Unicaja y Liberbank, una fusión con el empleo en el punto de mira

En la anterior integración con CEISS se perdieron 1.000 puestos de trabajo, alerta CC OO

Unicaja y Liberbank acaban de anunciar su intención de fusionarse. El sector financiero español será testigo de un nuevo proceso de integración, una operación que se activa cuando los efectos de la pandemia del coronavirus están más latentes que nunca y tras los llamamientos del Banco Central Europeo (BCE) a que las entidades de la zona euro acometan fusiones tanto a nivel doméstico como transnacional para abordar los problemas de baja rentabilidad que viene arrastrando el sector desde antes de la pandemia, pero que la crisis actual ha potenciado.

Sin embargo, las alarmas han saltado debido a los costes laborales que suelen vincularse a estos procesos. Según José Manuel Cansino, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, se trata de dos entidades «con una implantación en absoluto solapada en el territorio, lo que favorece el coste en términos de despidos de personal y cierre de algunas de las 1.607 oficinas que suman ambos grupos». En teoría, los despidos deberían reducirse al máximo, aunque todavía es pronto para hablar de cifras porque la operación está en una fase embrionaria.

Los sindicatos, de momento, acogen con «prudencia» este anuncio. Después de que CaixaBank y Bankia oficializaran el inicio de un proceso idéntico, «estaba claro que Unicaja iba a entrar en las quinielas», asegura Alicia Domínguez, secretaria de comunicación de la Federación Andaluza de Servicios de CC OO, a la espera de conocer «los datos del proyecto empresarial resultante, su solvencia y fortaleza en este nuevo panorama de oligopolio que se está creando». En este sentido, la central pedirá en el proceso que «se respeten nuestras condiciones laborales». «Que cualquier necesidad de reestructuración, fruto de la integración, pase por un acuerdo laboral en el que las salidas se puedan organizar mediante prejubilaciones en unas condiciones adecuadas».

La entidad combinada sería la sexta del país por activos, con casi 10.000 empleados. Domínguez recuerda otras fusiones abordadas por Unicaja, como la que cristalizó con Caja Jaén o la más reciente con CEISS, el banco resultante de Caja Duero y Caja España. Esta última operación terminó con una sangría de casi 1.000 empleos. No obstante, la representante sindical puntualiza que «somos un sector muy sindicalizado y los afectados se han acogido a buenas condiciones, no como en otros sectores». «Son importantes los acuerdos laborales que se alcancen para que las salidas sean ordenadas y retribuidas», señala.

Domínguez echa la vista atrás y alerta de que, desde la crisis de 2008, el sector financiero ha perdido casi 100.000 puestos de trabajo. «Es una realidad imparable. Lo único que podemos hacer es intentar que las reestructuraciones se hagan en las mejores condiciones posibles. Parar una tendencia que, lamentablemente, nos pasa por encima es imposible». De hecho, reconoce que la crisis derivada del coronavirus «está lastrando las cuentas de resultados» y las entidades financieras buscan «eficiencia y concentración».

En la misma línea, Cansino sostiene que los sectores financieros español y europeo «viven inmersos en una crisis de rentabilidad». «La política monetaria ultra expansiva del Banco Central Europeo ha inyectado desde 2008 centenares de miles de millones de euros al sistema. Para el negocio tradicional bancario, prestar a un tipo de interés y remunerar los depósitos a otro más bajo, el estrecho margen entre uno y otro hace un flaco favor a la banca aunque se celebre por los prestatarios». Esta situación, a su juicio, se agravó por la reacción de muchas empresas y familias derivada de la pandemia. «Han paralizado muchas e importantes decisiones de gasto y con ellas las peticiones de préstamos y créditos a los bancos. Tan es así que desde el inicio de la pandemia las familias españolas han aumentado sus depósitos de ahorro en 60.000 millones de euros».

Todo ello explica que en España, según Cansino, se hayan acelerado las fusiones bancarias «aumentando el tamaño de algunas entidades que ya eran consideradas ‘sistemáticas’ –las consideradas demasiado grandes para dejarlas caer sin antes rescatarlas con fondos públicos– como CaixaBank». En definitiva, este panorama de reducción de competencia «no puede menos que inquietar a todo el que tenga en mente la solicitud de un préstamo».

Mismos asesores que en el anterior intento

Los consejos de administración de Unicaja y Liberbank ya han dado el visto bueno al inicio del proceso de fusión, aunque todavía queda un proceso largo que culminará, previsiblemente, con la unión de ambas entidades. Ahora, los asesores externos abordarán la fase de «due diligence» (auditoría legal), en la que se intercambiarán información y tendrán acceso a sus respectos libros. Unicaja y Liberbank han designado a PwC y Deloitte, respectivamente, para elaborar la auditoría, mientras que los despachos y bancos asesores serán Uría Menéndez y Mediobanca, del lado de Unicaja, y Ramón y Cajal y Deloitte, por parte de Liberbank. Se da la circunstancia de que son los mismos asesores a los que se dio mandato durante el último intento de fusionar ambas entidades, al que renunciaron en mayo de 2019 tras no llegar a un acuerdo sobre la ecuación de canje, por lo que cabe esperar que el proceso de auditoría sea más breve que la última vez, cuando se alargó durante varios meses. Con todos los números sobre la mesa, los consejos de administración deberán dar luz verde a la operación, ahora con un horizonte más despejado.