Coronavirus

El coronavirus pone en jaque al sistema de trasplantes español

Las donaciones de médula ósea deben llegar a su destino en menos de dos días y suelen hacerlo en avión

El Sector Málaga de Trasplantes alcanza los 176 donantes en 2019 con un total de 200 implantes de órganos
El coronavirus ha reducido drásticamente el número de trasplantes en España JUNTA DE ANDALUCÍA

La crisis sanitaria y el consiguiente estado de alarma generados por el coronavirus han puesto en jaque a la sanidad española, focalizada ahora en atender y gestionar el aluvión de pacientes que saturan sus instalaciones y recursos debido al Covid-19, por lo que en todos los hospitales se ha reducido cualquier otra actividad o procedimiento que no sea urgente.

Eso mismo es lo que está sucediendo estos días con las trasplantes, los cuales, en la medida de la posible, se están aplazado sine die. Sin embargo, hay algunos de extrema urgencia que es imposible retrasar porque de ellos depende la vida del paciente, y en estos casos ha sido necesario ingeniar nuevos mecanismos para garantizar que el órgano o producto a trasplantar llegue a su destino el día deseado.

Este es el caso de los trasplantes de médula, concretamente de aquellos en los que paciente debe recurrir a la donación de una persona compatible inscrita en cualquiera de los registros de donantes de todo el mundo, al no poder recibir un autotrasplante ni contar entre sus familiares con alguien compatible. Al año es España se realizan en torno a 400 o 500 trasplantes de estas características y aunque, tal y como apunta Jorge Gayoso, médico de la Organización Nacional del Trasplante (ONT) y responsable el Plan Nacional de Médula Ósea y Sangre de Cordón Umbilical, “es una parte pequeña respecto al número de trasplantes de médula que se realizan al año, que ronda los 3.400, son los más complicados, porque el donante puede ser de cualquier lugar del mundo”.

Logística

Por ello, es clave una buena y eficiente organización logística y de transporte del producto, que debería llegar a su destino en 24 horas, máximo 48 horas, lo cual a día de hoy se ha complicado sobre manera debido a la crisis del coronavirus. Por un lado, normalmente el transporte lo lleva a cabo una persona conocida como courier, que bien forma parte del hospital desde donde parte el producto o de una empresa especializada, que recoge las células en fresco y las traslada hasta el hospital del paciente a trasplantar. Y ahí es donde surge el primer problema en lo que se refiere al transporte: a día de hoy, el courier no quiere ni debe siquiera salir del aeropuerto de destino para evitar un posible contagio y tener que permanecer en cuarentena a la vuelta a su país de origen. Es por ello que, desde el pasado 16 de marzo, la ONT y el Registro de Donantes de Médula Ósea, que gestiona la Fundación Josep Carreras, han puesto en marcha un operativo especial para que las donaciones de médula ósea salgan y entren de España con la máxima seguridad y garantías de calidad y sin que el courier tenga que abandonar la terminal aeroportuaria. “El courier entrega ahora el producto a los profesionales sanitarios del hospital en el que se encuentra el paciente en los puestos de la Guardia Civil que hay en todos los aeropuertos”, explica Gayoso, impulso del operativo, quien señala que “para ello es imprescindible mantener informada a la Guardia Civil de todos los productos que van a llegar y salir del país”, lo cual tampoco es tarea fácil.

Vuelos cancelados

Y es que el otro gran escollo que está siendo necesario solventar estos días para garantizar el traslado de productos para trasplantes desde cualquier punto del planeta es “la gran cantidad de vuelos que se han cancelado y que se cancelan a diario”. “Lo ideal es realizar el traslado en 24 horas, 48 como máximo, ya que las células madre de médula ósea o la sangre periférica se obtienen y se trasladan en fresco, pero las combinaciones de trasportes hoy en día y las cancelación de última hora lo complican”, explica Gayoso. Es por ello que “se anticipan los viajes para tener margen y además se planifican dos alternativas de vuelo por si acaso algo falla, cuando lo habitual es planificar solo una”. A modo de ejemplo, Gayoso recuerda que “recientemente se ha logrado completar con éxito un transporte desde Honolulu, donde estaba el donante, hasta Barcelona, con escala en Los Ángeles, Nueva York y Londres. Fue un viaje en vuelos comerciales que duró 36 horas, pero todo salió bien, no hubo ningún contratiempo”, recuerda para a continuación indicar que “sin embargo, ayer “en un transporte de Oporto a Barcelona, tras un escala en Ámsterdam, se canceló el vuelo y entonces hubo que recurrir a una ruta alternativa, que incluía Londres y Madrid y desde allí el transporte en coche hasta Barcelona”. En definitiva, “algo que antes era una cosa rutinaria para nosotros, se ha convertido en un procedimiento en el que hay que poner mucho detalle y atención y estar en todo momento pendiente ante posibles cambios para actualizar operativos a la mayor brevedad posible”.

Todas estas dificultades a nivel de transporte también tienen implicaciones en el ámbito médico y es que si bien habitualmente antes del trasplante se prepara al paciente con unas sesiones de quimioterapia para poder llevarlo a cabo, “ahora no se empieza ese tratamiento hasta que las células han llegado, momento en el que éstas se congelan para poder trasplantarlas una semana después, cuando el paciente ya ha recibido la quimioterapia y está preparado para ello”. " Es una manera de asegurarse de que las células estarán a tiempo”.

