al acceder Ferrera a banderillearlo. Jugó con los terrenos a placer descolocando incluso a su propia cuadrilla en ocasiones. Los dos últimos pares, explosivos. La faena, extensa, tuvo de todo, pero poco de relajación y fundirse con el ritmo del toro. Se fue a matar, como hace otras veces, con mucha distancia y a la primera fue un metisaca, después metió la espada y el público enloqueció. Su puesta en escena es un desubique constante.

Y así fue la historia del doble trofeo, que igualaba la faena de Perera en el segundo, pero aquello había sido otra película. Miguel Ángel formó un lío gordo a ese Jandilla y no lo pareció cuando el toro echaba las manos por delante en los primeros tercios. Después vino la fusión entre ambos y todo un universo de posibilidades que se le abrieron a su paso a Perera.

Perfección

La suavidad de su muleta, la espera en el cite y obligarlo a viajar sacaron la mejor versión del Jandilla. Y una vez ganado el envite vino el toreo, porque Perera no le permitió otra cosa y en la perfección de sus formas el toro acabó por repetir incesante en la muleta. Ya al final se metió entre los pitones y fue una explosión en el tendido, porque lo que hace tiene mucha verdad. Y eso derrota todas las barreras. La espada le entregó el doble premio, su trasteo fue de altura.

El quinto fue bronco y pegajoso y con su trabajo logró meterse en vereda en una larga faena.

Morenito de Arles pasó lo suyo para parear al tercero, pero lejos de venirse abajo se fue al toro y le sopló un emocionante par por el que se desmonteró. Emilio de Justo inició la faena por abajo genuflexo y abrió a su vez todas las vías al toro, que se metía por dentro peligrosamente. Emilio fue capaz de asomarse al vacío sin que le costara o lo pareciera y firmó una faena muy seria, asentada, en las siempre cercanías con el animal, no de distancia, sino de la disposición de pasarse al toro por la barriga en cada encuentro y empujarlo hasta el final. Fueron compañeros perfectos de viaje.

Vuelta al toro

Cuando De Justo fue a coger la espada en el sexto llevaba una sonrisa de oreja a oreja. De quien viene de gozarlo. Felicidad se llama. El toro había sido un regalo de bueno, por ambos pitones incansable y premiado al fin con la vuelta al ruedo. No se dejó nada dentro, lo cuajó a placer por ambos pitones, despaciosidad, en una irrompible verticalidad que hacía girar el toreo alrededor de él, llevar al toro (bendito) a la media vuelta de la cadera, porque los muletazos no querían morir. Con los vuelos quiso buscar todas y cada una de las embestidas del Jandilla y fue pronto cuando él lo gozó y el resto éramos los invitados del evento. Entró la espada, pero apuró la caída del toro y le penalizó después.

La tarde, tan espectacular e impecable de puesta en escena como la vuelta de Talavante, acabó por ser un incendio.

Ficha del festejo

Arles (FRANCIA). Tercera de la Feria del Arroz. Corrida goyesca. Se lidiaron cinco toros de Jandilla y uno Vegahermosa, 3, serios y bien presentados. El 1º, movilidad, repetición y fiereza, con derrote final; el 2º, repetidor y noble; el 3º, repetidor pero metiéndose por dentro; el 4º, repetidor y falto de entrega; el 5º, bronco y pegajoso; el 6º, gran toro, premiado con la vuelta al ruedo. Media entrada.

Antonio Ferrera, de blanco y negro, aviso, dos pinchazos, casi entera (silencio); metisaca, estocada (dos orejas).

Miguel Ángel Perera, de rojo y negro, estocada desprendida (dos orejas); media, aviso, descabello (saludos).

Emilio de Justo, de canela y negro, estocada (oreja); estocada caída, aviso (oreja).