De vinos, de historia y de arte también vive Madrid

Además de acoger parajes naturales, destinos históricos y experiencias culinarias, a menos de una hora se localiza una gran variedad de oportunidades y de bodegas

Aranjuez es uno de los mejores ejemplos de paisaje cultural que se puede encontrar en España
Aranjuez es uno de los mejores ejemplos de paisaje cultural que se puede encontrar en España

Además de acoger parajes naturales, destinos históricos y experiencias culinarias, a menos de una hora se localiza una gran variedad de oportunidades y de bodegas

La belleza que recorre las calles, la tranquilidad que impera en la sierra y las experiencias que se encierran en los distintos lugares hacen de la Comunidad un destino idóneo para cualquier visitante. Pero, aún más, si por algo destaca este punto del mapa es por acoger hasta cuatro enclaves declarados Patrimonio Mundial por la Unesco: el Monasterio y Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial, de excepcional valor histórico, artístico y cultural, constituye un magnífico ejemplo del espíritu creador de la Humanidad; la Universidad y el barrio histórico de Alcalá de Henares, la primera ciudad diseñada y construida como sede de una universidad, lugar donde nació uno de los grandes autores de la literatura universal, Miguel de Cervantes; Aranjuez, un paisaje cultural de extraordinaria belleza a orillas del Tajo. Visitar el palacio real, el conjunto urbano y sus impresionantes monumentos o recorrer los sitios históricos y sus paseos arbolados, es siempre una experiencia deliciosa; y el Hayedo de Montejo, antigua dehesa de hayas, robles albares y rebollos. Con 900 árboles centenarios, más de 200 de ellos hayas, declarado Patrimonio Natural. Todo ellos en consonancia perfecta en un territorio que alberga tradición, historia y cultura.

Existe todo un universo por descubrir: desde altas montañas hasta frondosos bosques. Pues si por algo se caracteriza Madrid es por ofrecer lugares de paz, de buen comer o de naturaleza íntima a tan solo un paso de la gran ciudad. Las rutas quedan al gusto del visitante.

Manzanares el Real es la primera parada. Su castillo aparece imponente, como si de un cuento encantado se tratase. Es el mejor conservado de todo el territorio y está totalmente musealizado. Recomendable es callejear por Colmenar de Oreja, sus soportales y balconadas, su típica Plaza Mayor porticada, perfecto ejemplo de la arquitectura popular, y la visita al Museo de Ulpiano Checa. Algo que también comparte Chinchón, cuya Plaza Mayor es otro bello ejemplo de la clásica plaza medieval castellana. Es uno de los pueblos con más encanto, en donde el tiempo parece haberse detenido.

En Rascafría ocurre exactamente lo mismo: sumergida en lo más hermoso del Valle del Lozoya, a los pies de la Sierra de Guadarrama y junto al parque natural de alta montaña de la Cumbre, Circo y Lagunas de Peñalara, el pueblo se ha convierto en toda una postal para los aficionados a la fotografía. Toda esta belleza llevó a Enrique II a fundar, en el siglo XIV, el Monasterio de Santa María del Paular, una joya del arte monacal que cuenta con una rica colección de pinturas de Vicente Carducho. A la altura de semejantes personajes se presenta la Villa medieval de Torrelaguna. Aquí vivió San Isidro Labrador y nació Santa María de la Cabeza. También el Cardenal Cisneros, quien no reparó en gastos para engrandecerla. Destaca la iglesia de Santa María Magdalena, el Pósito y el Convento de Franciscanos de la Madre de Dios. En definitiva, un museo al aire libre, como el que también presentan Patones de Arriba y Buitrago del Lozoya, en los que parece que el medievo se ha mantenido intacto hasta ahora.

Nuevo Baztán, una localidad fundada en el siglo XVIII por Goyeneche con un monumental palacio-iglesia barroco unido a un singular casco histórico, Un impresionante conjunto arquitectónico diseñado por Churriguera. En cambio, Villarejo de Salvanés supone la oportunidad perfecta para conocer cuán grandioso debió de ser su castillo, que fue capital de la Encomienda Mayor de Castilla. Quizá construido a partir de una antigua atalaya musulmana, fue la pieza básica de control de los accesos a la Meseta Sur por la Orden militar de Santiago. Y si por algo destacan Navalcarnero y San Martín de Valdeiglesias es, precisamente, por su historia vinícola: ambas son subzonas de producción de la Denominación de Origen Vinos de Madrid, lo que hace que tomar una copa admirando el río Guadarrama o fotografiando la Sierra de Gredos sea una experiencia única. A ellas se suman también las subzonas de Arganda y El Molar.

De hecho, tal es el auge que están tomando estas prácticas que Madrid se perfila como destino ideal para el enoturismo. Tanto es así que se localizan una gran variedad de paisajes, bodegas y experiencias alrededor del caldo. Porque conocer el vino desde sus raíces es sumergirse en la cultura y formas de vida de un territorio. Y, en eso, Madrid tiene mucho que ofrecer. Más información en www.turismomadrid.es.