Isaac Rosa: «Reivindico la literatura de encargo»

El autor sevillano publica «Tiza roja», una recopilación de cuentos escritos para prensa, mientras prepara nueva novela

Durante seis años, Isaac Rosa (Sevilla, 1974) escribió un cuento mensual en La Marea, que pasó a ser semanal en eldiario.es. Se propuso que fueran relatos vinculados a «cómo estamos en un momento determinado y qué temas nos ocupan y preocupan». Ahora publica «Tiza roja» (Seix Barral), una selección de cincuenta de esas piezas, que pasean por las inquietudes del autor y de la sociedad actual.

Avisa en el prólogo de que no es un escritor de cuentos, solo lo hace por encargo. ¿Cómo le afecta a la hora de escribir?

Yo digo que no soy escritor de cuentos porque es cierto que no los escribo, aunque pueda sonar paradójico cuando en los últimos ocho o nueve años he publicado más de cien. Pero es cierto que no habría escrito ninguno si no me los hubieran encargado. Con eso quería hacer una reivindicación de la literatura de encargo, que parece que es algo antiliterario. Siempre pensamos que el escritor es un ser libre, individual, autónomo, que depende de su inspiración y que no responde ante nadie. Y sin embargo, a mí me gustaría que a los escritores nos encargaran más: que las editoriales y los periódicos nos encargaran textos, o los lectores.

Los periódicos, de hecho, siempre han sido un nicho de escritores.

A diferencia de lo que suelen hacer los escritores en el periódico, no quería hacer ni articulismo literario ni cuentos periodísticos, quería que fueran ficciones puras y que encajase de alguna manera en el periódico.

Recuerdo ahora un relato sobre «la Manada» u otro sobre un congreso de humor políticamente incorrecto organizado por un partido político. ¿Aprovecha para decir cosas que no puede en la realidad?

Obviamente la ficción te da una libertad que no tienes en otros géneros. Te permite ciertos juegos y darte ciertos gustos o intentar formas de justicia, aunque sea justicia poética, o proponer alternativas.

¿Cuáles le han gustado especialmente?

He disfrutado y preferiría que se leyeran los de tema laboral. Es algo que me interesa mucho desde hace años. No tenemos demasiadas ficciones, no ya que nos retraten en el mundo del trabajo, si no que nos exciten la imaginación colectiva: que seamos capaces como grupo de imaginarnos otra forma de trabajar.

¿Cree que no somos capaces de imaginarlas o de llevarlas a cabo?

Hay muy poca imaginación y muy pocas representaciones de ficción.

También hay poco margen de maniobra: hemos llegado al teletrabajo por la pandemia, pero ya se había pensado en eso.

Claro, pero tenemos incluso cosas del pasado que si las pensamos hoy nos parecen casi utópicas. Uno puede pensar, ¿cuál sería la mejor manera de que los trabajadores nos organizáramos para defender nuestros derechos, para ayudarnos unos a otros...? Y acabaríamos descubriendo el sindicato. Sin embargo, hoy puede parecer hasta inverosímil que en una ficción los trabajadores acaben organizándose y dando una respuesta colectiva en vez de acabar derrotados, como suele ocurrir en tantas ficciones.

El tema de la precariedad, no solo laboral, es recurrente en su obra. Su anterior novela, «Feliz final», trataba sobre esa precariedad en la que todos vivimos. ¿Le preocupa individual o colectivamente?

La precariedad en origen es laboral, pero acaba siendo precariedad de proyectos de vida. Te condiciona las relaciones, la posibilidad de montar una familia o asumir ciertas responsabilidades.

¿Qué fue antes el huevo o la gallina: la precariedad viene del trabajo o del modelo de relaciones que vivimos?

La marca de nuestro tiempo es el corto plazo, eso lo decía muy bien Richard Sennet, el sociólogo, cuando analizaba lo que él llamaba la corrosión del carácter en el capitalismo: cómo ha cambiado nuestra sociedad más allá de lo económico y lo laboral. Él decía que el lema de nuestra época era «nada a largo plazo». Y eso vale lo mismo para una relación laboral, que para una sentimental o amistosa. En el último año, el corto plazo se nos ha estrechado aún más. La incertidumbre que viene de esa falta de seguridad nos da esa precariedad y el refugiarnos en todo tipo de escapes, como la nostalgia, por miedo a ese futuro que no sabemos cómo será.

¿El libro puede leerse como un todo?

No tenía muy claro publicar los cuentos, fue una insistencia de mi editora, porque para mí estaban muy condicionados por el medio en el que se publicaron.

Es verdad que no se leen igual en prensa que editados en un libro.

Los escribí pensando en el lector de periódicos y eso ya es una diferencia, porque encontrarte la ficción en medio del periódico condiciona mucho su recepción. De hecho, a mí me han creado muchos malentendidos porque había quien los tomaba por artículos o reportajes y los daban por ciertos. Esos malentendidos no se dan en un libro.

A no ser que seas Carrère...

O que lo hagas intencionadamente. Pero cuando los he reunido, mi editora me dijo que el libro tenía un sentido de conjunto.

La conversación inmediata con el lector no se tiene con la novela. ¿Le condiciona para escribir?

Bueno, con la novela se tiene cada vez más. En un periódico digital, la posibilidad inmediata que tienes son los comentarios. Por desgracia tenemos demasiados problemas de comprensión lectora muchas veces, sobre todo con recursos como la ironía, y eso provoca malentendidos.

En su literatura le sale el compromiso social. ¿Lo vive así?

Forma parte de cómo soy no como escritor, si no como ciudadano.

Pero uno puede escribir una ficción que no tenga nada que ver con uno mismo.

Me parecen muy respetables otras decisiones como escritor, lo que pasa es que a mí me cuesta mucho en el momento en que vivimos estar escribiendo de otras cosas sin mirar por la ventana, sin ver lo que está ocurriendo a tu alrededor. Me cuesta no escribir de lo que me duele y nos duele, de lo que tememos y deseamos.

¿Está preparando novela?

Sí, estoy en los previos. No voy a escribir una novela del coronavirus, pero sí voy a escribir una novela que inevitablemente tiene que ver con lo que estamos viviendo. Quiero buscar cómo contar lo que estamos viviendo, no ya el virus y la pandemia, si no esta sensación de vulnerabilidad. Me gustaría no contarlo de frente, si no esa posibilidad de darle la vuelta, de mirar desde otro lado, que es la que te deja la literatura. No voy a escribir una novela de la pandemia, pero inevitablemente acabará siendo una novela en la pandemia.