Viaje a Miconos para todos los gustos: juerga, romanticismo y mitología griega

La famosa isla sale de su fama juerguista para ofrecer un amplio repertorio de actividades en los que disfrutar de una futura (y esperamos que pronta) escapada

Ya desde tan atrás como los años 50, las islas griegas se han abierto un hueco entre los destinos más codiciados del mundo mientras turistas de todo el mundo acuden hasta aquí en peregrinaje. Alrededor de 30 millones de personas las visitan cada año, atraídas como el mosquito a la luz por las casas redondas de un blanco absoluto, en comunión con el azul del mar y de los tejados. Las estampas son fantásticas, cada fotografía tomada servirá como nuevo fondo de pantalla sin necesidad de filtros.

Aunque también pienso que la belleza no es el único atractivo de las islas. Después de setenta años recibiendo turismo internacional, han conseguido ofrecer una amplia gama de experiencias a los visitantes, prácticamente personalizadas para cada individuo, y la isla de Miconos es un ejemplo perfecto de esta variedad.

Para los entusiastas

La fiesta en Miconos es parecida a la de Ibiza. Veinticuatro horas al día, sin importar si hace sol o hace luna, regada con música electrónica y coloridas dosis de alcohol. Lo que viene a ser la clásica fiesta en una isla paradisíaca. Un clima de fiesta eterna, dirigida al compás de la batuta de Dionisio, parece haber resucitado desde los años de mitología para instalarse en las playas, hoteles y apartamentos para jóvenes. Playa Paradise es uno de los altares preferidos del dios de la juerga en la ciudad. A partir de las 5 de la tarde se transforma en una discoteca al aire libre, moteada de barras de bar y de tumbonas. Entre las que destacan aquellas del club Cavo Paradiso, cuya piscina y restaurante están situados en una colina sobre la playa.

Como un enorme tablero de juego, de paraíso en paraíso la noche impulsa a los más fiesteros hasta Paradise Club, una de las discotecas más conocidas de la isla. Por una entrada que oscila entre los 15 y 20 euros, es posible participar en el baile que marcan algunos de los DJ más conocidos del mundo a las orillas del Egeo. Tiesto, Nervo y Afrojack son algunos de los que han hecho gala de su destreza musical en este club fundado en 1969, considerado como el 14º mejor del mundo y un referente en lo que respecta a discotecas en islas paradisiacas.

Más alejada de las playas, la fiesta en Chora, capital de la isla, tampoco se queda atrás. Space Dance podría ser el destino perfecto para los amantes de la música electrónica, ya que suenan diferentes canciones en cada una de sus zonas y se permite bailar hasta desgastarse todo el sudor entrada la madrugada. La discoteca al aire libre Skandinavian Bar tampoco se queda atrás. Pero si lo que buscas es un lugar donde fiestear durante el día entero, la calle Zouganeli es el lugar que andas buscando. Sus locales hacen de bares durante el día y discotecas al llegar la noche (aquí también acuden los mejores DJ del mundo), consiguiendo el tipo de diversión perfecto para cada momento.

Para los románticos

Pero no todo es estruendo y alcohol. Pese a que las islas griegas como Miconos han sufrido el estigma de ser ciudades dirigidas a este tipo de juergas, la realidad es que, pese a ser tan chiquita, tiene espacio para toda clase de diversiones. Pequeña Venecia, uno de los barrios más conocidos de Chora, quizá sea el lugar ideal en el que comenzar una escapada romántica a la isla. Su nombre griego es Alevkandra, que procede de la palabra lavar, ya que era aquí donde acudían las lavanderas para lavar su ropa en tiempos pasados. En todo el lugar se respira el aroma suave de esta práctica desaparecida, el mar parece frotar los edificios más próximos al agua como lo haría una lavandera con las sábanas. Sus casas del siglo XVIII tienen las mejores vistas al mar y suponen el lugar ideal en que buscar alojamiento, si lo que buscas es sorprender a tu pareja y regalarle unas vacaciones inolvidables. Aunque te aviso: no es barato.

Tampoco podemos olvidar las puestas de sol, mágicas. Unos dicen que las mejores se atrapan en Pequeña Venecia, podría ser, pero puestos a elegir no dudaría en subir al excelente mirador que ofrecen los molinos en lo alto de Chora. Al caer el sol, se mezcla su luz con el tono plateado del mar y colorea de un rabioso púrpura los edificios blancos de la ciudad. Parecería que el astro quisiera agarrarse a los muros para no desaparecer.

Desde el casco antiguo de Chora (de paseo imprescindible) hasta las playas de la isla. No todas están destinadas a la fiesta, es posible encontrar pequeñas calas con capacidad para menos gente y sin espacio para bares donde disfrutar de la tranquilidad de un baño. Solo el ruido de las olas, y quizá de algún pelícano adormilado, harán de música en este escenario idílico.

Para los amantes de la Historia

Aunque la isla tiene un puñado de lugares que visitar para los aficionados a la Historia, tal y como pequeñas iglesias ortodoxas o los propios molinos, propongo a los curiosos arriesgar, salirse del recorrido estipulado, saborear unas gotas de mar. Disfrazarse, por ponerlo de alguna manera, como esos viejos personajes que han decidido conocer. Para conseguirlo hará falta subir en uno de los barcos que llevan a la isla de Delos.

Brutal, Delos. Cuenta la mitología que fue en esta isla donde Leto dio a luz a los dioses Apolo y Artemisa, dos de los más importantes del panteón olímpico. Pero hay todavía más, ya que se dice que la propia isla surgió de las aguas por mediación del tridente de Poseidón, dios de los mares. Con un origen como este, es impensable que la isla no fuera una de las más espirituales durante el periodo helenístico, muy por delante en importancia con respecto a Miconos, y que en la actualidad sea considerada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

El punto fuerte a visitar en esta pequeña isla, de apenas 5 km de longitud y donde no hay hoteles para alojarse, son las ruinas griegas. Un buen puñado de ellas, las suficientes para saciar el apetito. El Templo de Delos, dedicado a Apolo, quizá sea una de las ruinas más impresionantes. Hasta aquí acudían peregrinos de toda la Hélade como hacen ahora los cristianos a Santiago. Se respira entre las columnas derruidas un olorcillo seco y perfumado por la sal, el aroma de un dios muerto, y es aquí donde uno descubre que pocas cosas distinguen a un griego de hace dos mil años y a un español en la actualidad. Quizá la ropa que vista. Pero todos necesitamos algún dios al que adorar.

Sigue la visita entre las ruinas intercaladas por leyendas. La fuente de Minos, ese rey semilegendario de Creta y conocido por haber encerrado a un Minotauro en su laberinto; el templo de Hera, curiosamente destinado a la esposa de Zeus cuando Apolo y Artemisa fueron fruto de una infidelidad del rey de los dioses; el Stoivadeion, una plataforma rectangular con la estatua de Dioniso como recordatorio impremeditado de la juerga en Miconos... Son tantos y tan ricos en historia y leyendas los sitios para visitar en Delos, que no tendría sentido haber llegado hasta Miconos sin pasar también por esta isla, tan próxima y fácil de acceder.