«El 90% de las personas con deficiencia visual grave vive en países pobres»

Borja  Corcóstegui / Vicepresidente y miembro ejecutivo de la Fundación Ulls del Món, director médico en IMO y coordinador del departamento de Retina y VÍtreo del IMO
Borja Corcóstegui / Vicepresidente y miembro ejecutivo de la Fundación Ulls del Món, director médico en IMO y coordinador del departamento de Retina y VÍtreo del IMO

– Para situarnos, ¿cuántas personas sufren ceguera o deficiencias visuales graves ?

– En el mundo hay unos 39 millones ciegos, de los cuales muchos pueden curarse o mejorarse. Teniendo en cuenta eso, es una cifra elevadísima. En cualquier caso, depende mucho de qué país estemos hablando: no es lo mismo en Europa, Estados Unidos o Japón, que en un país sin desarrollo económico, médico...De hecho, el 90% de las personas con deficiencia visual vive en países pobres

–Antes decía que esa ceguera o deficiencia visual grave puede ser curable. ¿De qué cantidad de casos estamos hablando?

– Muchísimos casos son curables, ya que frecuentemente se producen como consecuencia de cataratas, que son curables.

–Ha mencionado la diferencia sustancial entre nacer o vivir en Europa o en el centro de África, por ejemplo. ¿Cuáles son esas diferencias y cómo puede cambiar el pronóstico?

– Desde el punto de vista médico esa diferencia es fundamental. Ya sólo el porcentaje de niños que sobreviven en un país y otro demuestra que estás marcado desde el nacimiento. En los países que no tienen desarrollo económico ni médico ya hay un número considerable de muertes natales, en cambio en Europa o Estados Unidos es mucho menor.

– Pero ¿cuál es el origen de esta diferencia: no hay recursos suficientes, no hay profesionales cualificados, la gente no tiene acceso a la sanidad...?

– Es todo junto. Son países muy pobres, con un desarrollo del conocimiento y muy bajo, donde no hay hospitales, no hay medicación, no hay tratamientos...

- Las condiciones de vida de estas personas que residen en países subdesarrollados, ¿también pueden afectar a su salud visual ?

–Sí. El no tener acceso al agua, la falta de higiene, la educación...todo eso influye en que tengan más enfermedades infecciosas.

– ¿De qué países estamos hablando? ¿Cuáles se encuentran en una situación preocupante en lo que se refiere a la salud visual?

– Los habitantes de los países más pobres del mundo son los que más problemas tienen para curarse porque tienen muy poca infraestructura sanitaria. Pero básicamente hablamos de África y Sur y centro América, que tienen bolsas de pobreza importantísimas.

– Es en este contexto en el que desarrolla su actividad la fundación Ulls del Món. ¿En qué consiste su labor?

– La fundación eligió las zonas más pobres de los países más pobres del mundo para desarrollar su labor, que es la de reducir el número de ciegos en estos territorios. Estas zonas son principalmente el Sahara, donde hemos tenido mucho éxito, Mozambique, Mali y Bolivia.

– Y ¿cuál es el modus operandi de la fundación?

–Hacemos de todo: se lleva instrumental a esos países, se instalan clínicas con posibilidades diagnósticas y de tratamiento y también se enseña a gente y se opera a pacientes. Pero lo que realmente nos interesa es enseñar a la gente de allí, médicos, enfermeros... tanto in situ como formándoles aquí para que funcione allí y puedan ellos mismos hacer sus operaciones y tratamientos porque es mucho más efectivo. Y es que gracias a la expansión del conocimiento de uno a otro se establece al final un conocimiento que avanza.

– ¿En qué centra su acción la fundación: en el diagnóstico, la prevención o el tratamiento?

–En todo, pero sobre todo en el diagnóstico, fundamental para hacer el tratamiento. Aquí todo el mundo ve las cataratas como una operación sencilla porque la técnica está muy desarrollada, así como el conocimiento, el entorno hospitalario... pero la realidad es que una operación necesita unos equipos especiales, unos conocimientos, entrenamiento... Y hasta que adquieren esto, los profesionales necesitan tiempo.

–¿Cuál es el perfil de la persona atendida por la fundación?

– Normalmente la fundación está instalada en el epicentro de la pobreza y allí tenemos información de agentes locales, que nos dicen quién tiene menos recursos y más necesidades

–Además, imagino que en estas zonas en las que actúan hay que hacer un trabajo de educación

– Efectivamente, hacemos conferencias, se enseña en escuelas, trabajamos con gente que actúa con la población para que la salud ocular tenga más alcance, conozcan la higiene, la prevención, la detección precoz...

–Así, ¿el objetivo último es crear un sistema de atención y tratamiento visual desarrollado en estas zonas desfavorecidas?

-Hemos formado a muchos oftalmólogos que ya están operando allí pero el problema es que son zonas muy pobres a las que hay que enviar recursos para que puedan seguir manteniendo su actividad. Hay gente de aquí que forma a los profesionales locales tanto allí como aquí, de manera que después estos transmiten sus conocimientos a otros profesionales locales. Nuestro objetivo final es poder decir un día: «Adiós, nos vamos y vosotros ya podéis seguir solos» e irnos a otro lugar.

-¿Qué ha logrado la fundación?

-En sitios como el Sahara ya hay oftalmólogos que por sí mismos operan a su propia población y nosotros les enviamos los equipos que se requieren para realizar las operaciones y les aportamos conocimientos con formación

–¿A cuántas personas llega su acción?

–En 2014 tratamos a 63.395 personas, de las cuales 515.702 niños revisados, e intervenimos a 2.740 personas. Además, formamos a 1827 profesionales y sensibilizamos a 40423 personas.

– Por último, ¿en qué momento decidió implicarse en este proyecto?

Cuando se operó Rafal Ribó de un problema de la retina, me invitó a ir al Sahara, al desierto. Allí había una necesidad enorme de tratar a la gente y a partir de eso se creó la fundación.