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"Pantojavivientes": Isabel, desolada por la traición de las Azúcar Moreno

La tonadillera encuentra nuevos enemigos en las Azúcar Moreno y expulsan a Loly Álvarez

El sofocón de Pantoja en directo
El sofocón de Pantoja en directo

En “Pantojavivientes” no se sale de un drama cuando se entra en otro, que siempre tiene la misma protagonista: Isabel Pantoja. Para empezar, la tonadillera se está deshidratando de tanto llorar.

En “Pantojavivientes” no se sale de un drama cuando se entra en otro, que siempre tiene la misma protagonista: Isabel Pantoja. Para empezar, la tonadillera se está deshidratando de tanto llorar. Llora por los ataques de Carlos Lozano que, listo él no disimula su vocación de ser el “macho alpha” y sabe que es la presa para lograr vídeos en todos los programas; llora por la “traición” de las Azúcar Moreno, que, cuando ella no estaba -aunque es omnipresente- largaron sobre ella que si es “altiva”, que lo es, que va de “sobrada”, que también, y que habla cuando quiere y a quien quiere... ¡Faltaría más! Es una pena porque Pantoja horas o días antes estaba feliz porque así, a la primera, como si lo hubiese hecho toda la vida, pescó un pez. Le dio más alegría que si le dan un disco de oro, que ni está ni se le espera.

Sigamos con sus lágrimas en “Pantojavivientes” porque por lo menos está semana deja la esterilla para dormir en una cama con sábanas limpias y ¡almohada y todo!, como exclamó Jorge Javier Vázquez. Lo decidió el voto popular o la dirección del programa o Paolo Vasile directamente, tanto da, porque hay que mimarla porque es la “especie protegida” y lo sabemos y lo queremos todos. ¡Por favor que no se le caiga un coco encima, que sólo se los coma y que no se le rompa ni una uña! Sorprendió que, al enterarse de que sería la única que dormiría en cama -mejor así, porque sus ronquidos son la mejor defensa ante el ataque de cualquier bicho animal o humano que habite la isla- pidiese que la acompañara alguien. No lo dijo por lo que alguna mente sucia esté pensando. Yo lo interpretó como el deseo de una mujer que tiene miedo a dormir sola; ella, que se ha ido aislando del resto de la humanidad y se cobija en su núcleo duro.

Hablando de sus fieles. Su hijo Kiko no estuvo ayer en la gala porque le dio un ataque de cuernos. Mejor explicarlo: el chico cree que sus intervenciones merecen una compensación económica mayor, como si ya no fuese bastante lo que cobra por hablar de la madre que le parió y la que le ha hecho rico, para después arruinarse, por ser de quien es. Así no, Kiko.

Del resto de concursantes ni me acuerdo. Supongo que me daré cuenta de ellos cuando vayan saliendo. Porque, además de Pantoja, Carlos Lozano tiene que estar porque es un follonero, las Azúcar Moreno porque Toñi no es que sea ordinaria, es lo siguiente, y precisamente esa es su gracia. Y Chelo García Cortés... pues como va de corrillo en corrillo sazona un poquito las discusiones.

Ayer, echaron a Loly Álvarez, la pobre -bueno no, tiene una pareja que algún día tendrá tres millones de euros- y se quedaron dos de esos concursantes de relleno extraídos de “Mujeres, hombres y viceversa” y “de si te he visto, ni me acuerdo”.

Loly, que se peina su larga melena con un tenedor, creía que volvía a Madrid. No se sabía si le ilusionaba más reencontrarse con su amor o con su perro. Se fue orgullosísima porque todos sus compañeros la quieren, pero en pleno subidón le dio un chungo al saber que viviría sola en el palafito en calidad de “pirata olvidada”. Como si fuera su último deseo antes de perecer, suplicaba que la dejasen volver a España con su perro en ese momento de bajón que tienen todos de “si lo sé no vengo”. La Pantoja también lo dijo, pero aguantará en Honduras al menos cuatro programas más. Después, ya se hablará de “Supervivientes”.