La orgía del millón de dólares y una botella de refrescos

El actor Fatty Arbuckle protagonizó el primer gran escándalo sexual de la historia del cine

Al hablar del cine cómico mudo rápidamente nos vienen a la memoria nombres hoy míticos como los de Charles Chaplin o Buster Keaton. Pero hubo en ese tiempo un actor que se convirtió en la estrella más grande de su tiempo, alguien que era sinónimo de risa por su fisonomía, por su forma de soportar un tartazo y de burlarse de sí mismo. Su verdadero nombre era Roscoe Conkling Arbuckle, pero fue más conocido por su nombre de Fatty Arbuckle. Su legado, además de un puñado de películas, arrastra el hecho de ser el protagonista del primer gran escándalo que se vivió en Hollywood y que acabó con la vida de una persona.

Todo el mundo quería a Fatty. Todo el mundo quería divertirse con él. No había nadie mejor que él para pasar un buen rato y olvidarse de los problemas que uno tenía en casa. Los primeros grandes estudios empezaron a disputarse esa máquina de hacer dinero y comenzaron a pujar de él, como si se tratara de un cuadro de un maestro antiguo en una sala de subastas en manos del mejor postor. Buena prueba de ello es que en 1914, Paramount Pictures se atrevió a ofrecerle una oferta insuperable: 1.000 dólares por día de rodaje y el 20 por ciento de las ganancias. Cuatro años más tarde era evidente que Fatty era un verdadero fenómeno de masas y los espectadores querían disfrutar de más películas con él como protagonista. Eso hizo que se mejorara el contrato de una manera espectacular: un contrato de tres años por el que ganaría tres millones de dólares. Fatty nos iba a alegrar a todos con sus bromas, pero también estaba destinado a ser un cómico muy rico. Al fin y al cabo se lo había ganado. Fundó su propia compañía que finalmente pasó a su querido amigo Buster Keaton para aceptar la muy interesante propuesta de Paramount. ¿Cómo rechazar tres millones de dólares?

En 1921, Fatty decidió tomarse un descanso. Se lo merecía. Había trabajado mucho y su cuenta corriente estaba exultante. Lo mejor era alejarse unos días de Hollywood, pero no de sus vicios privados por lo que decidió llevarse a un par de amigos, compañeros de armas del celuloide, para organizar la madre de todas las orgías en San Francisco, lejos de la prensa. Al fin y al cabo ganaba un millón de dólares al año, podía permitirse celebrar ese hito con una de esas juergas que hacen que te salgan amigos por todas partes deseosos de ser invitados. Fatty, además, había superado unos problemas de salud, nada que preocuparse. El corazón parecía que iba a fallar por su sobrepeso, pero finalmente no ocurrió nada. Recientemente también había tenido un pequeño accidente en el set de rodaje que le había provocado quemaduras de segundo grado en los glúteos, pero aquello ya era historia. Otro motivo para irse a San Francisco.

El 5 de septiembre de 1921, la fiesta había acabado. Fatty había alquilado tres grandes suites del Westin St Francis y a ellas habían acudido algunas mujeres. Hubo comida y bebidas hasta que el cuerpo aguantara. Pero en la habitación 1.219 de la planta 12 una de las invitadas se retorcía de dolor en la cama. Se llamaba Virginia Rappe y quería ser actriz. Tenía treinta años y se estaba buscando un hueco en la industria, aunque sin suerte. Había logrado compartir escenas con Rudolph Valentino, el galán del momento, pero en la sala de montaje habían sido suprimidas todas sus apariciones.

El médico decidió que había que llevarse a Viginia al hospital y allí estuvo ingresada durante cuatro días, luchando entre la vida y la muerte. La causa del fallecimiento fue por una rotura de las trompas de falopio, complicada por la acumulación de pus en las trompas por gonorrea . Los diarios de la época explicaban que la joven sufría de cistitis crónica. ¿Fue todo un accidente? ¿Fruto de la mala suerte? Llegados a este punto, las cosas se complicaron.

La fiesta, la orgía del millón de dólares, había acabado con una persona muerta. Así que la policía decidió abrir su propia investigación y la prensa también. Fatty se convirtió en el objetivo de todos gracias al testimonio controvertido y falso de un estrafalario personaje llamado Bambina Maude Delmont. Pese a los distorsiones, los rumores y las explicaciones a medias, todos parecen estar de acuerdo que en algún momento de la fiesta, Virginia y Fatty se fueron a una de las habitaciones para estar solos, lejos de la vista de los otros invitados. También se coincide en el hecho de que se escucharon los gritos de dolor de Virginia que yacía en la cama de suite con la ropa rasgada. Fatty explicó que había encontrado a la invitada en el suelo del cuarto de baño casi inconsciente por culpa del mucho alcohol bebido. Él trato de ayudarla.

Bambina Maude Delmont vio en todo esto la oportunidad de su vida y empezó a explicar a todo aquel que la quería escuchar que Fatty la violó y que usó los métodos más pervertidos para satisfacer su ganas de orgía. Bambina llegó a exponer que el actor había empleado una botella de refrescos que habría rasgado a Virginia, lo que habría desembocado en la peritonitis que mató a la muchacha. Pero el dato era radicalmente falso. Hacía unos pocos días que había conocida a la triste protagonista de esta historia y se apuntó a la fiesta en el hotel sin haber sido invitada. La señora Delmont, en el momento de los hechos, era conocida por ser una chantajista profesional y la policía la había denunciado hasta en medio centenar de ocasiones por extorsión, bigamia, fraude y crimen organizado.

En realidad, la denunciante no pudo ver nada. En el momento en el que Fatty y sus amigos llamaban a un médico para que atendiera a la pobre Virginia, Bambina Maude Delmont estaba en otra habitación desmayada después de haber bebido todo lo que encontró pasando de una suite a otra sin que nadie la hiciera caso. Pese a todo, los policías de San Francisco se creyeron su historia y Fatty fue arrestado y acusado de homicidio. Los diarios del empresario William Randolph Hearst -el impulsor de las primeras “fake news”- se encargaron de alimentar la máquina y condenar a tan inmoral personaje para que no volviera a salir en ninguna otra película.

El juez vio que todo se había exagerado y consideró que Fatty había cometido un “homicidio involuntario”. Hubo un total de tres juicios y fue en el último donde el jurado dictaminó que “la absolución no es suficiente para Arbuckle. Se ha cometido una gran injusticia con este hombre”. Pese a la sentencia, el público siguió pensando que era culpable y durante años no lo ayudó nadie, con la excepción de su fiel amigo Buster Keaton. Las facturas judiciales y el estar sin trabajo lo llevó a la ruina. La rehabilitación no le llegó hasta 1933 cuando por fin pudo firmar un contrato con el que volver a ponerse delante de las cámaras. Murió esa misma noche a los 46 años.