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De charco en charco

Espacio dedicado al mundo de los más pequeños de la casa. Moda, decoración, ocio, planes divertidos, cultura... todas esas facetas con las que nos encontramos a diario cuando somos padres. Su reto es simplemente echar una mano, inspirar, dar ideas, algún que otro consejo... porque con niños vamos saltando de un charco a otro.

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Por qué los andadores no son recomendables

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Sobre el autor

Tania Villate Consonni

Siempre me ha gustado escribir, comunicar... compartir. Abogada y Agente de Propiedad Industrial de formación y profesión hasta que me convertí en madre de familia numerosa, lápiz y papel siempre me han acompañado. Desde entonces mi atención se ha centrado en el mundo de los niños. Me preocupa la seguridad de los niños y me apasiona la moda, la decoración, descubrir formas formas en las que disfrutar del ocio en familia... es un universo mágico que nunca deja de sorprenderme.

Parece parte de la evolución del niño: lo incluímos como un divertimento para él que le ayuda a soltarse para andar. Pero no es tan bueno como parece y son más los perjuicios que los beneficios. Como siempre, es mejor conocer los pros y los contras para decidir si lo usamos o no.

Divertidos, los andadores parecen encantar a los niños porque les dan cierta autonomía y una perspectiva diferente de las cosas. Pasan del gateo a andar erguido en unos segundos, aunque sea de forma artificial.

Pero sin embargo hay que conocer los perjuicios que un andador puede ocasionar en el desarrollo del niño, que no son pocos.

En apariencia inofensivos y en nuestras casas desde hace siglos (ya aparecen representados en obras de arte de los siglos XIV y XV), básicamente perjudican el desarrollo natural del bebé, que debería empezar a andar cuando su cuerpo estuviera lo suficientemente fuerte y preparado para ello. Al fin y al cabo, es un apoyo artificial para que desarrollen una actividad para la que en principio no están listos. Una vez más, forzamos “la máquina” para que el niño crezca, para que haga cosas adelantadas a su edad.

En cualquier caso es importante conocer los riesgos de usarlo:

En primer lugar es importante saber que implican un mayor riesgo de accidentes en los niños. De repente tienen acceso a cosas peligrosas y se desplazan en muchas ocasiones sin control ni fuerza en las piernas por lo que es normal que choquen o se hagan daño.

En segundo lugar el uso del andador, tacatá o tacataca hace que el bebé adquiera una postura antinatural, lo cual altera su desarrollo motriz. Se desplazan con las piernas aún arqueadas, con la espalda forzada y sin “poner en marcha” los músculos que necesitarían desarrollar precisamente para andar. Muchas veces incluso se mueven de puntillas. Todo ello perjudica su desarrollo natural. Además, les crea una sensación de equilibrio falsa y artificial. El equilibrio se va “ganando” con la práctica, la prueba... y poco a poco. Si tienes un soporte constante que te da sensación de estabilidad este equilibrio necesario no se va a desarrollar cuando debería. Todo esto unido a que les resulta más fácil andar con ayuda del andador que intentarlo por sí mismos implica que pierden motivación para aprender a andar solos y puede que luego les cueste más.

Para el niño es divertido, no hay que negarlo, sobretodo algunos con juguetes y música incorporados. Desde mi punto de vista es excesivo prohibirlos como ha ocurrido en países como Canadá. Pero sí creo que debería limitarse su uso al propio de un juguete, no un medio para aprender a andar y siempre evitando abusar de su uso. Que no sustituya los esfuerzos que niño o bebé debe hacer por sí mismo y sobretodo... poco a poco. No en vano, hoy en día la mayor parte de especialistas como fisioterapuetas, pediatras y piscomotricistas (entre otros) desaconjan su uso.

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