Turismo de guerra: los campos de batalla que regaron Valladolid

Desde las primeras victorias cristianas en la orilla del Duero, hasta las derrotas bilaterales de la Guerra Civil y pasando por la Guerra de las Comunidades, Valladolid ha servido de escenario para los conflictos bélicos más significativos de nuestro país

Castillo de la Mota, en Medina del Campo. Ha sido escenario de los conflictos entre Castilla y Aragón, los Comuneros y las guerras napoleónicas.
Castillo de la Mota, en Medina del Campo. Ha sido escenario de los conflictos entre Castilla y Aragón, los Comuneros y las guerras napoleónicas.Alfonso Masoliver

No debería sorprendernos que Valladolid haya sido escenario de numerosos conflictos bélicos en nuestro país, de traiciones y de hazañas, un entramado de pinares, campos infinitos y hierro por desenterrar. Basta un vistazo rápido a su posición por encima del río Duero para comprenderlo, que es frontera natural donde las haya como todo río importante. Poseer el Duero ha sido a lo largo de la Historia motivo de ambición para los generales más capaces, desde tan atrás como el año 756, cuando una racha de malas cosechas obligó a los musulmanes a replegarse hasta su orilla sur. Concediendo una oportunidad a las tropas cristianas para reorganizarse y conformar sus propios reinos.

Batalla de Simancas (910)

Pero el río es ambicioso, reclama un pago alto antes de ser poseído. La batalla de Simancas, que enfrentó a 100.000 musulmanes contra los ejércitos leoneses, pamploneses y castellanos en el año 910, se sucedió a lo largo de seis odiosos días y su brutalidad fue inaudita. Las crónicas de la batalla se asemejan a las de cualquier combate épico, una guerra como las de Troya, narrando los sucesos con amplias paladas de espiritualidad y pequeñas dosis de magia. Se dice que ocurrió un eclipse solar varios días antes del enfrentamiento, buen agüero para unos, pésimo para otros, y los tesoros de oro, joyas y plata que arrebataron Ramiro II y sus adláteres a los vencidos habrían hecho palidecer al mismo Hernán Cortés. El resultado de la batalla estuvo claro: una victoria cristiana con el comienzo de la repoblación en la orilla sur del Duero, consolidación definitiva de los reinos cristianos y primera gran derrota de Al-Ándalus.

Hoy Simancas hace de refugio para los cuentos de este estilo. El Archivo General de Simancas guarda toda la documentación existente sobre el reinado de los Austria, digamos que forjó en sus propias entrañas una de las leyendas fundamentales de nuestro país y después quiso descansar, como lo haría un anciano agotado, recibiendo para sí historias nuevas que hoy protege en alianza con el Duero.

Batallas de Olmedo (1437 y 1467)

A lo largo de los siglos siguientes, moldeados por conflictos señoriales como pudo ser el que enfrentó a la Casa de Lara con la Casa de Castro, numerosas localidades de Valladolid afianzaron su poder. Se transformaron en bastiones imprescindibles para mantener el control sobre el reino castellano, lo que hoy conocemos como pueblos o villas fueron entonces más importantes que ciudades enteras. Ya decía el dicho: “Quién señor de Castilla quiera ser, a Olmedo de su parte ha de tener”. A lo largo del siglo XV, esta bellísima localidad que hoy hace de baluarte del mudéjar castellano fue campo de matanza para traidores y ambiciosos.

Murallas de Olmedo. Hasta aquí cabalgó Enrique IV para engañar a sus enemigos y hacerles salir de la villa.
Murallas de Olmedo. Hasta aquí cabalgó Enrique IV para engañar a sus enemigos y hacerles salir de la villa.Alfonso Masoliver

En 1445 sucedió la última batalla en la guerra civil castellana que ya venía prolongándose desde 1437, y bastó la imprudencia de un príncipe para enzarzar el combate. Resulta que Enrique IV, que por entonces era Príncipe de Asturias, trotó temerariamente hasta las murallas de la ciudad subido a su corcel, provocando que sus defensores salieran en tropel para atraparlo. De inmediato se presentaron los ejércitos de su padre, colocados a su retaguardia, y nombres nobles y odiados por la Historia se barajaron con el acero: Juan Pacheco, Álvaro de Luna, Enrique de Trastámara, Íñigo López de Mendoza, Fadrique Enríquez, Fernando Álvarez de Toledo y Sarmiento... hasta terminar la batalla, y la guerra con ella, a favor de la corona castellana.

Pero más feroz sería la batalla de 1467. Se reprodujo un angustioso déjà vu al tratarse de otra guerra civil castellana, en una localización idéntica, protagonizada por muchos de los nombres anteriores. En este caso, Enrique ya era rey mientras su hermano Alfonso (ambos hermanos de Isabel la Católica) procuraba disputarle el trono; Álvaro de Luna había sido recientemente decapitado y sus descendientes cabalgaban junto a Alfonso, el nombre de Juan Pacheco todavía resonaba en las lenguas estupefactas de los soldados porque había preferido evitar la batalla y se encontraba en Segovia para obtener el maestrazgo de la Orden de Santiago. Tan reñida fue la batalla, tan sangrienta, que los historiadores se encuentran divididos a la hora de señalar un vencedor.

