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España / La amenaza yihadista

«Felipe sabrá lo que es sufrir cuando sus hijas estén bajo los escombros»

  • El líder de la última célula yihadista desarticulada guardaba un manuscrito con amenazas a la Familia Real

A PRISIÓN. La Policía detiene el pasado viernes en la localidad abulense de Cebreros a uno de los supuestos integrantes de esta célula yihadista
A PRISIÓN. La Policía detiene el pasado viernes en la localidad abulense de Cebreros a uno de los supuestos integrantes de esta célula yihadista
Efe

Siete de los ocho supuestos yihadistas detenidos el pasado viernes en distintos municipios de Barcelona, Gerona, Ávila y Ciudad Real están desde ayer en la cárcel. Tras tomarles declaración, el juez de la Audiencia Nacional Javier Gómez Bermúdez acordó su ingreso en prisión por integrar una célula islamista dedicada a difundir las proclamas terroristas del Estado Islámico (EI) y a captar nuevos acólitos para la organización criminal. El magistrado les imputa los delitos de integración en organización terrorista, enaltecimiento del terrorismo, difusión pública de consignas terroristas y, en su caso, el de captación, adoctrinamiento, adiestramiento y formación terrorista.

Al supuesto líder de la célula, la Policía le intervino un documento manuscrito que incluye amenazas a Felipe VI y su familia. Según confirmaron fuentes jurídicas, el texto hace referencia, entre otras cosas, a que «Felipe de España sabrá lo que es el sufrimiento cuando sus dos hijas estén bajo los escombros». El supuesto yihadista admitió al magistrado que el documento era suyo, pero explicó que lo encontró en Google y se limitó a traducirlo, una versión a la que no dan crédito fuentes de la investigación. «El texto es muy desagradable y trasluce la radicalización de estas personas», añaden.

El presunto cabecilla se dedicaba a elaborar y editar vídeos de apoyo al terrorismo yihadista. Para conseguir su objetivo no dudó incluso en colgar en su página web un vídeo donde su hijo de dos años, a preguntas suyas, aseguraba que «de mayor quería ser yihadista», mientras lanzaba besos a las imágenes del líder del Estado Islámico que su padre le mostraba en un ordenador.

A este hombre también se le ha incautado un vídeo titulado «Entrenamiento del Estado Islámico en España», donde aparece practicando artes marciales. Además, en una conversación admitió trabajar para el líder del Daesh (las siglas en árabe del Estado Islámico).

«Yihadismo violento»

El juez Gómez Bermúdez –que presidió hace diez años el primer juicio contra una célula islamista en España– explica en la resolución en la que acuerda el ingreso en prisión de siete de los detenidos que este «yihadismo violento» ha ido tomando cuerpo por las crecientes dificultades a las que se enfrenta Al Qaeda para cometer atentados terroristas en Occidente.

De ahí que Al Qaeda haya puesto sus ojos en jóvenes musulmanes afincados en países occidentales y en muchos casos con la nacionalidad del país donde residen. La instrucción que reciben no tiene por qué requerir su presencia física, sino que internet y las redes sociales funcionan como una especie de campo de captación y adiestramiento virtual donde se les incita a cometer atentados o a desplazarse a zonas de conflicto para recibir la formación necesaria para cometer en sus países atentados de fácil ejecución «dada la escasa preparación que requieren» y la forma «abierta y flexible» de llevarlos a cabo. Y es que incluso la huida o salir indemnes son aspectos «accesorios».

La célula investigada estaba integrada por al menos diez personas –a las que la Comisaría General de Información y la Brigada Provincial de Información de Barcelona seguían la pista desde junio de 2014– que constituyeron «un complejo entramado virtual en internet». Llegaron a crear hasta 52 perfiles distintos en Facebook, Twitter, Google+ y Tuenti para propalar en España la táctica del «terror informativo».

El magistrado explica en su resolución que ese terror informativo no implica sólo exhibir vídeos de contenido violento, sino que se trata de un concepto más amplio: una táctica de guerra recurrente en las organizaciones yihadistas modernas para sembrar el pánico en las sociedades occidentales

Su objetivo, dice Gómez Bermúdez, es «aterrorizar al conjunto de nuestra sociedad como medio de desestabilización y neutralización de sus defensas generando en la opinión pública la idea de que toda reacción frente a este tipo de terrorismo conducirá a no estar seguro en ninguna parte del mundo y a la posibilidad de ser capturado y asesinado de la forma horrenda en que muestran las imágenes» difundidas por el EI. Los informes policiales corroboran que ese ideario terrorista es seguido al dictado por las sucursales locales del Estado Islámico «hasta alcanzar los resultados marcados».

A través de internet, el entramado investigado difundía de manera habitual las noticias, imágenes y vídeos de propaganda del Daesh.

Seleccionados los candidatos, algunos menores de edad, los integrantes de la célula desarticulada contactaban con ellos para imbuirles esa ideología radical. A quienes llegaban al final del proceso, decididos a colaborar con el grupo terrorista, se les remitía a un miembro de la organización en Turquía, encargado de facilitarles el paso a Siria.

Uno de los rasgos característicos de los miembros de la célula era su precaria situación económica –algunos estaban incluso en el paro en el momento de su detención–, lo que según el juez «ha contribuido aún más a exacerbar su odio hacia la cultura y los valores propios de nuestra sociedad». Este hecho, unido a su lealtad a la organización terrorista, les convierten en personas «potencialmente muy peligrosas para la seguridad pública, cuya conducta futura es de todo punto imposible de predecir».

El perfil de los nuevos yihadistas

- Situación precaria. O tienen pocos ingresos o están en el paro, lo que acentúa «su odio hacia la cultura y los valores de nuestra sociedad». Al Qaeda pone sus ojos en estos jóvenes musulmanes ante la dificultad para atentar en Occidente.

- Se refugian en redes sociales. Los integrantes de la célula habían puesto en marcha «un complejo entramado virtual en internet», llegando a crear 52 perfiles distintos en diversas redes sociales.

- Difusión del ideario terrorista. A través de internet, difundían las consignas radicales del Estado Islámico e intentaban radicalizar a posibles adeptos. Los más osados daban el paso de viajar a zonas de conflicto.

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