A ello hay que añadir que, cuando el producto a trasplantar procede de Alemania o Estados Unidos, el plazo de tiempo que es necesario congelarlo hasta llevar a cabo el trasplante se alarga hasta las dos semanas, ya que tal y como apunta Enric Carreras, director del Registro de Donante de Médula Ósea, “estos países no hacen de forma sistemática la prueba del coronavirus a sus donantes, alegando que no está demostrado que se pueda producir contagio a través de la sangre, de manera que hemos de esperar unos 15 días hasta que podemos confirmar que esa persona no tiene síntomas de la enfermedad”. Y hay que tener en cuenta que ambos países están entre los que cuentan tienen un mayor número de donantes. “Sin embargo, en España hacemos la prueba a todos nuestros donantes y además descartamos aquellos que han estados expuestos al virus, como al personal sanitario”, añade Carreras.

Reducción de donaciones

Pese a todo ello, desde el pasado 13 de marzo hasta ahora, se han llevado a cabo veinte obtenciones de productos de médula ósea en España, cuando en el mismo período del año pasado la cifra fue de 32, y se completaron nueve donaciones, por las 17 del 2019. En cualquier caso, por estas fechas y con el coronavirus aún muy presente, solo se trasplanta a quien lo necesita de urgencia. Y aunque las cifras siguen siendo similares a las del año anterior, lo que está claro es que en la actualidad solo se lleva a cabo un trasplante de médula ósea de estas características cuando sea realmente imprescindible y siempre tras haber realizado “una evaluación de los riesgos que entraña este procedimiento para el paciente”, indica Gayoso, ya que como él mismo recuerda “tras el trasplante pasa por una periodo de inmunodepresión” y con el coronavirus al acecho eso es un riesgo añadido. “Un enfermo con leucemia aguda de alto riesgo y controlado en ese momento concreto con quimioterapia no tiene dos meses de espera”, cita a modo de ejemplo Gayoso para a continuación indicar que “todo depende del control transitorio de la enfermedad”,

Testimonios

I.G., de 23 años, es una de esas pacientes a quien en ningún caso convenía posponer el trasplante. El pasado mes de diciembre le diagnosticaron una leucemia mieloide aguda y, tras dos ciclos de quimioterapia, uno de inducción y el otro de consolidación, el 17 de marzo, en pleno estado de alarma, ingresaba en un hospital madrileño para, una semana y media después, someterse a un trasplante de cordón dual, es decir que por un lado recibió células madre de cordón umbilical de un donante y, por el otro, leucocitos de su novio.

“Yo no tenía claro si iban a poder hacerme el trasplante pero es verdad que tampoco podían retrasarlo demasiado porque después de la quimio de consolidación no pueden exceder más del mes y medio hasta el trasplante ya que si no tendrían que volverme a poner la misma quimio otra vez”, cuenta I.G., quien asegura que en el momento del ingreso vivió el que para ella fue el primer efecto visible del estado de alarma y la pandemia en su proceso de trasplante. “Llegué con mi madre y mi novio, pero nos dijeron que tenía que entrar yo sola a la habitación, que no podían haber ni visitas ni acompañantes, así que ellos entraron a despedirse y se fueron”, recuerda I.G., quien entonces temió “tener que pasar un mes y medio muy duro y sola”. “Hay tener en cuenta que la quimio previa al trasplante es muy dura, muy fuerte, y yo estaba fatal, necesitaba ayuda constantemente” explica esta joven madrileña para a continuación señalar que “afortunadamente al final dejaron que mi madre se encerrara conmigo en la habitación”. Sin embargo, I. G. no puede recibir visitas de familiares ni amigos, ni siquiera de su novio, y esa es quizá la circunstancia que le ha afectado más directamente por lo que se refiere al estado de alarma y la crisis sanitaria, aunque admite que “en la plata de hematología hay mucho menos personal de lo habitual y hay escasez de mascarillas y guantes, que precisamente en esta planta son muy importantes”, pero pese a todo “el personal sanitario se deja la piel para que estemos muy bien atendidos”, asegura I.G., quien ahora está a la espera de recuperar los niveles de defensas para poder volver a casa, momento en el que sus médicos ya le ha aconsejado “ante todo mucha higiene y que no salga de casa hasta al menos 15 días después del momento en el que se levante el estado de alarma”. “Solo saldré para venir al hospital y para ello ya me han dado una mascarilla especial”.

En cualquier caso, las medidas de prevención del contagio para I.G. no son ninguna novedad, puesto que por su enfermedad ha tenido que tener siempre mucha precaución, “Yo tengo un máster en cuarentenas”, bromea e indica que “todas las medidas de higiene y protección ya las llevaba yo antes de todo esto porque no podía ni coger un constipado”. “En eso no voy a notar ninguna diferencia”, sentencia la joven, quien ante todo señala que cualquier esfuerzo que su situación requiera, incluso el sufrimiento que le está causando tanto la quimio como el trasplante “vale la pena”. “La gente ha de tener claro que donar salva vidas”