Actualidad

La eficacia de las cremas contra el dolor, en duda

Según un estudio, los analgésicos para tratar una molestia física no son del todo acertados. Los especialistas aseguran que éstos se han comercializado en gran medida entre los profesionales, pero sin datos contundentes que respalden su uso

Foto: Gtres
Foto: Gtres

Según un estudio, los analgésicos para tratar una molestia física no son del todo acertados. Los especialistas aseguran que éstos se han comercializado en gran medida entre los profesionales, pero sin datos contundentes que respalden su uso

¿Le duele la espalda y su crema no le hace efecto? Bien, pues esto se debe a que éstas tal vez no sean los mejores calmantes para su lesión. Así lo indica un estudio publicado en “Annals of Internal Medicine”, donde se recoge un programa que analiza la eficacia de las cremas analgésicas en comparación con las cremas placebo, cuyo componente principal es el psicológico. Esto significa que muchas veces las emociones pueden influir y acentuar el dolor crónico.

No obstante, los investigadores del Centro Médico Militar “Nacional Walter Reed” asignaron 399 pacientes con dolor localizado caracterizado como neuropático -por daño nervioso-, nociceptivo -por lesión del tejido no nervioso-,o mixto, quienes recibieron una crema para la molestia. Los componentes de éstas fueron aprobadas por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés), las cuales se usan comúnmente para tratar diferentes dolores, como relajantes musculares y antiinflamatorios. Un mes después del tratamiento, los especialistas no encontraron diferencias significativas entre estas cremas y las de placebo, a pesar de ello los autores no recomiendan que se usen de manera rutinaria.

Los pequeños beneficios que favorecieron a las cremas convencionales podrían explicarse por los pocos medicamentos que ejercen sus efectos a través del sistema nervioso periférico, que es foco principal donde los fármacos ejercen su efecto.

El nuevo programa de vacunación para adultos del ACIP

Por otro lado, en lo que refiere a las vacunas, el Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP, por sus siglas en inglés) publicó su Programa de vacunación recomendado para adultos en 2019 con cambios en la administración de las vacunas contra la gripe, la hepatitis A y la hepatitis B. En junio de 2018, el ACIP actualizó las recomendaciones sobre el uso de la vacuna contra la gripe después de dos temporadas (2016-2017 y 2017-2018), durante las cuales, no se recomendó el uso de de ésta en los Estados Unidos. No obstante, para la próxima temporada (2018-2019), se puede usar cualquier vacuna contra la influenza con licencia, incluida FluMist. Además, hay que tener en cuenta que sea apropiada para la edad y el estado de salud del paciente.

Por otro lado, para la hepatitis A, el ACIP recomienda una serie de dos dosis de vacuna de un solo antígeno o una serie de tres dosis de la vacuna combinada contra la hepatitis A y B. Asimismo, otras personas de alto riesgo que deben recibir la vacunación de rutina son: las personas con enfermedad hepática crónica o trastornos del factor de la coagulación, los viajeros en países con endemicidad de hepatitis A alta o intermedia, las personas que tienen un contacto personal cercano con un adoptado internacional en los primeros 60 días después de su llegada, país con alta endemia de hepatitis A, hombres que tienen sexo con hombres, personas que usan drogas y personas que trabajan con el virus de la hepatitis A en un laboratorio o primates no humanos infectados con el virus. En cambio contra la hepatitis B, el ACIP ahora recomienda el uso de una vacuna recombinante de antígeno único recién aprobada, Heplisav-B, para la prevención de la infección por el virus en adultos de 18 años o más, excepto en mujeres embarazadas. Sin embargo, los médicos deben prestar mucha atención a los detalles que se encuentran en las notas de la vacuna, ya que aclaran quién necesita qué vacuna, cuándo y a qué dosis.

Cada año, el ACIP revisa el Programa de vacunación para adultos recomendado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) para garantizar así que el programa refleje las recomendaciones clínicas actuales para las vacunas con licencia. Éstas están destinadas a guiar a los médicos y otros clínicos sobre los tratamientos más apropiados para sus pacientes adultos.