Toros

El día de la ilusión

Palazón y Ureña tocan pelo en la primera corrida de Hogueras

El diestro Francisco José Palazón dando un derechazo en Alicante / David García
El diestro Francisco José Palazón dando un derechazo en Alicante / David García

Alicante. Segunda de la Feria de Hogeras. Se lidiaron toros de Luis Algarra, bien presentados y, excepto los dos primeros, de poco juego.

Francisco José Palazón, de celeste y oro, media y descabello (oreja tras aviso); pinchazo, estocada y descabello, aviso (ovación).

Paco Ureña, de coral y oro, entera (oreja); dos pinchazos, aviso, estocada (ovación).

Román, de plomo y oro, pinchazo y estocada (ovación tras aviso); dos pinchazos, aviso, descabello (palmas).

De las cuadrillas destacaron Raúl Martí, Palomeque y El Sirio.

Hasta tres motivos de fiesta se dieron en el mismo día de ayer: la festividad de San Luis Gonzaga, patrón de la juventud -y de joven cabe calificar a la terna encargada de protagonizar la primera corrida de la feria de Hogueras-, la llegada oficial del verano -con lo que conlleva de optimismo, viendo el personal ya la cara a las vacaciones, que buena falta van haciendo- y, muy especial también, para los aficionados alicantinos y, en general, para todos los que se acercan de una manera u otra al mundo de los toros, la reaparición, en público y vestido de luces, de Francisco José Palazón, diestro local que ha pasado los últimos años luchando contra el cáncer y no por ello ha dejado a un lado su ilusión por seguir siendo torero.

Fue obligado por sus paisanos a salir a saludar tras romperse el paseíllo , ovación a la que se sumaron sus compañeros de cartel, y fue aplaudido un poco más tarde al lancear a la verónica al toro que abrió plaza. Tuvo enfrente a un murube de Algarra, bravo y codicioso, con el que se metió en harina sin tanteos ni probaturas. Poco a poco su quehacer se fue asentando y tomando forma. Toreó con mando y hondura con la derecha y largura y profundidad en naturales interminables, sobre todo en la primera tanda, dejando al final una media estocada sufienete para que a sus manos fuese una muy merecida oreja. Fue éste, junto al segundo, el de mejor son de un conjunto bien presentando pero de poco fondo y que duró menos.

Recibió con una larga de rodillas a su segundo, no por feo menos serio que el resto del encierro. Hubo de nuevo bastante descontrol entre el peonaje y susto cuando el toro enfiló el portón de cuadrillas que esperaba entreabierto a los picadores. No pudo redondear la tarde Palazón, que derrochó ilusión y ganas, pero la poca fuerza de su antagonista le llevó a una pelea muy a contraestilo, sin posibilidad de mostrar su clase sino con cuentagotas, viendo con decepción y rabia cómo se le iba en blanco, con probaturas sin resultado, su segundo turno.

Empujó en varas el segundo, más bajo y suelto en los primeros tercios. Brindó Ureña a Palazón la muerte de este toro que tuvo fijeza y fue pronto en la muleta, noble y humillado, basando su faena sobre el pitón izquierdo, si bien el empeño del torero murciano de ponerse muy cerca oscureció en parte el gran aire que tuvo su oponente, aunque sí hubo emoción para el tendido.

Se encajó perfectamente con el capote Ureña al recibir al muy alto quinto, cuyas hechuras, junto a su mucho volumen, no favorecieron su comportamiento, costándole mucho seguir el engaño y parándose en cuanto le faltó resuello, obligando a su matador a exponer y luchar contra corriente en busca de lucimiento. Abase de tesón y esfuerzo logró sacar todos los muletazos que tuvo el material del que se dispuso y perdió la puerta grande al demorarse con el estoque.

Se lució Román al torear de capa al hondo y engatillado tercero, manso en el caballo y suelto en el segundo tercio, en el que se le dieron muchos capotazos. Iba a brindar a Palazón cuando se le arrancó de improviso el animal, enjaretándole una serie de derechazos de rodillas. Tras el postergado brindis se fajó valientemente con una res que le protestó siempre y que buscó rajarse, aguantando el valenciano sin inmutarse hasta completar una faena valiente y solvente que no tuvo refrendo con la espada.

Derribó el sexto al piquero y no se llevó a Román por delante en el quite de milagro. Siempre a la defensiva, probón, midió siempre al torero este que cerró plaza, siendo el torero quien hizo todo el gasto, otra vez muy valiente, dejándose poner los pitones en el pecho y haciendo de todo. Muy firme y dejando ver una actitud encomiable y muy de agradecer.