La amenaza de «colapso hídrico» sobrevuela Doñana

WWF y Ecologistas en Acción piden que se ponga freno a los cultivos «en zonas sensibles» y que se cierren pozos

Vista de las marismas de Aznalcázar, en Sevilla, pertenecientes al espacio natural de Doñana y secas
Vista de las marismas de Aznalcázar, en Sevilla, pertenecientes al espacio natural de Doñana y secasLa Razón

El espacio natural de Doñana ha saltado estos días a la actualidad mediática por la cristalización de una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) que dictamina que las «extracciones desmesuradas de agua subterránea» que se repiten en ese enclave del mapa andaluz incumplen el derecho comunitario. Pero no es el único «problema» de agua que le quita aire al parque. El velo frágil del humedal necesita de la lluvia para no agrietarse.

En el Informe de estado de los acuíferos de ese entorno relativo al año hidrológico 2019-2020, elaborado por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, se refleja que «tres de las cinco» integrantes de la denominada hasta 2016 «masa de agua subterránea 05.51 ‘Almonte Marismas’», la más importante del coto, «no alcanzan el buen estado cuantitativo», ni se prevé puedan hacerlo «para el horizonte de la entrada en vigor del Plan Hidrológico, previsto para el primer semestre de 2022» y «en fase de revisión». A ello se suma que «Doñana está en una situación de sequía progresiva», apunta Juanjo Carmona, coordinador para ese espacio natural de WWF España, al no haberse podido anotar «un año húmedo desde hace una década, según los datos que maneja el parque». De hecho, la precipitación registrada para la zona en el ciclo hidrológico 2020-2021 se mantiene muy por debajo de la media histórica –desde 1970/71–, con un déficit de alrededor de 150 litros.

Falta «voluntad política»

«Doñana es un lugar único en el planeta», asevera Carmona sin titubear, para añadir que «la invernada 2020-2021 ha sido de récord, con 529.455 aves acuáticas de 91 especies», según la información del censo internacional de éstas, pero «la falta de agua en 2021 ha hecho que sea un mal año de cría». «Es relevante cuánto llueve, pero también cómo llueve», lanza. Preguntado por qué se puede hacer para afrontar la escasez de agua, el portavoz de WWF traslada a LA RAZÓN que «las soluciones se conocen, pero no se ponen en marcha por falta de voluntad política de todo el mundo». En ese punto, reclama al Gobierno regional «una oficina para ejecutar» el Plan especial de ordenación de las zonas de regadío ubicadas al norte de la corona forestal del parque, el llamado en corto «plan de la fresa», al entender que «la delegación de Huelva no puede encargarse sola, sin una dotación de empleados mayor». A lo expuesto engarza que su organización ha demandado de forma reiterativa «un plan de restauración de la marisma que sustituya al de ‘Doñana 2005′», un «'Doñana 2030′», por ejemplo, que incluya «medidas para los Garridos, los Hatos y Veta Alí».

«Hay que recuperar marisma natural, asegurar caudales de agua superficial desde el río Guadiamar» y no garantizar ese elemento a «todos los cultivos», porque «a nivel local hay zonas que pueden resultar de interés agrícola, pero si se eleva el foco, Doñana es mucho más importante», sostiene. Quiere dejar claro que no abogan por «echar a nadie», pero sí apuestan por que «se le den oportunidades a los agricultores de compra, permuta o traslado», para que puedan seguir con su labor «en otro sitio». En ese sentido, avisa de que el anunciado riego de millones de Europa «tiene que servir para eso» en lo concerniente a Doñana. «A nivel europeo –martillea– esas fincas no tienen relevancia agrícola ninguna y Doñana sí».

Imagen de agua acumulada para uso agrícola en los márgenes del espacio natural FOTO: La Razón

Histórico de «incumplimientos»

De su lado, Juan Romero, portavoz de Ecologistas en Acción, confirma que «los regadíos no paran de crecer», pese a que «un recurso fundamental para ellos, como es el agua, es limitado», por lo que «lo primero que hay que hacer es acotar, organizar y planificar», dice, para apostillar: «Como tenían que haber hecho hace 35 años». Echa la vista atrás para recordar que ya en 1988 «el Plan Director Territorial de Coordinación de Doñana y su Entorno (PDTC) recogía que todas las zonas forestales debían ser de especial protección, que no se tenían que transformar». Luego, en 1990, «la Consejería de Agricultura hablaba de los excesos en las extracciones de agua y de que había que ordenar los regadíos», rememora. Más tarde, «la Junta aprobó la creación de una comisión de expertos, presidida por el hoy ministro Manuel Castells, que en 1992 elaboró un diagnóstico y marcó directrices para un desarrollo sostenible en la comarca». De acuerdo con éstas, «el volumen de extracciones del acuífero no podía exceder los 30 hectómetros cúbicos para todo el área de Doñana y, sólo en La Rocina están sacando 32», advierte.

Pero hay más. «En 2003, con el Plan de Ordenación Territorial del Ámbito de Doñana (POTAD) se sabía que había que declarar el acuífero sobreexplotado, pero no se hizo hasta el año pasado», lamenta. Y, aún así, en la actualidad «se extraen» de él «105 hectómetros cúbicos de agua, según el dato oficial», del que duda. «¿Conclusión?», se pregunta. «Los niveles de extracción superan los de equilibrio que tienen que tener las aguas subterráneas para mantener los hábitats, es decir, sacamos más, que capacidad de regeneración tiene el acuífero».

Tras años dedicándole esfuerzos a Doñana tiene claro que «ha habido una explosión en materia de regadíos», que «no se ha cumplido la legislación» ni se han «aplicado criterios de racionalidad». «Y ahora –zurce– nos encontramos con un posible colapso hídrico» y con el «varapalo de Europa». ¿Qué se puede hacer para evitarlo? «Cerrar pozos, para rebajar los 105 hectómetros cúbicos a 35 y quitar regadíos de zonas sensibles». En ese punto, Romero afirma que «apoya a los agricultores y a las cooperativas de la zona», dado que «hay que intentar conjugar la conservación con los intereses económicos de la gente que habita los pueblos» vinculados al parque. Pero alerta de que «hay fondos de inversión en la comarca de Doñana que sacan agua del acuífero para regar olivos intensivos y eso es un disparate. Hay que ponerle techo a ese asunto», insta.

“Hay fondos de inversión en la comarca que sacan agua del acuífero para regar olivos intensivos y eso es un disparate”

No quiere terminar su aportación sin poner la lupa sobre la que considera otra fundamental «asignatura pendiente»: la «restauración hídrica» del espacio natural que comparten las provincias de Huelva y Sevilla, declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. «Hay que recuperar el río Guadiamar, depurando, para que las aguas superficiales vuelvan a entrar a las marismas, en cantidad y en calidad, porque Doñana ahora mismo es un erial, lleva desde mayo seca y se parece más a un desierto que a una zona húmeda», cierra, preocupado, pero combativo.