Batalla de Villalar (1521)

La que muchos consideran la derrota definitiva del movimiento comunero contra el Emperador Carlos V. La batalla que arrastró a Padilla, Bravo y Maldonado a ser decapitados en la misma localidad que hoy recibe el nombre de Villalar de los Comuneros. Un obelisco levantado en 1889 recuerda el punto exacto en que descendió el filo de su verdugo. Otra vez, Valladolid hizo de núcleo bélico para los conflictos internos de Castilla, otra vez sus ciudades, pueblos, ríos, montes, llanos fueron objeto de codicia para los cazadores del poder. Debe saberse al visitar este apacible pueblo. De haber resultado esta batalla con la victoria de los comuneros, quizá Carlos habría perdido sus reinos españoles, los Austria nunca habrían gobernado España y la Historia habría tomado cauces completamente desconocidos.

Ejecución de los comuneros de Castilla en Villalar.
Ejecución de los comuneros de Castilla en Villalar.Antonio Gisbert Pérez

Teniendo en cuenta que el reinado de los Austrias tuvo influencia, no ya en nuestro país, sino en el mundo entero, esta batalla decisiva puede considerarse una batalla crucial para nuestro planeta, uno de esos eventos sucedidos por aparente inercia del destino y que dispusieron, por afán o valor guerrero, que nosotros andemos aquí, así, con estos recuerdos. Tan sencilla parece Villalar y tan compleja resulta la sangre que regó su suelo.

Batalla de Medina de Rioseco (1808)

Quien visitara el Paraje del Páramo de Valdecuevas, en el término municipal de Medina de Rioseco, estará pisando el lugar exacto en que se enfrentaron el Ejército de Galicia y el Ejército Imperial Francés en el marco de la Guerra de la Independencia. Su tierra no se ha movido desde entonces. Aunque el combate terminó con la derrota de las tropas españolas, es interesante comprobar a partir de este suceso cómo la guerra resulta en ocasiones paradójica.

Napoleón y sus secuaces veían esta victoria como una que finiquitaría la guerra en España. Una victoria más, antes de relajar su mirada sobre este territorio y continuar sus preparativos para lanzarse sobre Rusia. Ciertamente, consiguió hacerse con Castilla tras la batalla de Medina de Rioseco, una batalla en extremo violenta, por cierto; no contaba con que cuatro días después, sus ejércitos iban a ser derrotados en Bailén por el General Castaños. Una derrota cuya noticia corrió como la pólvora por España, encendiendo la mecha de la rebelión en Zaragoza, Logroño y Cataluña. De nada sirvió la victoria para los franceses en Medina de Rioseco - aunque este episodio viene representado en el Arco del Triunfo en París, junto con otras victorias francesas -, después de la derrota que sufrieron en Bailén.

Bombardeos de Valladolid (1936-1938)

Algo de honor se ha perdido en las guerras. El poco honor que excusaba tanta barbarie desapareció con la guerra contemporánea y sus eficaces métodos para matar. Por esta razón, los últimos mordiscos de la guerra que ha sufrido Valladolid no fueron provocados por cualquier acontecimiento en un campo de batalla, sino por métodos más mezquinos, imposibles de explicar con colores. Se sabe que Valladolid fue la sexta ciudad más bombardeada de la retaguardia durante la Guerra Civil, habitualmente castigada por los aviones del bando republicano. Diez bombardeos sufrió la ciudad y otros once tuvieron como objetivos seis localidades de la misma provincia. Aquí las víctimas no fueron soldados ni mercenarios ni fieles a su señor; niños, mujeres, inocentes, fueron castigados sin motivo.

Restos de un edificio bombardeado en Valladolid.
Restos de un edificio bombardeado en Valladolid.Biblioteca Digital HispánicaCreative Commons

De los bombardeos que sucedieron sobre la ciudad, quizá fuera el más despiadado aquél que dirigió el general soviético “Douglas” Schmutchkievich, ya en enero de 1938 cuando la guerra estaba casi decidida. Dejó tras de sí un saldo de 14 muertos y 70 heridos. Pisuerga también fue bombardeada en esta operación. Se puede imaginar la locura y la metralla al pasear la Calle Miguel Iscar en Valladolid, profundamente castigada por los bombardeos. En la Calle Loza, la Calle Gamazo, la Calle Estación del Norte.

Se tratan de pequeñas parcelas de tierra vallisoletana, hoy con apariencia intacta y luciendo impolutas sonrisas, fingiendo que nada pasa, procurando ocultar con un rubor incomprensible que un día fueron dañadas en lo más profundo de su esencia. Pequeñas parcelas que se suman a las que hemos visto en Medina de Rioseco, Olmedo, Villalar y Simancas. Merece la pena saber que están ahí y reconocerlas, aunque solo sirva para no volver a ensuciarlas nunca más.